NOTA DE PRENSA

Nota: Un anacronismo involuntario
Autor de la nota: José Di Marco
Medio: Revista Vuelo Digital
Fecha: 08/03/2014
Libro: LA MUERTE BAJA EN EL ASCENSOR
Autor del libro: María Angélica Bosco
Extracto:

Dirigida por Ricardo Piglia, la Serie del Recienvenido impulsa la reedición de novelas y cuentos de autores argentinos que fueron publicados en el siglo XX. Se presupone que las obras seleccionadas entablan un diálogo fecundo con el presente y que ese vínculo las vuelve contemporáneas. En este caso, un "recienvenido" (término que remite a la poética de Macedonio Fernández) no sería un texto que irrumpe súbito, huérfano e insular, sino, más bien, el producto de una lectura selectiva, de una particular apropiación del pasado y la tradición literaria. Así, lo contemporáneo de un texto radicaría menos en un estilo o una configuración formal que en una manera de inscribir su propuesta artística en el seno de la actualidad.

La muerte baja en el ascensor se editó por primera vez en 1955 en El Séptimo Círculo, la colección emblemática que dirigieron Borges y Bioy Casares para Emecé, y obtuvo, ese mismo año, el Premio de Novela otorgado por el mencionado sello editorial. Su autora, María Angélica Bosco (Buenos Aires, 1909-2006), desempeñó un papel destacado en el campo literario argentino de la primera mitad del siglo XX: escribió varios libros de ficción, tradujo del francés y el italiano, fue secretaria de la SADE, presidió el Fondo Nacional de las Artes y condujo el ciclo radial "Radiografía de un best seller".
Esta novela responde, con eficacia y delicadeza notorias, a las convenciones de lo que se denomina el "policial de enigma". ¿Quién, cómo y porqué asesinó a Frida Eidinger? es el misterio que dispara la historia y empuja la investigación que conduce el inspector Ericourt, un cerebro provisto de una capacidad deductiva implacable, y al que secunda Blasi, un detective ingenuo, entusiasta y pudoroso. Es interesante leer La muerte baja en ascensor haciendo foco en la disparidad de este dúo: Ericourt, curtido y escéptico, guía y alecciona a su joven ayudante. Se da una transmisión de la experiencia que completa y enriquece al conocimiento teórico. Confrontando con la crudeza de los hechos, de la mano de su mentor, Blasi aprende lo que no enseñan los libros con que estudió.
Según la ley del género, que Bosco domeña a la perfección, la trama compulsa dos inteligencias parejas, la del criminal y la del investigador. Es un duelo sigiloso y milimétrico. Si en la pulcritud del crimen subyace un trasfondo de pasiones bajas, la pesquisa avanza sobre la base de inferencias certeras que reducen el azar prácticamente a cero. La muerte baja en el ascensor narra un proceso de descubrimiento que va de las apariencias a lo verdadero. En ese transcurso demoledor, lo que parecía un suicidio resulta ser un asesinato y todos los implicados tienen un secreto pérfido que ocultar. Bosco delinea con precisión magistral un elenco de personajes dotándolos de una complejidad psicológica inusitada. Cada uno de ellos es un compendio de vicios y flaquezas. Hay un culpable pleno, sí, pero nadie es completamente inocente, dictamina esta novela.
"Los hechos hacen la investigación por su cuenta", le dice a Blasi Ericourt. Tal aserto pone al desnudo una concepción de la verdad que recorre subterráneamente La muerte baja en ascensor y la adscribe, sin hesitaciones, a la lógica férrea del género. La resolución del enigma entraña no sólo el triunfo de la razón deductiva –que el inspector encarna con ejemplaridad. Significa, también, la restauración de un orden que el crimen había descalabrado. La novela policial viene a compensar imaginariamente las fracturas sociales afirmando el carácter anómalo del homicidio. La violencia consiste en una transgresión y no en el sustento mismo de la ley. Por eso no existe el crimen perfecto.
La historia que se narra en La muerte baja en el ascensor ocurre en Buenos Aires a mediados de la década del ´50 en un ambiente urbano de clase media. Sus personajes son europeos emigrados de la posguerra o descendientes de españoles que usan el "tú" en la conversación cotidiana. Cuando el peronismo declinaba, en el umbral de la arremetida cívico- militar que lo derrocó, Bosco escribía una novela de factura impecable cuyo lenguaje ha envejecido. Este anacronismo involuntario nos habla de lo que cierta literatura fue, para nuestra sociedad, en el contexto político de una época de disputas enérgicas y fracturas que perduran todavía. Una evasión lúdica, solvente y prolija. Un artificio pudorosamente ajeno a las vísperas de la tragedia.