NOTA DE PRENSA

Nota: Los nuevos alumnos de Maquiavelo
Autor de la nota: Fabián Bosoer
Medio: Clarín
Fecha: 21/11/2009
Libro: EL ASCENSO DEL PRÍNCIPE DEMOCRÁTICO
Autor del libro: Sergio Fabbrini
Extracto:

Así como la década del 90 nos dejó liderazgos anómalos pero prolongados como los de Yeltsin, Menem o Fujimori, la primera década de este siglo será estudiada también por las características de ciertos líderes que definen, desde su propia excentricidad y con sus notorias diferencias, otra clase de anomalías prolongadas. Década contra década, habrá que colocar en este último registro a Vladimir Putin, Néstor Kirchner y Hugo Chávez.
La cuestión está cifrada en una frase de Max Weber de un notable poder heurístico: "La pregunta es ¿qué clase de hombre debe ser aquel a quien se le permite meter la mano en los engranajes de la historia?"
El politólogo italiano Sergio Fabbrini responde a la cuestión en su reciente libro El ascenso del Príncipe democrático (Fondo de Cultura Económica), de muy recomendable lectura para quienes buscan desentrañar las condiciones que favorecen y explican este tipo de liderazgos. Y las que podrían explicar cómo salir de ellos, eludiendo el remanido recurso de atribuirles las causas de nuestras venturas y desventuras.
Un camino de indagación, bastante trillado por cierto, es observar a estos líderes como los responsables de desvíos y distorsiones, por exceso de personalismo, concentración de poder y pretensiones de permanencia más allá de los límites impuestos por los marcos constitucionales. Otro camino es observarlos como emergentes de un sistema político, en este caso el presidencialismo concentrado, que favorece su ascenso e incentiva sus rasgos personales. Fabbrini se ocupa sobre todo de los Príncipes-presidentes de las democracias de países centrales -Bush, Blair, Berlusconi- pero su análisis aporta elementos interesantes para entender a los aprendices de Maquiavelo en las democracias emergentes o periféricas.
El argumento es el mismo: las democracias contemporáneas necesitan líderes que sepan "meter la mano en los engranajes de la historia". Pero se necesita conseguir también que lo hagan para mejorar su funcionamiento y no para destruirlos. Conclusión: la fuerza del líder, y de su Ejecutivo, debe encontrar su correlato en la fuerza de las instituciones que deben controlarla. Parece un buen foco para la Argentina pos-10 de diciembre.