NOTA DE PRENSA

Nota: "Google podría ser un Big Brother capaz de saber todo sobre sus usuarios"
Autor de la nota: Patricio Lennard
Medio: Revista Para Ti
Fecha: 16/05/2008
Libro: GOOGLÉAME
Autor del libro: Barbara Cassin
Extracto:

Desde el momento en que alguien le dijo que la conocía a través de Google, esta filósofa francesa se dedicó a investigar con obsesión el origen y los alcances de este motor de búsqueda cuyo tamaño y relevancia lo han llevado a confundirse con la propia Internet. Vino a la Argentina a presentar su libro Googléame, en el que analiza el fenómeno y advierte sobre algunas "contraindicaciones": monopolio económico, la intimidad de los usuarios amenazada, y sobredosis de información versus conocimiento real.

Son dos los motivos, que ella dice anecdóticos, los que llevaron a Barbara Cassin, filósofa y filóloga francesa especializada en la Grecia antigua, a interesarse por saber cómo funciona ese colosal motor de búsqueda que muchos confunden con la Internet misma y que se llama Google. "Estaba en un auto, iba a un velatorio, a la casa de unos amigos, y en el auto había una persona a la que no conocía, y que en un momento me dijo: 'Yo a usted la conozco, puse su nombre en Google'". Un comentario que a Cassin le resultó curioso y que la incitó, de regreso en su casa, a googlearse a sí misma para saber qué era lo que esa persona podía haber averiguado.
El otro motivo, asegura Cassin, es bastante más serio. "En 2005, durante un coloquio en la Feria del Libro de Tesalónica, en Grecia, tuve ocasión de escuchar al representante de Google Europa hablar de los dos lemas que tiene la compañía: 'Nuestra misión es organizar toda la información del mundo' y 'No sean malos'. Y esas dos voces de mando me hicieron reaccionar, porque me parecieron peligrosas". Eso llevó a Cassin a preguntarse qué es lo que estaba haciendo cada vez que tecleaba en Google. Y a emprender una investigación sobre los alcances políticos, económicos y culturales de ese imperio de la información a escala planetaria, cuyos resultados pueden leerse en su libro Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos (Fondo de Cultura Económica). En él Cassin pasa revista a la mítica y extraordinaria historia de la invención de Google por dos estudiantes de doctorado de la Universidad de Stansford, desde su inicio hasta su estruendosa entrada en la Bolsa, en 2004, pero también desmenuza qué ha hecho de Google el buscador más eficiente y poderoso de la Red, y cuáles son los riesgos de tamaño poderío. "En los últimos años, Google ha diversificado sus actividades. De motor de búsqueda ha pasado a ser también un productor de servicios como Gmail (que permite almacenar gratuitamente más de 6 gigabytes de correo electrónico), Google Desktop (una aplicación que ayuda a encontrar todo lo que uno tiene en la computadora), Blogger (un programa para crear blogs), GoogleEarth (una herramienta que provee imágenes de la Tierra en todos sus puntos), etc. Es claro que su influjo ha crecido increíblemente, y esto ha hecho que Google hoy esté cerca de una situación de monopolio". No en vano Cassin aclara más de una vez, a lo largo del libro, que Google no es Internet, más allá de que el primero funcione como un revelador de la segunda. "La forma que tiene Google de organizar la información es parcial. Y la función de búsqueda se da en términos de una trama diseñada a partir de palabras clave, que en muchos casos son vendidas pues garantizan la aparición de un producto determinado en el margen derecho de la pantalla de quien busca esa palabra", explica Cassin.
De hecho, el 99 % del negocio de Google está basado en la publicidad. Un negocio que recientemente hizo que Microsoft ofertara 44.600 millones de dólares por Yahoo!, una de las marcas más populares de Internet, con el fin de darle batalla al poderoso Google en el terreno de la publicidad on line, que el año pasado generó ventas por 40.000 millones de dólares. "Google conoce mucho a cada uno de sus usuarios, porque tiene registro del flujo de clics que cada uno produce, deposita cookies en las computadoras, lee los mails que se envían, procesa la información que hay en cada máquina y hasta trabaja con teléfonos portátiles. Toda esa información, que a Google le permite tener perfilado a cada uno de sus usuarios y deslizar publicidades relacionadas con palabras que aparecen en un mail, por ejemplo, está preservada en principio por un acta de confidencialidad, que es un acuerdo tácito entre Google y el usuario que, no obstante, puede ser modificado en cualquier momento".
Esto constituye para Cassin una denegación de las garantías, debida en parte al hecho de que Google es una firma norteamericana y está obligada, por ende, a someterse a las condiciones de la Patriot Act, una ley que establece que toda información en poder de una empresa debe ser transmitida al gobierno de los Estados Unidos si éste así lo pide. "De ahí procede el temor de que Google podría ser un Big Brother capaz de saber todo sobre sus usuarios si quiere. Sin contar que la cuestión de la confidencialidad también se relaciona con lo que ellos llaman 'fines comerciales legítimos'". El ingreso de Google en el mercado chino, el cual vino de la mano de una sonada censura, impuesta como prerrequisito por el gobierno, y que la empresa aceptó considerando que se trataba de un negocio que comprende en ese país nada menos que a 120 millones de internautas, es para Cassin un claro ejemplo. "Los fines comerciales legítimos de Google, tal como lo demuestra la manera en que la empresa aceptó plegarse a la censura en China, ya no entran bajo la cobertura de su lema 'No seas malo'. No se tiene acceso a las mismas informaciones vía Google a partir de Nueva York que a partir de Pekín, y eso la empresa lo ha consentido". Algo que está en franca contradicción con los principios democráticos que defiende Google. "Uno puede plantearse una serie de preguntas acerca de lo que verdaderamente significan esos principios, si se considera el caso de China. Pero lo que está claro es que el objetivo final no es la democracia sino los fines comerciales".

