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Historia de un niñito bueno. Historia de un niñito malo

Historia de un niñito bueno

Mark Twain / Ricardo Peláez (texto / ilustraciones)

Clásicos, 2005
Tapa cartoné, 19 x 28 cm, 40 pp.

$ 51,00 Comprar

 

 

 

El norteamericano Samuel Langhorne Clemens, conocido como Mark Twain, fue un popular escritor y humorista estadounidense. Dueño de un humor refinado, sus obras son monumentos de crítica social cargadas de mordacidad e ironía. Pocos ejemplos tan apropiados como Historia de un niñito bueno. Historia de un niñito malo. El libro que les presentamos hoy, lo que llamaríamos un libro muy políticamente incorrecto, casi hiperrealista, es el tipo de historias que no quisiéramos ver ni leer porque reflejan la realidad con gran maestría, como bajo una lente de aumento.

 

Historia de un niñito bueno

 

Todo comienza con Jacob Blivens un niñito bueno, muy bueno, verdaderamente bueno. Exasperantemente bueno.
Jacob es buen hijo, nunca miente, siempre hace lo que debe, jamás contesta a sus mayores y su más elevada ambición es que su imagen salga estampada en los libros de la escuela dominical. Porque la escuela dominical, a la que no falta nunca, es su mejor programa.

 

 

 

Historia de un niñito bueno

 

Por alguna razón, las cosas no son para Jacob como en los libros que él tanto quiere. Cuando alerta a un niño malo para que baje del árbol de manzanas (donde se halla, precisamente, robando fruta), todo lo que logra es que el niño malo se caiga, pero encima de él, del bueno de Jacob, que sale lastimado.

 

 

 

Historia de un niñito bueno

 

 

Si ayuda a un ciego a quien los niños molestan y tiran al suelo, el ciego en lugar de agradecer su buena acción, lo machuca a bastonazos y lo amenaza. Y cuando logra encontrar un perro hambriento, necesitado, abandonado, el can retribuye todos sus cuidados y atenciones con una feroz mordida. Jacob nunca ha visto nada igual en sus libros dominicales.

 

Historia de un niñito bueno

 

Los domingos son para rezar y para asistir al servicio, así que Jacob sale a sermonear a los niños malos que se meten en el río, a navegar a vela. No lo hubiera hecho. Su balsa se destrozó y él cayó al agua; no se ahogó pero se pescó un fuerte resfriado. Este niño siempre obtiene lo peor: otro día quiso liberar a un montón de perros que se hallaban amarrados entre sí con latas de pólvora atadas a sus colas…

Qué triste final. Qué poco se supo de Jacob. Cayeron partes de su cuerpo en cuatro pueblos cercanos. Nunca se vio un niño tan hecho pedazos. Hay que decir que su estampita luce muy bella en el libro de la escuela dominical.

 

Como no todas son tragedias, esta es también la historia de Jim, un niño malo verdaderamente. Una peste.

 

Historia de un niñito bueno

 

No tenía una sufriente madre consternada por la malicia de su hijo; nada de eso, su madre lo castigaba a diario, jamás le daba el beso de las buenas noches y pensaba que si Jim se rompía el cuello, no sería una gran pérdida.
Una vez Jim se robó de la despensa un tarro de mermelada y la devoró, lo rellenó con petróleo y lo volvió a la alacena. Nunca se sintió arrepentido ni avergonzado de engañar y robar.

 

 

Historia de un niñito bueno

 

 

Como tampoco sintió ningún remordimiento cuando robó toda la fruta del vecino, ni cuando mató a su perro con un ladrillazo cuando el animal venía en defensa de su dueño.

 

 

 

 

Historia de un niñito bueno

No tenía ningún inconveniente en robar objetos y dejar que culparan a inocentes. Como tampoco creía que hubiera ningún impedimento para navegar los domingos, el día dedicado al Señor. Podía hacerles daño a los animales, a su familia, a los viejitos o golpear a su hermanita sin sentir ni una pisca de malestar.

 

 

Historia de un niñito bueno

 

Se hizo a la mar, volvió más bravucón y mafioso que cuando partió. Se casó, formó una familia (una noche les rompió a todos la crisma con un hacha) y se convirtió en el bribón más cruel y despiadado de su región.
Así que ha logrado ser muy respetado y respetable, tiene un puesto en la Cámara Legislativa. Además, ha obtenido muchos reconocimientos…

 

 

 

Conocé las colecciones para niños y jóvenes de Fondo de Cultura Económica:

 

Hasta la próxima

Con estos versos de Aurelio Arturo, y las indescriptibles ilustraciones de Carlos Pellicer López, presentes en el libro Este verde poema, nos despedimos, hasta el próximo número:

  Este verde poema

Toda la noche
sentí que el viento hablaba,
sin palabras.

 

 

 

¡¡bravo!!

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