NOTA DE PRENSA

Nota: Una idea en el pedestal
Autor de la nota: Pablo Esteban Rodríguez
Medio: La Nación - Revista ADN
Fecha: 13/10/2007
Libro: NACIMIENTO DE LA BIOPOLÍTICA
Autor del libro: Michel Foucault
Extracto:

"¿Ustedes pueden explicar el peronismo con la biopolítica?". La intempestiva pregunta de Judith Revel instaló de pronto un verdadero problema. Revel, una de las más importantes intérpretes de la obra del filósofo francés Michel Foucault, estaba en Buenos Aires hace unos meses brindando un curso de doctorado y varias conferencias, y fue en una reunión pequeña donde expresó su sorpresa. Esta sorpresa puede interpretarse de varios modos. Por un lado, la pregunta, provocativa, apuntaba a tratar de entender hasta dónde puede ensancharse este concepto que Foucault desplegó en la década del 70. Por el otro, se trataba también de sopesar qué interpretación regional, situada en su contexto y no referida siempre a procesos universales, podía soportar tal noción. En definitiva, la pregunta de Revel se hace eco de una polémica que comienza a establecerse alrededor de esta cuestión luego de que las obras de los italianos Toni Negri, Roberto Esposito, Giorgio Agamben, Paolo Virno o Maurizio Lazzarato, entre muchos otros, elevaran la biopolítica a un pedestal mayor en la interpretación de los procesos políticos contemporáneos, ya sea para rechazarla, ensalzarla o modificarla.
Así es que llega la traducción de Nacimiento de la biopolítica, el curso que Foucault dictó en el Collège de France entre 1978 y 1979, para sumar al debate un peso pesado que estuvo en la formulación original del problema. En él, a través de doce densas clases Foucault, paradójicamente, nos muestra que la noción de biopolítica ya no le sirve más, que el nacimiento de la biopolítica coincide con su acta de defunción. El término sólo aparece siete veces en 400 páginas. Hacia la mitad del curso, Foucault se sincera con su auditorio y explica las razones por las cuales habla de lo que no pensaba hablar y deja de hablar de lo que tenía pensado. Hasta 1976, explica, la biopolítica se refería a la racionalización de "los problemas planteados a la práctica gubernamental por los fenómenos propios de un conjunto de seres vivos constituidos como población: salud, higiene, natalidad, longevidad, razas", y venía a completar el análisis anterior en su obra en términos de "anatomopolítica", esto es, de las operaciones puntuales sobre cada cuerpo individual en las sociedades disciplinarias.
Foucault observa que esos problemas tienen una motivación, una procedencia: la necesidad de gobernar a los demás de manera tal que el gobierno sea cada vez más invisible, económico y eficaz, para todos y cada uno. Aquí nace lo que Foucault llama la "gubernamentalidad", y que resuena cada vez que los cientistas políticos hablan de "crisis de gobernabilidad". Nacimiento de la biopolítica está en el medio de una transformación del pensamiento foucaultiano que se inició con Seguridad, territorio y población (ya publicado por el Fondo de Cultura Económica en castellano) y que seguiría con Acerca del gobierno de los seres vivos (aún no traducido), hasta desembocar en su supuesta "vuelta al mundo grecorromano" con El uso de los placeres y El cuidado de sí. En todos estos cursos Foucault lanza puntas que no desarrollará, y no es casualidad que se trate del período en el que no escribió libro alguno.
Es preciso anotar cuáles son esas puntas que despliega. En primer lugar, Foucault analiza con detenimiento el ascenso "ideológico" del neoliberalismo en Europa y Estados Unidos como forma de resolver en la teoría la crisis de gubernamentalidad que atraviesa el capitalismo a lo largo del siglo XX. Pocas veces Foucault tocó tan de cerca la actualidad: en 1979, el neoliberalismo de Reagan y Thatcher estaba por venir, mientras América del sur era el experimento de este cambio global bajo diversas dictaduras cuyo carácter biopolítico se mostraba obsceno, un experimento que encontrará su confirmación en la década del 90. Foucault desmonta las nociones de hombre, economía y sociedad que luego serán corrientes y descubre, entre otras cosas, teorías como las del "capital humano" con el que muchos autores se llenan hoy la boca. En segundo lugar, ahonda en lo que presentaba en Seguridad, territorio, población como la estrategia del liberalismo de basar la gubernamentalidad en el equilibrio entre libertad y seguridad. El pensador francés demuestra de qué modo libertad y seguridad son hechos fabricados para lograr el gobierno de todos en cada uno y de cada uno en todos y cómo el juego entre ambos términos organiza crisis recurrentes. Es difícil no ver en este análisis una clave de interpretación de la realidad política argentina, por ejemplo.
Si se vuelve por un instante sobre la definición misma de biopolítica, esa política que tiene como blanco central a la vida, haciéndola ingresar en un conjunto de tácticas y estrategias por dentro y fuera de las instituciones conocidas (Estado, mercado, etc.), tanto las antiguas definiciones dadas por Foucault como su transformación en Nacimiento de la biopolítica encuentran un sentido. Con los cambios operados hoy en día en la biología y en la medicina, los análisis en términos de población ("salud, higiene, natalidad, longevidad, razas") y de medicalización que Foucault situó en el siglo XIX y parte del siglo XX merecen ser actualizados. Con la tensión entre libertad y seguridad, que se halla en el seno de lo que entendemos por vida, y su extensión a la cuestión del gobierno de sí y de los demás, se abre todo un campo de reflexión y acción que abandona la definición meramente biológica de vida; quizás allí se explique el malestar de Foucault con su propia criatura.
Ambos vectores se oponen tanto como se complementan, y quizá sea desde ellos como se pueda realizar un balance crítico de todo lo que se ha dicho hasta hoy acerca de la teoría de la biopolítica. Cuando se infla demasiado un concepto, es necesario volver a preguntarse a qué estaba respondiendo.

 

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