Almacén de conocimiento

Que el subtítulo del libro de Cassin sea La segunda misión de los Estados Unidos es, cuanto menos, provocativo. Y si bien la autora no duda un segundo en reconocer la calidad de Google como herramienta de búsqueda, tampoco lo que hace al momento de denunciar cómo éste refuerza, a su entender, la hegemonía estadounidense. "Ya se trate de la hegemonía en el plano económico o en el plano ideológico, si yo llamo a Google 'La segunda misión de los Estados Unidos' es porque lleva adelante una misión de política universal que sirve como pantalla para una misión económica", detalla Cassin. Y va aún más lejos: "Salvando las distancias, así como en la guerra de Irak, con el pretexto de combatir el mal, hay intereses económicos que tienen que ver con el petróleo, en el caso de Google, su guerra contra los 'malos' buscadores que sesgan los resultados por dinero y no separan la publicidad de las búsquedas de los usuarios, encubre también una motivación económica. No me parece bien desplegar intereses económicos y comerciales en término de lo que a todas luces pretende pasar por una misión de civilización".
Por eso también a Cassin le inquieta que el propósito de Google sea organizar toda la información del mundo, pues allí ve asomarse cierta desmesura que bien puede acarrear más de un malentendido. "Habría que esperar, en principio, que no haya confusión entre lo que es organización de la información y misión democrática. Que no se tome una cosa por otra. Y Google invita a una confusión de ese tipo. La democracia que propone Google no es una democracia política. Y la cultura que propone Google como una acumulación de información formateada a partir de palabras no es una verdadera democracia cultural", sentencia la filósofa.
En este sentido, Cassin advierte sobre lo inexacto que es hacer equivaler las nociones de información, conocimiento y cultura. Algo que Google confundiría deliberadamente toda vez que la cultura sea considerada en los términos de información bien organizada. "No es novedad que el exceso de información, desde el advenimiento de Internet, es un problema. Y para dejarlo en claro, qué mejor que una frase conocida: 'Mucha información mata la información'. Nadie ignora, pues, lo difícil que muchas veces es encontrar la información correcta en una masa de información semejante. Algo que suele venir de la mano de cierta tendencia a hacer entrar demasiadas cosas bajo la categoría de 'información'".
Una frase de la filósofa Hannah Arendt le sirve a Cassin para ilustrar el asunto: "Puede ser tan útil, tan legítimo mirar un cuadro con el objeto de perfeccionar el conocimiento que uno tiene sobre un período determinado de la historia del arte, como útil y legítimo utilizar una pintura para tapar un agujero en la pared". De ahí que Cassin considere que de los usos de la información en gran medida depende el valor que ésta pueda tener, en la medida en que la información no constituye en sí misma una fuente de conocimiento. "Hoy existe la costumbre de leer libros a través de palabras clave, buscando con la computadora la frase o el párrafo que va a dar respuesta a lo que uno quiere saber o necesita. Y eso, además de que no proporciona una visión integral del libro que se lee, es un ejemplo de cómo el uso de la información no involucra necesariamente la acumulación de conocimiento. Hoy muchos tienden a confundir el interés general con la cultura. Y Google está teniendo un cierto protagonismo en ello".