NOTA DE PRENSA

Nota: Editores que son autores
Autor de la nota: Glenda Vieites
Medio: Perfil
Fecha: 05/11/2006
Libro: EDITORES Y POLÍTICAS EDITORIALES EN ARGENTINA, 1880-2010
Autor del libro: José Luis de Diego
Extracto:

Alguna vez los libros no se vendieron en grandes y lujosas superficies. Los pioneros de la democratización del libro fueron españoles como Juan Carlos Torrendell, que llegó a colocar una balanza en la puerta de su librería para vender libros por kilo. "Cuando todo el mundo criticaba a Torrendell, uno de los pocos que lo defendieron fue Borges", dice José Luis de Diego, director de la investigación que llevaron adelante varios docentes de la Universidad de La Plata, plasmada en el libro 'Editores y políticas editoriales en Argentina 1880-2000'. Y agrega: "Siempre se dijo que los grandes escritores forman lectores. Si hablamos de consolidación de autores y tendencias de lectura, algunos editores merecerían estar al lado de los grandes escritores. Boris Spivacow, Orfila Reynal y Gonzalo Losada, entre otros, son tan importantes como Borges o Arlt".
A inicios del siglo XX, los editores apostaron a la publicación de autores nacionales, nombres indiscutidos de un canon de la literatura local que ellos mismos ayudaron a construir. Así, aparecieron las obras de Alberdi, Mitre, Sarmiento, Avellaneda y el canon se trasladó a los colegios secundarios. Estas colecciones apuntaban a la construcción simbólica de una tradición cultural.

- ¿Cuál era la tendencia de lectura a principios del siglo pasado?

- Se leían autores extranjeros. Luego aparecieron los folletines románticos lacrimógenos y se empezó a advertir que la mayor parte de los lectores en realidad eran lectoras. La urbanización y la alfabetización crearon el marcado para el libro. El circuito se heredó del folletín europeo, Balzac y Dostoievski también publicaron en folletines.

- ¿Y después?

- Hasta el '38 aparecieron cuatro editoriales grandes en un término de seis meses: Losada, Espasa Calpe, Sudamericana y Emecé. Durante la Guerra Civil Española, los intelectuales emigraban y la coyuntura económica era favorable. Pero los pioneros habían venido bastante antes. A esta altura, ya había capitales fuertes detrás. Luego se consolidó en los 40 y 50, durante el peronismo y la Segunda Guerra Mundial, cuando se deterioró el mercado español. El 80 por ciento de los libros que importaba España eran argentinos. Y nuestro país exportaba el 40 % de su producción. El promedio de tirada de los libros era de 7 mil ejemplares. Hoy, un escritor consagrado tira 3 mil. Fue la época de oro de la industria, hasta los 50, y luego se inició una caída que sólo se recuperó a principios de los 70, porque los editores descubrieron el mercado interno con la explosión de la matrícula universitaria y la estabilización de la clase media.

- ¿El boom de la literatura latinoamericana formó parte de un proyecto editorial?

- Había autores de calidad y una coyuntura que permitía que el público leyera esos libros. Si uno hace el salto a los 60, aparece el público universitario con el boom de la novela y las ciencias sociales. Se publicaba antropología, psicoanálisis, sociología, crítica literaria. Había muchos libros a precios accesibles. Así aparecieron los proyectos editoriales de Paidós, Amorrortu, Siglo XXI, que fueron importantes y que crearon, otra vez, tendencias de lectura. Que 'El otoño del patriarca' haya salido con una primera edición de 100 mil ejemplares es algo impensado hoy.

- ¿Cómo fue cambiando la figura del editor?

- El eslogan de la Feria del Libro es ilusorio "Del autor al lector". En medio, hay muchas personas. Primero fue el librero de la clase patricia porteña. Algunos de esos libreros se hacen editores porque ven el negocio posible. Pero la profesionalización del editor se da junto con la del escritor, alrededor de 1915. Y ahí también empiezan a conectarse los escritores con los periodistas hasta llegar a la figura emblemática de Arlt, el escritor periodista por excelencia.

- ¿Quiénes fueron significativos para el mercado local?

- Además de Orfila Reynal o Spivacow, Santiago Rueda. Una vez escuché a Piglia decir que había que hacer la historia de Rueda, que tras ser empleado de El Ateneo fundó Editorial Rueda, en la que tradujo el 'Ulises', de Joyce; 'En busca del tiempo perdido', de Proust, y a Herman Hesse, y editó las obras completas de Freud. Era un proyecto editorial enorme. Cuando Cortázar dice que una buena parte de lo que hizo se lo debe a Reynal, es cierto. Reynal creó Eudeba con Spivacow como director, luego fundó Fondo de Cultura en México. Más tarde, Siglo XXI. Este hombre cumplió un papel central en el mercado editorial latinoamericano. Estuvo al frente de proyectos que atravesaron países.

- ¿Quién hace hoy ese trabajo?

- Hubo un proceso de concentración enorme. Con el boom leíamos lo que se publicaba en Uruguay y Chile. Hoy sólo nos leemos si nos editan los españoles. Estamos viviendo una concentración lamentable.