NOTA DE PRENSA

Nota: La boda y el veredicto
Autor de la nota: Luis Alberto Romero
Medio: Clarín
Fecha: 27/01/2002
Libro: DISENSO
Autor del libro: Jacques Rancière
Extracto:

La boda de Máxima con el heredero de la corona holandesa revive los horrores de la dictadura militar. El historiador Michiel Baud investigó el vínculo de Jorge Zorreguieta, el padre de la novia, con la represión y recuerda que también hubo una mayoría que consintió en silencio o ignoró voluntariamente.


La novia es Máxima, y el padre Jorge Zorreguieta, Secretario de Estado entre 1976 y 1981. 'El padre de la novia. Jorge Zorreguieta, la sociedad argentina y el régimen militar' (Fondo de Cultura Económica) no es un libro de escándalos e intimidades, sino el informe pedido por el gobierno holandés sobre su responsabilidad en la represión clandestina del Proceso, por las objeciones puestas al casamiento del príncipe heredero.
Su autor, Michiel Baud, es un prestigioso historiador que dirige el célebre Centro de Estudios Latinoamericanos de Amsterdam. Durante cuatro meses, Baud leyó la bibliografía existente, investigó en la Argentina, consultó con académicos y elaboró un texto equilibrado, de excelente factura profesional y de opinión fundada y medida. Varios capítulos son síntesis de lo conocido [...].
A eso agrega un estudio, más original, sobre la composición gremial del sector empresarial agropecuario, su relación con el gobierno y la política agropecuaria que Zorreguieta -hombre de la Sociedad Rural- ejecutó durante cinco años como Secretario de Agricultura.
Otro capítulo está dedicado a los distintos grupos -por cierto reducidos- que en el país cuestionaron la política de los militares y organizaron acciones de protesta; es amplia y novedosa la información sobre la dimensión internacional de esa acción. Por último, un capítulo reseña la actitud de los argentinos hacia el régimen militar, antes y después del conocimiento público de sus horrores; llama la atención el escaso tratamiento del fenómeno Malvinas.
Allí empiezan las preguntas interesantes y movilizadoras de Baud, preocupado por la cuestión ética, la existencia de "buenos" y "malos" y la autoridad de cada uno para juzgarlos. Se refiere, por ejemplo, a la reacción de Holanda ante las atrocidades del régimen militar argentino. Luego de valorar el fuerte movimiento en favor de los derechos humanos -muy activo en 1978, cuando el Mundial de Fútbol- destaca la actitud dubitativa del gobierno y de las empresas holandesas, reacios a alterar sus relaciones políticas y comerciales con el Estado argentino. Baud recuerda la historia, más que ambigua, del pueblo holandés durante la ocupación nazi, quienes denunciaron a Anna Frank, quienes consintieron y no se opusieron.
El libro (traducido por Beatriz Olaizola) plantea así de manera amplia, honesta y poco complaciente la difícil cuestión de las responsabilidades. En ese sentido, es cuestionador. La primera imagen, vigente en 1983, que separaba a "militares malos" y "civiles buenos" es hoy insostenible: muchos civiles participaron en el Gobierno,y muchos más consintieron, lo apoyaron en la calle, se desentendieron o ignoraron voluntariamente. La interpretación opuesta -la responsabilidad o la culpa colectiva- tampoco es satisfactoria: es bueno reflexionar acerca de los orígenes y raíces del Proceso en la cultura política argentina, pero deducir de allí que todos los argentinos fueron "colaboracionistas" parece inconducente.
En el caso de Zorreguieta, Baud concluye que colaboró activamente con el gobierno militar, no participó en la represión, pero no pudo ignorar lo que ocurría. ¿Culpable o inocente? Para Baud la cuestión no pasa por los blancos o los negros, sino por las gamas del gris; pero a la vez, por la línea que, en algún punto de la gama, separe a los responsables de los participantes, y a estos de los espectadores pasivos. También se trata de saber si la casa de quienes clasifican a sus prójimos en "buenos" o "malos" es de piedra o de cristal.