NOTA DE PRENSA

Nota: Hacer ciencia, hacer patria
Autor de la nota: Stella Maris Brunetto
Medio: La Capital - Rosario
Fecha: 02/05/2010
Libro: LA CIENCIA DE MAYO
Autor del libro: Miguel de Asúa
Extracto:

En el año del Bicentenario se imponen reflexiones sobre estos dos siglos que nos separan de aquellos días de paraguas y cabildos, de escarapelas repartidas bajo la supuesta llovizna y de reuniones secretas en la jabonería de Vieytes. Libros, comentarios, notas, programas de televisión y fascículos se multiplican para que cada uno tome la porción de historia y su exégesis que mejor le cuadre.
La mayoría de los tópicos que se despliegan están relacionados con lo político y lo social en un intento de explicar y entender las condiciones en que esa discutida Revolución que hoy celebramos se produjo en aquella aldea pobre y sencilla. Con La Ciencia de Mayo, Miguel de Asúa, doctor en medicina y explorador de la historia de la ciencia, aporta el ingrediente necesario para completar otras visiones de la época colonial en el período que va de 1800 a 1820 con un rigor y una solvencia que capta el interés de los lectores ya desde el mismo índice.
En una cuidada selección de tópicos, el autor hace lugar a ese mundo de ciencia primitiva que, sin embargo, era explorada con dedicación y seriedad por personajes que alternaron, muchas veces, su curiosidad académica con la actuación política. Y decimos que esta obra completa el panorama porque permite conocer cómo la ciencia y su estudio resolvían necesidades prácticas que derivarían en impactos sociales y políticos.
Reconocimiento de especies que podían aprovecharse, cartas oceanográficas útiles para la navegación, instrumentos de medida, cálculos y operaciones matemáticas necesarias para el comercio y la primitiva industria, entre las más sobresalientes, fueron los principales objetos de estudio.
Asúa nos presenta a un Belgrano creador de la Escuela de Matemática que, competidora de otra creada por el clérigo Larrañaga, da cuenta de la importancia que se le daba a esa disciplina para muchas profesiones y oficios. Y junto a las creaciones de esas y otras instituciones como bibliotecas públicas, museos de ciencias naturales, aparecen curiosidades como los gabinetes privados de física y astronomía que luego pasaron a la esfera pública, la descripción de instrumentos usados en la demarcación del Tratado de Límites de 1777 y la fabricación de productos químicos, la pólvora, entre otros.
En un universo nuevo con especies desconocidas era inevitable la aparición de naturalistas y exploradores, nativos y extranjeros, que anticiparon con sus estudios la formación de academias y centros de educación superior que florecerían unas décadas más tarde.
Cada capítulo del libro se cierra con una conclusión a modo de síntesis y comentario de lo desarrollado que puede ampliarse, como el resto del texto, con la bibliografía consultada por el autor que se incluye al final. Texto abarcador de un tema apasionante para los entendidos y fuente de datos insoslayable al momento de integrar las disciplinas científicas en el universo de los lejanos días de 1810, la lectura de La Ciencia de Mayo es altamente recomendable; de ella se podrán derivar nuevas exploraciones.