NOTA DE PRENSA

Nota: Una movilización no es el caos
Autor de la nota: Fabián Bosoer
Medio: Clarín - Revista Ñ
Fecha: 19/04/2008
Libro: HEGEMONÍA Y ESTRATEGIA SOCIALISTA
Autor del libro: Ernesto Laclau y Chantal Mouffe
Extracto:

Filósofo político, Laclau dice que una confrontación populista sin ningún anclaje institucional es una receta para el desastre. En la Argentina, esa tensión está en equilibrio.

El filósofo político, autor de La razón populista, analiza la recepción que tuvieron sus obras y la vigencia de sus planteos fundamentales. Dice que los procesos políticos en curso en América latina se aproximan a su propuesta de "democracia radicales y plurales".

- El intento de comprender los fenómenos populares de masas desde un pensamiento de izquierda recorre toda su obra. ¿Cómo ve en retrospectiva la recepción política que tuvieron sus reflexiones teóricas?

- Mi primer libro fue publicado en 1977, pero mi pensamiento teórico se fue conformando en los años 60. El problema fundamental era cómo entender al peronismo y la cuestión era que una posición estrictamente marxista y clasista no podía dar cuenta del fenómeno de masas que caracterizaba al peronismo. Desde el punto de vista teórico, lo que fue decisivo para mí es el contacto con dos pensadores en particular: Gramsci y Althusser. De Gramsci obtuve la categoría de hegemonía, y todo un conjunto de categorías como bloque histórico, voluntad colectiva, etc., que permitían ir más allá de la estricta noción de lucha de clases. Ahí se podía ver que hay todo un mundo de elementos heterogéneos que se fundía en identidades populares que iban más allá de las clases.

- ¿Quiénes eran los interlocutores de esas reflexiones?

- Iban dirigidas al giro que las clases medias, y especialmente el movimiento estudiantil, estaban experimentando en la Argentina. En estos años se da el fenómeno de lo que se llamó la "nacionalización de las clases medias", que se refería al proceso de transformación de los sectores sociales, que habían sido históricamente liberales y antiperonistas, y que en los años 60 comienzan a moverse en una dirección nacional y popular de carácter peronista. Yo me sentía parte de todo ese proceso y ahí es donde estaban mis interlocutores fundamentales.

- ¿Cómo influye en su pensamiento el exilio en Europa?

- Yo me fui a Europa en 1969, pensando que sería sólo por tres años. Pero luego ya no podía volver, y cuando acabó el Proceso, en el 83, ya había pasado demasiado tiempo. Cuando llegué a Europa, la ola de mayo del 68 estaba muy viva y había actores heterodoxos desde lo que hubiera sido una concepción marxista tradicional. Entré en contacto con toda la tradición post estructuralista: el psicoanálisis lacaniano, la deconstrucción al estilo de Derrida, de quien fui muy amigo, y, finalmente, el universo semiótico del segundo Barthes.

- ¿Cuál es el elemento disruptivo que introdujo su reflexión teórica en ese contexto?

- En Hegemonía y estrategia socialista, lo que hicimos (con Chantal Mouffe) fue presentar el surgimiento de la categoría de hegemonía, como una categoría que irrumpe el marxismo clásico y, a la vez, lo prolonga en una dirección nueva. Se analiza cómo se va reconstruyendo la tradición marxista, la crisis a fines del siglo XIX, en la Segunda Internacional; el leninismo y sus contradicciones, el gramscismo y, finalmente, se presenta a los nuevos movimientos sociales como diversificando todo el campo de la conflictualidad social. O sea que iba en contra de los fetiches más establecidos del marxismo tradicional. Ese libro de 1985, hizo su trayectoria y fue una de las obras que más influyó en la revisión de la tradición socialista.

- ¿De qué manera se enlaza este análisis con el de La razón populista?

- La razón populista está escrita unos años después, pero creo que hay una continuidad temática. El centro de toda nuestra reflexión en Hegemonía y estrategia socialista es la categoría de antagonismo social. Lo que tratamos de mostrar es que las formas clásicas de considerar los antagonismos sociales eran inadecuadas. Los antagonismos sociales no son relaciones objetivas, sino que son relaciones en las que se muestra el límite de toda objetividad. Entre los dos polos del antagonismo social no hay una relación objetiva, los dos polos no pueden ser reducidos a un patrón común.

- ¿Cómo explica lo positivo de una política populista?

- Si uno quiere que el espectro político se mueva en una dirección progresista, tiene que poner juntas una cantidad de demandas que de otra manera estarían dispersas. Siempre hay la posibilidad de que las demandas sean absorbidas diferencialmente (la lógica de la diferencia), o la posibilidad de que constituyan al pueblo como actor colectivo. Un institucionalismo extremo lleva al anquilosamiento del sistema político, porque eso significa que no hay movilización. Por supuesto que una confrontación populista sin ningún anclaje institucional es una receta para el desastre. En esta tensión, creo que la Argentina está manteniendo un buen equilibrio entre los dos lados de esta ecuación. Hay movilización de masas en el país y, por otro lado, hay cierta fijeza institucional. Lo que pasa es que a cualquier tipo de movilización, la derecha va a presentarla como un equivalente al caos. En una sociedad puede haber movilización y eso puede ser compatible con la solidez de las instituciones.