NOTA DE PRENSA

Nota: Crónicas dispares de mundos perdidos
Autor de la nota: Hernán Arias
Medio: Diario Perfil
Fecha: 06/01/2008
Libro: HACIA LA REVOLUCIÓN
Autor del libro: Autores varios / Sylvia Saítta
Extracto:

Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda reúne los testimonios de un grupo de intelectuales argentinos que durante el siglo XX viajó a los países comunistas: Rusia, China y Cuba. Las crónicas dan cuenta de sus pensamientos, impresiones y anécdotas, y definen una mirada sobre la revolución y sus logros. Elías Castelnuovo, Leopoldo Marechal, Bernardo Kordon y María Rosa Oliver son algunos de los autores. La selección pertenece a Sylvia Saítta.

Como lo señala Sylvia Saítta en el Prólogo de Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda: "A partir de la Revolución Rusa de 1917, la noción misma de revolución se espacializa", se "delimita un territorio y funda un escenario". Y, por otra parte, "las representaciones de la sociedad ideal abandonaron un imaginario tiempo futuro para convertirse en puro presente". La utopía alcanzada se vuelve así el objetivo de viajeros, intelectuales, cronistas y políticos, quienes desean ver con sus propios ojos hasta qué punto la sociedad imaginada comienza a materializarse, y también en qué medida eso es posible.
Los artículos abarcan buena parte del siglo XX -desde 1921 hasta 1974-, y gracias al minucioso trabajo de la compiladora, el libro cuenta con breves reseñas bibliográficas en las que nos enteramos dónde y cuándo fueron publicados estos testimonios, pero además sabemos cuáles fueron las repercusiones que tuvieron en nuestro país. En el caso de Rodolfo Ghioldi, por ejemplo, que antes de viajar se desempeñaba como maestro en Buenos Aires, cuando volvió de Rusia se encontró con que había sido "separado de su cargo" por resultar incompatible con sus ideas "maximalistas". O Elías Castelnuovo, a quien la Policía le allanó la casa llevándose toda la documentación del viaje, obligándolo así a redactar sus crónicas con el único auxilio de su memoria. Estos datos permiten reconstruir la atmósfera que rodeaba estas publicaciones.
Pero sin duda lo más interesante de estos textos se encuentra en la mirada con que los distintos autores recorren los diferentes escenarios. En este sentido, algunos de los testimonios -sobre todo los más tempranos, aquellos que fueron escritos al calor de las revoluciones- se pueden emparentar con ciertas obras clásicas de viajeros, como el Diario de Cristóbal Colón, por ejemplo, en el que los intereses del autor lo llevan a manipular los datos de la realidad. Pero a diferencia de lo que observamos en ese Diario, en estos testimonios no parece haber mala fe, sino simplemente una mirada distorsionada por el deseo.
Para Ghioldi, dirigente del Partido Comunista que llega a Rusia en 1921 y encuentra el entusiasmo de la revolución todavía en las calles, todo parece ser armonioso y confiable, y hasta el automóvil que lo transporta por Reval avanza "veloz y seguro". En su artículo sobre Cuba, Leopoldo Marechal, invitado junto a Julio Cortázar para formar parte del jurado del premio Casa de las Américas, resume sus impresiones anotando: "Cuba es una isla feliz". Es una constante: en estos viajeros predomina una mirada optimista e indulgente. Y esto puede verse con claridad, tal vez mejor que en ningún otro de los tópicos sobre los que escriben, en el modo en que se toman los rigurosos controles a los que son sometidos al momento de cruzar las fronteras.
Dicho sea de paso, sorprende notar que los requisitos para ser admitido en los Estados comunistas no diferían demasiado de las actuales disposiciones de los países más ricos de la Comunidad Europea, de Inglaterra o de los Estados Unidos. Elías Castelnuovo señala que en la aduana de Kovno "no se establece ninguna diferencia entre una valija y una persona", y agrega, después de estar demorado varias horas en la oficina de una dependencia policial, que en "Lituania se les examinan hasta las medias a las mujeres". Sin embargo, estas medias nunca despiertan un juicio negativo, sino que son tomadas como un "mal necesario" frente a la amenaza enemiga.
Una de las crónicas que evita caer en el tópico de la frontera es la de Bernardo Kordon sobre Beijing y Shanghai. Y es uno de los textos más interesantes del libro. Con recursos narrativos propios de la ficción, Kordon parece estar más preocupado por recrear el clima de los lugares que recorre, las situaciones en las que se encuentra involucrado y las conversaciones que mantiene con ciertos personajes, que por constatar los adelantos de la China comunista. A diferencia de lo que ocurre con varios de los textos reunidos en Hacia la revolución, los escritos de Kordon no pretenden convencer sino simplemente mostrar, y ponen en un segundo plano las disquisiciones ideológicas. Recorriendo el mercado Tong An, escribe: "Como ocurre muchas veces conmigo, son los sentidos, y no las reflexiones, lo que ponen paz en mi alma. Comienzo a sentir a Beijing como una fiesta, una dulce fiesta íntima, muy intensa, pero también sin excesos".
Como lo señala Saítta, el surgimiento de nuevos escenarios políticos determinó la aparición de nuevas formas de registrar lo que allí sucedía: "Así como el viaje a Rusia inaugura una nueva forma de viajar, inaugura también un nuevo modo de narrar la experiencia del viaje". Y si bien nos queda la impresión de que estos viajeros hablan de mundos perdidos, hoy sus relatos resultan sumamente atractivos como testimonios de época, pero además como ejemplos de la compleja relación que mantienen el periodismo y los intelectuales con el poder político.