NOTA DE PRENSA

Nota: Cómo Holanda investigó al padre de Máxima
Autor de la nota: Silvia Pisani
Medio: La Nación
Fecha: 11/12/2001
Libro: DISENSO
Autor del libro: Jacques Rancière
Extracto:

El gobierno holandés sabe moverse en secreto. Durante varios meses, sólo un puñado de personas supo que el primer ministro Wim Kok investigaba en sigilo a Jorge Zorreguieta, el padre de la joven argentina que en febrero se convertirá en princesa de Orange y futura reina.
Lo conflictivo era su pasado en el gobierno militar. La duda, qué posición política adoptar ante la corona y la sociedad.
Para esa tarea se pensó en nada más que un hombre, que hiciera la investigación en solitario, en reserva y en el tiempo récord de cuatro meses. Esa persona tendría que determinar qué participación y conocimiento podía tener Zorreguieta de las desapariciones ocurridas durante el régimen militar. Y nadie tendría que saberlo.
El elegido fue el profesor Michiel Baud, un académico experto en temas de América latina. "Tuve que mentir a amigos y familiares. Mi mujer sí supo en qué estaba trabajando, pero -para evitar riesgos- no se lo dije a mis dos pequeñas hijas", confesó.
Asegura que no fue presionado y que cumplió la tarea con total libertad de movimiento y de conciencia. "Preferí no pensar mucho en las consecuencias de mi investigación", admitió.
De poco más de 170 páginas, su trabajo -que en estos días se conoce en la Argentina con el título "El padre de la novia"- sirvió de base para que el gobierno holandés decidiera no aceptar la presencia de Zorreguieta en el casamiento, que se realizará el 2 de febrero en esta ciudad.
Pese al sentido político de la decisión -se trata de una boda real que, además, será transmitida a todo el mundo-, La Haya se esforzó por atenuar el impacto en la relación formal con nuestro país.
[ ...]
Lo que sigue son los tramos salientes de una conversación grabada, de más de una hora.
-¿Habló con el primer ministro Wim Kok para aceptar el encargo?
-No, sólo hablé con él después de mis dos semanas en Buenos Aires, cuando ya tenía el informe avanzado, para darle mis impresiones iniciales. Eso fue a fines de noviembre. Le anticipé por dónde iban mis conclusiones.
-¿Hubo una investigación paralela a la suya?
-No sé, pero es posible. Yo dije que podía hacer un informe sobre la tarea pública del señor Zorreguieta enfocándome en el contexto de su trabajo, la posibilidad de que supiera de violaciones a los derechos humanos y si había tomado parte activa en eso en el período entre 1976 y 1981. Esas fueron las preguntas que se me pidieron.
- ¿Puso algún límite o condición?
-Pedí y obtuve independencia total. Y aclaré que no podía investigar la situación patrimonial de Zorreguieta. En cuatro meses y en secreto no se podía hacer todo. En septiembre del año pasado nosotros, ni tampoco ustedes, sabían mucho de él. Su papel público estaba olvidado, no se lo mencionó en los informes sobre derechos humanos.
-¿Está conforme con su investigación?
-Fue bien recibida, incluso por Zorreguieta, que la calificó de imparcial. No hubo refutaciones. Lo que lamento es que su caso opacara el resto del informe. Soy latinoamericanista. Me ilusionó la idea de que sirviera para comprender lo ocurrido en la Argentina. Y del tema de la boda se habló en modos que a mí no me agradaron, como si Holanda fuera el centro del mundo.
Después de la decisión del gobierno holandés de no dejarlo estar en el matrimonio, el tema desapareció. Es una pena, porque mi objetivo fue didáctico también. Quería que la sociedad holandesa tuviera una comprensión de la Argentina histórica y actual.
-¿Qué propuso añadir a las tres preguntas centrales?
-Una parte sobre Holanda y su pasado. Porque parece que de pronto los holandeses fuéramos perfectos, que nunca hicimos nada mal. Y creo que la revisión sobre lo sucedido en Holanda y su asociación con lo ocurrido en la Argentina es una parte interesante. En el ´81, nuestro gobierno tuvo que explicar su posición frente a lo que ocurría en la Argentina porque no todos estaban de acuerdo.
-¿Le sorprende la decisión de no permitir la presencia de Zorreguieta en la boda?
-No. Aunque como investigador me mantuve al margen de eso. Di los elementos para una decisión del gobierno, pero mientras hacía el informe no pensé mucho en las consecuencias. Cada uno tiene sus conclusiones.
-¿Y cuál es la suya?
-No tengo ninguna. No quiero entrar en eso. No es mi tema.
-¿Fue libre para escribirlo?
-Totalmente.
-Hay quienes dicen que la decisión estaba tomada de antemano.
-Eso dijo la prensa crítica. Que el veredicto ya estaba y que mi informe fue una excusa. No tengo esa impresión. Admito que no es una decisión sorprendente. Pero, la verdad, yo ignoraba lo que iba a encontrar sobre el señor Zorreguieta en la Argentina. No había nada sobre el tema.
Tampoco tengo pruebas sobre una investigación paralela, pero todo es posible. Si le sirve, yo pregunté al ministerio si podía contar con material producido por servicios secretos. Se me dijo que no había, que no se quería generar conflicto con el gobierno argentino.
-¿Entrevistó a Zorreguieta para escribir su libro?
-No pude. Era parte del secreto. Sí pedí verlo después para explicarle yo mismo el informe. Me parecía una cuestión de respeto. Y así sucedió en febrero, en Nueva York. No me refutó nada, al contrario, le pareció imparcial.
-¿Cuáles fueron sus fuentes?
-Diarios y publicaciones de la época, investigaciones y algunas entrevistas.
-¿Cuál es el resultado de su investigación?
-El señor Zorreguieta tuvo una posición alta. No podía ignorar lo que ocurría en el país. En posiciones altas, callarse es cada vez menos aceptable. Por la responsabilidad y el cargo que tenía.

 

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