NOTA DE PRENSA

Nota: Piezas del relato nacional
Autor de la nota: Andrea Giunta
Medio: Clarín
Fecha: 29/06/2002
Libro: LOS PRIMEROS MODERNOS
Autor del libro: Laura Malosetti Costa
Extracto:

Contra lecturas anteriores, se analiza el arte argentino de fines de 1800 como un motor cultural.

Cuando Juan Manuel Blanes expuso la versión definitiva de su cuadro 'La fiebre amarilla', tomó decisiones importantes. En primer lugar, introdujo cambios fundamentales en relación con el boceto preliminar: en lugar del fragmento macabro que representaba a la madre muerta, con un rostro deformado por el gesto final y con su hijo todavía succionando de su pecho, la pintó serena, con su cuerpo y sus ropas cuidadosamente ordenados, con el niño en el gesto insinuado de buscar el seno de su madre. Una muerte bella, en la que las pasiones se controlaban y el mal gusto desaparecía: una muerte "civilizada". Blanes mostró este cuadro, que recordaba al público porteño episodios dolorosos y recientes, en el ámbito escenográfico del teatro Colón. Las multitudes acudieron y el cuadro fue, tanto en términos de crítica, como de público, un éxito rotundo. Una obra que no sólo fue significativa por los personajes que representó, sino también por la forma en que lo hizo y por los debates que provocó. Más que un objeto bello, un artefacto cultural.
Esta pintura es el argumento inicial en el análisis de un período que Laura Malosetti Costa revisa desde una perspectiva historiográfica crítica respecto de la historiografía existente. En 'Los primeros modernos. Arte y sociedad en Buenos Aires a fines del siglo XIX' Malosetti organiza un relato que se alza contra una lectura que sólo atienda a las formas, el estilo o la iconografía; contra aquella versión establecida de la historia del arte argentino, atenta sólo a identificar renovaciones formales (lectura que, por ejemplo, Jorge Romero Brest sostenía cuando dividía a los artistas argentinos en aquellos que "avanzaron" y los que no lo hicieron). Las metáforas del "atraso" o de la "asincronía" pierden su fuerza explicativa. Lo que su análisis nos demuestra es que estas obras no fueron sólo objetos para ser clasificados y luego valorados o devaluados de acuerdo a su sincronía o asincronía respecto de las "vanguardias" internacionales. Fueron, por el contrario, piezas activas que generaron y construyeron debates.
El análisis se concentra en un período, en un conjunto de cuadros y en algunos hombres. Abarca desde 1876, fecha en la que se organiza la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, hasta 1895, cuando Eduardo Schiaffino logra la apertura del Museo Nacional de Bellas Artes, un momento culminante en el cual todos aquellos artistas que libran sus batallas en el período precedente, tienen en sus manos la suma del poder estético de la ciudad: dirigen el Museo Nacional, enseñan, otorgan becas, asesoran coleccionistas. En estos años fueron pintados cuadros paradigmáticos para comprender el proyecto de la generación del 80. El corpus de obras analizadas se recorta a partir del impacto público que un conjunto de cuadros tuvo en Buenos Aires. "Obras bisagra", en tanto funcionaron como un nexo entre las decisiones que los artistas tomaron a partir de su formación europea y el conjunto de intereses y expectativas que marcaban el medio para el que producían. 'La sopa de los pobres' de Reinaldo Giudici, 'Le lever de la bonne' de Eduardo Sívori, 'Reposo' de Eduardo Schiaffino, 'La vuelta del malón' de Della Valle, 'Sin pan y sin trabajo' de Ernesto de la Cárcova, son cuadros paradigmáticos del arte argentino del siglo XIX en cuyas tensiones plásticas y públicas se concentra un proyecto complejo: el desarrollo y la profesionalización de la actividad artística de Buenos Aires, su elevación a actividad intelectual, la formación de un público y un mercado, la inserción del arte argentino en un circuito de valoración mundial que en esos años estaba representado tanto por el canónico Salón de París como por las exóticas Exposiciones Universales de arte e industria (en las que los cuadros se colgaban junto a las bolsas de cereales y no muy lejos de las exhibiciones "étnicas", que exhibían habitantes de distintas regiones del planeta). En estas obras puede analizarse el proyecto civilizatorio de la generación del 80. Un proyecto ideológico y político que no sólo puede leerse en los cuadros de historia, sino también en los desnudos y en los paisajes.
Desde la perspectiva propuesta en este libro, Schiaffino, Sívori o De la Cárcova, artistas que viajaron becados a Europa, que expusieron allí y luego regresaron, no fueron ciegos o desinformados respecto de las últimas conquistas del arte europeo. Fueron protagonistas deliberados que tomaron decisiones en la construcción de una escena. "Periféricos cosmopolitas" -en una luminosa denominación de Natalia Majluf-, que transportaron y difundieron determinadas tradiciones. El proyecto dominante del período, definido como "civilizatorio", importó diversos sentidos: el valor de la modernidad urbana frente al caudillismo de las guerras civiles; de los valores cristianos frente al mundo indígena; del progreso en la espiritualidad y de la alta cultura frente al mercantilismo materialista que pugnaba por dominar en la ciudad. 'La vuelta del malón', de Della Valle se inscribe en el seno de este conflicto. En el gran formato del género histórico se representa un malón de indios que, además de cabezas cortadas y los despojos de una iglesia profanada, lleva como botín a una mujer blanca, semidesnuda, desvanecida entre los brazos de un indio. El tema, tratado en la literatura ('La cautiva' de Echeverría es un ejemplo paradigmático), era central en la representación del conflicto entre civilización y barbarie.
Tanto Sívori como Schiaffino mandaron desde París cuadros que causaron escándalos. Ambos desnudos "incorrectos" para las normas que en ese entonces controlaban la representación de los cuerpos desnudos. 'Le lever de la bonne', de Eduardo Sívori perturbó el gusto al representar el despertar poco idealizable de una trabajadora poniéndose las medias. En el Petit Bordeaux de París un crítico expresaba: "Parece que es muy natural, esa muchachota de pechos caídos con su pelo en desorden, de limpieza dudosa, la camisa está ausente, no quiero saber por qué; el caso es que no gusto de estas intromisiones, por muy naturales que quieran ser, en un arte que a mi modo de ver debe dirigirse tan sólo a lo bueno y a lo bello". Los rechazos parisinos fueron seguidos por los de la crítica porteña. También fue escandalosa la recepción de 'Reposo', de Schiaffino, un cuerpo recostado de espaldas cuyo sexo no se definía con claridad, que perturbaba la identidad del género.
Estos cuerpos desnudos no fueron iconoclasias eróticas sino campos en los que se libró la batalla del arte moderno. Tal batalla también se dirimió en la representación del paisaje. La pampa planteó un problema estético. Para representar esa planicie casi desierta no se contaba con modelos europeos. Plasmarlas fue un gesto poético y patriótico, y en este terreno, Sívori fue quien asumió mayores desafíos.
Tanto las decisiones institucionales como las pinturas son interpretadas como gestos radicalmente modernos, preocupados por la transformación de lenguaje y temas y por la gestación de una escena para el arte nacional. Casi todas estas obras pueden verse en el Museo Nacional de Bellas Artes. El libro nos da aquello que el Museo no ofrece: el relato fascinante de las circunstancias que hicieron de estos cuadros piezas centrales para comprender la cultura argentina a fines del siglo XIX.

 

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