NOTA DE PRENSA

Nota: "Como los jugadores, los buenos escritores argentinos se van a Europa"
Autor de la nota: Eduardo Pogoriles
Medio: Clarín
Fecha: 27/11/2006
Libro: EDITORES Y POLÍTICAS EDITORIALES EN ARGENTINA, 1880-2010
Autor del libro: José Luis de Diego
Extracto:

José Luis de Diego, de la Universidad de La Plata, dirigió un trabajo necesario. Se trata del más completo panorama sobre los vaivenes editoriales del país.

El sociólogo Pierre Bourdieu decía que el libro tiene una doble cara -es "una mercadería y es un significado"- del mismo modo que el editor es un personaje doble, alguien que "debe saber conciliar el arte y el dinero, el amor a la literatura y la búsqueda del beneficio". En los hecho, la relativa autonomía de la industria editorial está condicionada por los cambios en la situación política y por las leyes del mercado. Con todo esto en mente, un grupo de investigadores de la Universidad de La Plata encabezados por José Luis de Diego trazó un panorama de los vaivenes de esta industria durante los últimos 120 años en 'Editores y políticas editoriales en Argentina, 1880-2000'.
Aunque hay otras anteriores sobre el tema -con autores como jorge Rivera, Leandro de Sagastizábal y Domingo Buonocore, entre otros-, éste es el primer análisis global que se hace desde la década de 1970. Con este libro, publicado por el Fondo de Cultura Económica, se caen algunos mitos. Es el caso de la "época de oro" de 1938 a 1955: se demuestra que en realidad se apoyaba en autores universales, no argentinos.
También es ambiguo el momento del "boom" de autores latinoamericanos y argentinos entre 1956 y 1975 -García Márquez lanzó mundialmente 'Cien años de soledad' en Buenos Aires en 1967- porque, paradójicamente, coincide en el tiempo con la pérdida del mercado internacional y el irresistible ascenso de la industria española.
"El desafío era combinar los indicadores económicos de la industria editorial con las políticas editoriales. Ver su efecto en la decisión de ciertos libros, la consolidación de tendencias de lectura y la canonización de ciertos autores. Así comprobamos que hay ciclos históricos", dice José Luis de Diego. En estos ciclos, dice, "se puede rastrear la conexión entre los hechos literarios, económicos y políticos. Por caso, a fines del siglo XIX es decisivo el apoyo del Estado a la alfabetización masiva, eso influye en la ampliación del público lector y permite la consolidación de nuevos autores y editores. En la década de 1960 será decisivo el rol de las editoriales como Eudeba y el Centro Editor de América Latina, porque apuestan a nuevos públicos vendiendo sus libros en quioscos. Es evidente que la dictadura militar de 1976 con sus secuelas de persecución, exilio, censuras y sucesivas crisis económicas prolongadas hasta la década de 1980, acabaron con nuestros editores. No se recuperaron más. La globalización de los años 90 hizo el resto".
Cada ciclo histórico fue enfocado por un investigador del equipo. Sergio Pastormelo se ocupó del período 1880-1899, con el surgimiento del mercado editorial. Margarita Merbilháa cuenta la organización del espacio editorial entre los años 1900-1919. Verónica Delgado y Fabio Espósito hablan del nacimiento del editor moderno, desde 1920 a 1937. José Luis de Diego cuenta la "época de oro" de 1938-1955 y la crisis que va desde 1976 a 1989. Amelia Aguado relata la consolidación del mercado interno entre 1956 y 1975. Malena Botto detalla el período 1990-2000, cuando se concentra y desnacionaliza la industria, mientras Silvia Naciff se ocupa de aspectos institucionales del mundo editorial.
"No me gusta usar un tono elegíaco y decir que todo tiempo pasado fue mejor, pero es penoso ver que hoy ya no existe una industria editorial propia. Se extraña la figura del editor como difusor y animador cultural, pienso en personalidades como Arnaldo Orfila Reynal y Boris Spivacow. Con los cambios en la comercialización del libro y la aparición de grandes cadenas de librerías en la década de 1990, también está desapareciendo el oficio de librero. Como dice el estudioso mexicano Gabriel Zaid, hoy asistimos al espectáculo de demasiados libros: es cierto que los cambios tecnológicos abarataron el costo de producción, pero el problema es vender esos libros. Con la excepción de pequeñas editoriales como Adriana Hidalgo, Beatriz Viterbo y De la Flor -entre las más conocidas- hoy es raro encontrar editoriales que se sostienen en la construcción de un catálogo capaz de darles identidad y prestigio. Hoy el libro se banalizó, se editan miles de títulos pero con tiradas bajas. Finalmente, con los buenos escritores argentinos ahora ocurre lo mismo que con los futbolistas, se van a jugar a Europa."
En su opinión, los vaivenes que sufrió el mundo editorial argentino en los últimos años "se verifican casi puntualmente en el camino recorrido por los libros de Osvaldo Soriano". En la década de 1970, Soriano "publicó sus primeras obras en Corregidor -del editor argentino Manuel Pampín-, hasta que vuelve del exilio en los años 80 publicado por Bruguera. Luego pasa a Sudamericana -vendida al Grupo Bertelsmann en los años 90- hasta que su novela póstuma 'La hora sin sombra' es publicada por Norma, una editorial colombiana. Hoy sus libros se editan en Seix Barral, un sello del grupo Planeta".
José Luis de Diego cree que esta situación "obedece a las condiciones impuestas por la globalización. No es una cuestión de nacionalidades. De hecho, en España tampoco quedan muchos editores independientes, si exceptuamos a la gente de Anagrama, Tusquets y unos pocos nombres más".