NOTA DE PRENSA

Nota: La autobiografía de un indiscreto
Autor de la nota: Eduardo Ainbinder
Medio: Clarín - Revista Ñ
Fecha: 24/01/2009
Libro: LA ESTATUA DE SAL
Autor del libro: Salvador Novo
Extracto:

Salvador Novo (1904-1974) perteneció a esa brillante generación de poetas, prosistas y dramaturgos que a principios de la década del veinte del siglo pasado renovaron, ampliaron y, sobre todo, diversificaron la cultura mexicana. Uno de los retratos más exactos de todos ellos fue el que hizo en los años treinta el crítico Jorge Cuesta: "Es maravilloso cómo Pellicer decepciona a nuestro folclore, (...) cómo Xavier Villarrutia decepciona a nuestra literatura, (...) como José Gorostiza se decepciona a sí mismo". Dentro de este esquema, Novo ocupó el lugar del que "decepciona a nuestras costumbres".
La estatua de sal, su breve autobiografía de infancia y adolescencia, o "libro de memorias sexuales" como las definió el escritor Carlos Monsiváis en el prólogo, fue publicado por primera vez recién veinticinco años después de la muerte de Novo. Este dato podría engañar y darle a estas memorias un tono de tardías revelaciones sobre oscuros y obscenos secretos. Nada más lejos: los facsímiles de los manuscritos de su plan de obra dicen que Salvador Novo tuvo la intención no sólo de publicarlas en vida, sino, además, pocos años después de 1945, fecha en la que fueron interrumpidas. Quizá esto no fue así por la imposibilidad de encontrar un editor que en su momento se animara a publicar un texto de una temperatura hasta entonces desconocida en México.
En la primera página del libro el autor cuenta cómo el niño Novo les comunicaba a las visitas poco gratas que frecuentaban su casa las murmuraciones de las que eran objeto, o les revelaba los motes que les ponían en casa. De las indiscreciones sobre la vida de los otros, el autor pasa a la indiscreción sobre la propia vida y unas páginas después cuenta un episodio con un profesor: "Una tarde se decidió a acariciarme, y llevó su mano a mi bragueta. Con cautela, me preguntó cómo se llamaba aquello. Yo le respondí que el ano; porque ese era el nombre que mi madre me había enseñado a darle al pene..."
Pero como si la indiscreción sobre la propia vida no fuera suficiente, Novo pasa sin escalas a la provocación: "Me encantaba emprender excursiones (por el pueblo) entre la oscuridad de la tarde, calzando los zapatos de mi madre, como si desafiara a la gente a descubrir que los llevaba..."
En septiembre de este año, en la columna "Palabras cruzadas" de esta revista, se daba a conocer una anécdota sobre Manuel Mujica Lainez, en una Feria del Libro de los años 80: al descubrir que una periodista intentaba transcribir sus diálogos con el público, le preguntó a ella con absoluto desdén "¿Con tu prosa?". La estatua de sal es la temprana y valiente toma de conciencia de Salvador Novo de que ninguna prosa mejor que la suya podía relatar la experiencia fundamental de su vida: su homosexualidad, y describir su infancia en un oscuro pueblo de provincia, su iniciación sexual, el descubrimiento y la explotación de la ciudad de México, el acceso al gueto gay de los años veinte: ese "reino increíble, disperso, nocturno, vergonzante o descarado", sus primeros contactos con escritores -en el que destaca su relación conflictiva en relación con Xavier Villaurrutia-, el México convulsionado por una revolución que hizo del machismo un culto y cuyo correlato fue la persecución y el encarcelamiento de los gay y cuando no, el linchamiento moral. Para enfrentarlo su estrategia no fue disimular su condición de homosexual, sino mostrarla tal cual era, hasta sobreactuarla y volver esta condición contra sí mismo mediante la agudeza verbal: "Lo que me digan yo ya lo dije pero con la elegancia, la ironía y la malicia que ustedes desconocen".
Esta edición de La estatua de sal incluye, además, diecinueve sonetos del autor, una muestra que la dimensión satírica, irónica y festiva de Novo no se restringió a un solo género.