NOTA DE PRENSA

Nota: "Sin los científicos, lo que hoy es la Argentina ni siquiera habría existido"
Autor de la nota: Fabián Bosoer
Medio: Diario Clarín
Fecha: 06/06/2010
Libro: LA CIENCIA DE MAYO
Autor del libro: Miguel de Asúa
Extracto:

Nuestro país tiene la historia científica más importante del mundo de habla hispana. Desde la Revolución de Mayo hasta las Universidades e institutos del siglo XX, la ciencia estuvo cerca de la política.

La actividad científica no empezó en el siglo XX en nuestro país ni se consagró recién con Leloir o Milstein. Ya en el siglo XIX, las matemáticas, la botánica, la geografía y la historia natural participaron, a sabiendas o no, del proceso de formación de nuestra nación. Es más, algunos de los más destacados políticos, como Belgrano, Rivadavia y Sarmiento, fueron introductores y promotores de la investigación científica básica y aplicada. Es un aspecto que se olvida debido a la distancia entre políticos y científicos, un fenómeno más contemporáneo.
Esta dimensión de nuestra historia es la que rescata Miguel de Asúa, autor de La ciencia de Mayo. La cultura científica en el Río de la Plata del 1800 (Fondo de Cultura Económica). Él es doctor en Medicina (UBA) y en Historia por la Universidad de Notre Dame (EE. UU.), miembro del CONICET y profesor titular de Historia de la Ciencia del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la Universidad de San Martín. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y del comité editorial de la revista Ciencia Hoy y autor de varios libros.

- ¿Se puede decir que la ciencia argentina "nació con la patria"?

- Se puede decir que ya antes de la Revolución, en los tiempos de la última década virreinal en el Río de la Plata, había una cultura científica más o menos establecida. Las reformas de los Borbones, en la segunda mitad del siglo XVII, habían traído una inyección de ideas francesas sobre la ciencia, la técnica y la modernización, no solamente de la administración y de la economía, sino también del ejército y la marina. Se crean y reforman muchas instituciones en España, fundamentalmente academias militares y navales, y escuelas de medicina. Convivían estos centros vinculados a lo que se da en llamar la "militarización de la ciencia", junto a las universidades más tradicionales o escolásticas. Esta situación se reproduce en el virreinato del Río de la Plata; tenemos en Córdoba la universidad tradicional, y en Buenos Aires dos núcleos modernizadores principales: la Escuela de Medicina del Protomedicato, creada por O'Gorman, y la Academia de Náutica, una iniciativa de Belgrano. Esta militarización de la ciencia promueve cambios que influirán en la etapa revolucionaria.

- ¿En qué consistió este cambio revolucionario desde el punto de vista científico?

- En primer lugar, estas instituciones cambiaron de signo, pasaron a estar al servicio de la lucha por la independencia. Vista desde los españoles, no era más que una continuación de la reforma borbónica. Vista desde el Río de la Plata, la reforma pone a estos institutos al servicio de lo que sería el progresivo desarrollo del nuevo país. Dentro de su visión del libre comercio, Belgrano crea la Academia de Náutica y promueve la Academia de Matemáticas, una especie de politécnico. Estas academias tenían como función principal formar a los pilotos y oficiales de la marina mercante. Por otro lado, en el Protomedicato donde O'Gorman abre una escuela de medicina y donde enseñan Argerich y Fabre, la demanda era de cirujanos militares. Después de 1813, de hecho, la Escuela de Medicina se transforma en el Instituto Médico Militar, con un régimen totalmente militar. De hecho, todos los estudiantes tenían uniforme, el director era el cirujano mayor del ejército y se regía por un reglamento militar.

- ¿Todo lo que era la formación científico-profesional debía estar al servicio de los ejércitos patriotas?

- Sí, pero hay que tener en cuenta que esto es lo que pasa en Buenos Aires, que lleva la delantera. Mientras tanto, en el resto del territorio encontramos a Córdoba, donde funcionaba desde hace muchos años una Universidad prestigiosa, y el Dean Funes impulsa otras importantes reformas. En los años '20 del 1800, encontramos una "primavera de la ciencia" de la que Rivadavia es un catalizador importante: se crean la Universidad de Buenos Aires, el departamento de Ciencias Exactas, el Museo de Historia Natural. Pero será Córdoba el lugar que décadas más tarde elige Sarmiento para instalar el Observatorio y la Academia de Ciencias. O sea que la ciencia moderna que llega a la Argentina traída por Sarmiento entra por Córdoba.

- ¿Cuáles eran en aquellos primeros tiempos las ciencias "de punta"?

