NOTA DE PRENSA

Nota: Una curiosa mirada exterior
Autor de la nota: María Sonia Cristoff
Medio: La Nación - Revista ADN
Fecha: 05/01/2008
Libro: HACIA LA REVOLUCIÓN
Autor del libro: Autores varios / Sylvia Saítta
Extracto:

Dos libros, uno que recopila escritos de Manuel Mujica Lainez y otro que recoge textos de intelectuales que recorrieron países revolucionarios, muestran cómo se reactualizó el género de la crónica durante el siglo XX.

Casi diez años después de que Albert Camus hizo un viaje por América del Sur -en el que el acoso de los otros, la irritación y la fiebre constante no lograron menguar su fe en que de esta porción del continente podría surgir la nueva cultura que enfrentaría la "bestialidad mecánica" de las dos grandes potencias que protagonizaron la Guerra fría-, Fidel Castro preparaba la revolución en medio de la Sierra Maestra y entrenaba a sus hombres "con un libro de Camus bajo el brazo sudado".
Este detalle, a partir del cual podría pensarse cuánto menos obvias de lo que se piensa suelen ser las lecturas precursoras, lo cuenta Jorge Ricardo Masetti en la crónica que escribió de su primer viaje a Cuba, en 1958. El pasaje, en el cual el periodista relata su viaje clandestino para entrevistar a los líderes de una revolución que entonces le planteaba muchas dudas, forma parte del volumen Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda. En él Sylvia Saítta reúne textos de trece escritores, intelectuales, militantes y periodistas argentinos que viajaron a lugares donde, a lo largo del siglo XX, se concretaron utopías revolucionarias: la Unión Soviética, China y Cuba. Son esos tres topónimos, más que las épocas o los nombres de autor, los que organizan las secciones en que se divide el libro. Esta decisión, sostiene Saítta en el prólogo, está sustentada en el hecho de que "en ciertos períodos de la historia del siglo XX, la revolución, además de ser un hecho político, social o cultural, se convierte en un lugar determinado en el mapa... se espacializa...".
Y al hacerlo provoca, entre muchas otras cosas, curiosidad intelectual, un rasgo que está presente en todos los relatos incluidos aquí y que, según el contexto y la condición de quien narra, funciona como disparador de distintos focos y abordajes. En los textos de Bernardo Kordon, que viajó ocho veces a la China, y en el de María Rosa Oliver y Norberto Frontini, sobresalen operaciones diversas para encontrar los puntos de contacto entre América Latina y la República Popular China. En los textos de León Rudnitzky, que viajó en 1927 y escribía para el diario Crítica, y en los de Alfredo Varela, escritor y periodista que viajó entre fines de 1948 y principios del año siguiente, hay indagación y reflexión acerca del funcionamiento de la prensa en la Unión Soviética. En los textos de Elías Castelnuovo, que visitó la Unión Soviética en 1932, y en el de Leopoldo Marechal, que viajó a Cuba en 1966, puede encontrarse una mirada analítica que no descarta los chispazos de humor ni los despliegues de ironía. En el escrito de Ezequiel Martínez Estrada se ve más explícita y radicalmente lo que también se verá en la mayoría de estos autores: el pasaje desde la distancia escudriñadora a la identificación con los ideales revolucionarios.
Algo en esta sucesión de voces es capaz de reactualizar un rasgo de la crónica de viaje que en este siglo XX ya había empezado a declinar, pero que había llegado a convertirla en un género adictivo en los dos siglos previos: el del relato que describe un mundo de fácil acceso, regido por otras leyes y factible de conocerse sólo por lo que unos pocos testigos privilegiados pueden decir acerca de él. El entusiasmo y la curiosidad que derivan de ahí hacen que Hacia la revolución sea, además de interesante en múltiples líneas de análisis, un libro definitivamente atrapante. Incluso, estos relatos que también coinciden, más allá de sus diferencias, en pronosticar un futuro, hay algo que recuerda la ficción especulativa que se lee en algunas novelas de Michel Houellebecq o de Margaret Atwood, con la diferencia de que aquí, el futuro se supone promisorio.
Una de las líneas en las que puede leerse Hacia la revolución -la que rastrea el magma nunca sencillo que la conjunción de viaje, periodismo y literatura proponen a todo escritor- es la que prevalece en El arte de viajar, de Manuel Mujica Lainez, el otro libro con el cual Fondo de Cultura Económica inaugura la serie Viajeros dentro de su colección Tierra Firme. El volumen cuenta con la selección y prólogo de Alejandra Laera -responsable también de la selección de relatos del mismo autor reunidos en Los dominios de la belleza- y es la compilación más completa que existe de los escritos de viaje de Mujica Lainez: además de los incluidos en los dos volúmenes de Placeres y fatigas de los viajes, editado por Sudamericana en 1983 y en 1984, El arte de viajar contiene también una serie exhaustiva de muchas de las otras notas publicadas en el diario La Nación entre 1935 y 1977.
La gran mayoría de las crónicas tienen como escenario una Europa que va apareciendo a través de la mirada de un narrador que, a lo largo de los relatos, se va refiriendo a sí mismo como "el visitante, el periodista, el cronista, el turista, el viajero, el extranjero, el andariego, el corresponsal, el autor de estos apuntes, yo". La enumeración sirve para mostrar la diversidad de operaciones y estrategias a las que el narrador recurre frente a su doble condición de periodista y escritor y frente a materiales también diversos. Sus crónicas abarcan desde un viaje en Zeppelín hasta la arquitectura del Centro Pompidou, pasando por la amenaza del nacionalsocialismo, de la que es testigo en 1935 en la Casa Parda de Munich, el Premio Nobel que recibe Gabriela Mistral, los artilugios que hacen los ingleses para sobrevivir en la posguerra, las huellas de Shakespeare y de Proust. Aun en toda esa diversidad, como señala Alejandra Laera en un prólogo rico en hipótesis, Mujica Lainez siempre privilegia el abordaje que más aporta a, o que más coincide con, su mirada de escritor. Al hacerlo, se diferencia de las estrategias radicales de su predecesor como corresponsal de La Nación José Martí quien, ante los cuestionamientos que le hace la dirección del diario por el tono y los recursos utilizados, en 1882 contesta con una carta que explica que "...es mal mío... hacer los artículos de diario como si fueran libros". Mujica Lainez suele pelearse menos, en cambio, con los protocolos del periodismo: una opción en la que subyacen múltiples diferencias, aunque aquí la que más interesa es la que habla del contexto distinto en el que, en el siglo XX, se encuentra la relación entre periodismo y literatura, tema hoy candente al que El arte de viajar hace un aporte fundamental.