- La botánica, por ejemplo, era en ese momento un conocimiento estratégico; casi prácticamente como la física nuclear o la biología molecular en la actualidad. Por dos razones: primero, por el conocimiento sobre los alimentos; pero, además, del reino vegetal provenían todos los materiales con que se amoblaba la existencia, al no haber todavía materiales sintéticos. Es el siglo de las grandes expediciones y dominios coloniales y empieza a ser muy importante transportar plantas y árboles para estudiarlas y aprovecharlas. Alrededor de estas expediciones y actividades se tejía la política y el espionaje. Esto hacía que hubiera historias rocambolescas, de personas que hacían cosas increíbles para tratar de conseguir algún nuevo conocimiento.

- ¿Por ejemplo?

- Acá llegó en 1816, después de la Independencia, Amado Bonpland, el compañero de Humboldt en el gran viaje que éste hizo por las tres Américas. Bonpland termina en el Río de la Plata, con la idea de hacer un jardín de aclimatación. De hecho, trajo una enorme cantidad de plantas, muchas de las cuales perecieron o se perdieron en el viaje, e hizo aquí varios descubrimientos, novedosos en su época. Fue un personaje de novela.

- ¿Es la escuela de los naturalistas?

- Los naturalistas son otro mundo. El más importante de todos fue el clérigo oriental Dámaso Larrañaga, que fue vicedirector de la Biblioteca Nacional, representante de la Banda Oriental en la Asamblea del año 13, estuvo con Artigas y fue un patriota uruguayo. Pero Larrañaga fue además un importante botánico y el introductor de la botánica de Linneo en el Río de la Plata. Estos tipos funcionaban de la misma manera, tenían lo que se llama "gabinetes de curiosidad", o cabinets de curiosité, pequeños museos privados de objetos de historia natural, culturas exóticas, cosas raras. Estos personajes que estaban activamente intercambiando especímenes, dibujos e información, y tratando de armar algo que tuviera que ver con la historia natural, son fundamentales como promotores de la actividad científica.

- ¿De qué manera contribuyeron esos científicos a la construcción del Estado nacional?

- En realidad, sin la ciencia no habría existido lo que fue y es hoy la Argentina, pero la actividad científica va a acompañar la construcción del Estado nacional más tardíamente. Aparece muy claro después, en "las instituciones científicas de Roca", con las Campañas al Desierto del '80. La comisión científica de la Campaña al Desierto de Roca está formada por cuatro de los sabios alemanes de la Academia de Ciencias de Córdoba; los dos más importantes son Pablo Lorentz y Adolfo Doering. En el famoso cuadro de Juan Manuel Blanes, inclusive, donde están todos en Río Negro, aparecen representados estos cuatro científicos. En ese momento se crean varias instituciones: la Oficina Topográfica que funciona en el Instituto Topográfico Militar, la Oficina de Hidrografía de la Comandancia de Marina, de la cual nació el Servicio de Hidrografía Naval, y el Observatorio de Marina. Estas instituciones tienen que ver con la modernización del Ejército, por un lado, pero por otro, con un conocimiento científico del territorio y de la ocupación y expansión de la frontera. Es el ejemplo más claro de confluencia entre el conocimiento geográfico y la construcción del Estado.

- ¿Qué rasgos se definen en la cultura científica de nuestro país a partir de estas trayectorias?

- Hay un rasgo, que podemos definir como "protocosmopolita", porque acá la ciencia siempre tuvo una actitud abierta al mundo y situada en la cultura universal. Interviene gente de muchos lugares y orígenes: españoles en primer lugar, criollos por supuesto, ingleses, franceses. Esto contribuye a que se genere algo propio de las situaciones de periferia, que es el desarrollo de estrategias que permitan habilitar procedimientos, y generación y reproducción de saberes, con recursos propios, en una especie de astucia para valerse con escasos recursos. Eso lo da la situación de extrema periferia que vivíamos en ese momento, pero que después es una especie de tono que se va a reproducir en el siglo XX.

- ¿Allí radicaría uno de los secretos de los logros de la ciencia argentina en el siglo pasado?

- La Argentina tiene la historia científica más importante del mundo de habla hispana, España incluida. En el Siglo XX, eso quedó clarísimo. Para ponerlo en términos cuantitativos, acá tuvimos dos Premios Nobel y medio de ciencia (a Milstein considerémoslo como "medio Premio Nobel", porque está compartido con Gran Bretaña). En España tuvieron uno y medio, porque fue Cajal a principios del siglo XX, y después Ochoa; pero Ochoa se fue muy jovencito a Nueva York con la Guerra Civil. Es una tradición que tenemos y que deberíamos reconocer, mantener y renovar...