Estudiando con los breviarios

-Formación docente-

 

Coordinación didáctica: profesora Silvia Gojman

Distribución gratuita

 

 

 

CARLINO, Paula: Escribir, leer y aprender en la universidad.
Una introducción a la alfabetización académica
,
Buenos Aires, FCE, 2005.

 

 

 

 

¿Por qué recomendamos la lectura de este libro?

 

Escribir, leer y aprender en la universidad constituye un aporte para aquellos docentes preocupados por cómo disminuir la brecha entre las expectativas de los profesores y los resultados de los aprendizajes de los alumnos durante los primeros años en el nivel superior. La propuesta de este libro está centrada en la denominada alfabetización académica, entendiendo que la lectura y la escritura son los principales instrumentos de aprendizaje y que no se trata de habilidades generales transferibles a cualquier contexto, sino que tienen especificidades en cada campo del conocimiento. Por ello, Paula Carlino propone integrar el trabajo con la lectura y la escritura de textos en la enseñanza de las cátedras para que los estudiantes accedan a la cultura específica de cada disciplina.

 

 

 

Notas sobre la autora

 

Paula Carlino es Doctora en Psicología de la Educación, por la Universidad Autónoma de Madrid. Su tesis doctoral se refiere al desarrollo de estrategias de lectura y escritura en la alfabetización inicial. Trabajó en la Red de Formación Permanente de Profesorado del Ministerio de Educación y Ciencia, en capacitación de docentes en servicio, en España. Es investigadora del CONICET en el Instituto de Lingüística de la UBA. Fruto de la sistematización de un conjunto de publicaciones sobre su experiencia como profesora en la Cátedra de Teoría del Aprendizaje en la Universidad Nacional de San Martín, resultó este libro respondiendo a la intención de comunicar a otros su propio recorrido en la enseñanza universitaria.

 

 

 

Síntesis de la obra

 

El libro está organizado alrededor de dos preguntas centrales: ¿cómo se relaciona la escritura y la lectura con el aprendizaje? y ¿de qué modo pueden los docentes sacar provecho de estas relaciones en beneficio de la formación de los estudiantes?

A lo largo de una Introducción y cuatro capítulos, la autora desarrolla sus reflexiones y propuestas para promover el dominio de los conceptos de las asignaturas a través de propiciar la lectura y la escritura. Por otra parte, estas propuestas pedagógicas tienen, siguiendo las palabras de la autora, el objetivo de enseñar a los alumnos a aprender mejor, a comprometerse con el estudio y a confiar en sus capacidades para progresar.

 

 

 

¿A quién va dirigido?

 

Profesores y auxiliares docentes de cátedras de educación superior universitaria y no universitaria, profesores de enseñanza media de las distintas materias, especialistas en gestión curricular y en desarrollo profesional docente, estudiantes de los Institutos de Formación Docente, alumnos de los primeros años de carreras universitarias, alumnos de los últimos años de la escuela media.

 

 

 

Para acompañar la lectura

 

A largo del libro el lector encontrará un conjunto de actividades, consignas e instrumentos, basado en la idea de que ocuparse de la lectura y de la escritura es hacerse cargo, ni más ni menos, que de la enseñanza y del aprendizaje.

Esta guía está diseñada con el propósito de acompañar la lectura y la apropiación crítica y contextualizada del libro, invitando a los lectores a preguntar y examinar en cada caso acerca de las potencialidades, los usos, la implementación y la recreación de acuerdo a las propias necesidades y demandas.

 

 

Para comenzar, presentamos diversas perspectivas generales que dan cuenta de qué es la lectura y la escritura.

 

Algunos autores consideran a la lectura y a la escritura como tareas prácticas, instrumentales y verdaderas tecnologías. Para otros, leer y escribir conlleva una función epistémica, es decir, productora de conocimiento y propiciadora del propio pensamiento en el mismo acto de leer o escribir. Otro enfoque adjudica un valor subjetivante a la lectura y a la escritura, en tanto, leer y escribir supone la reconstrucción de uno mismo, el reconocerse y proyectarse. Esta perspectiva privilegia el valor de las narraciones, los relatos, las biografías.

Les proponemos distinguir en el texto de Paula Carlino, fragmentos, citas y/o ejemplos que correspondan a alguna o algunas de las perspectivas antes señaladas. Luego pueden reflexionar acerca del valor de cada una de ellas, de su complementariedad y de su relevancia de acuerdo a la oportunidad y al momento de desarrollo en una secuencia pedagógica.

 

 

Capítulo 1. La escritura en el nivel superior

 

La autora sostiene que la escritura es uno de los “métodos” para aprender y que cualquier asignatura está conformada, además de por un conjunto de conceptos, por modos específicos de pensar vinculados a formas particulares de escribir. Dichas formas deben ser enseñadas junto con los contenidos de cada materia.

 

·       Les proponemos que consideren si “preocuparse u ocuparse de la escritura y la lectura” son habilidades separadas e independientes de cada una de las disciplinas o son constitutivas del aprendizaje de temas y conceptos específicos. Para enriquecer los argumentos de este debate, sugerimos conocer las razones que la autora ofrece, por las cuales aprender los contenidos de cada materia consiste en una tarea doble: por un lado un aprendizaje discursivo y retórico, y por otro, uno conceptual (pág. 25).

·       En los apartados “La potencialidad de la escritura para incidir sobre el pensamiento” y “El desafío de usar la escritura como medio para explorar ideas” se pueden encontrar otras explicaciones y justificaciones que aportan al debate anterior (págs. 26 a 33). Pueden rastrear dichas justificaciones y relacionarlas con la perspectiva epistémica de la escritura. En particular, los invitamos a detenerse en la idea de “texto inmaduro” y en la metáfora de la “fragua” para vincularlas con el proceso de construcción de un conocimiento.

 

 

Para hacerse cargo de la escritura en cada materia, en este primer capítulo la autora propone cuatro situaciones: elaboración rotativa de síntesis de clase, tutorías para escritos grupales, preparación del examen y respuesta escrita a preguntas sobre la bibliografía (págs. 34 a 50).

 

·       ¿Qué impresiones o reflexiones les suscitó la lectura de estas cuatro situaciones? ¿Las encontró cercanas a su práctica, novedosas, útiles, interesantes?

·       De acuerdo a su propia experiencia, a los objetivos que se plantea, a su grupo de alumnos, al tiempo disponible, a las condiciones institucionales en las que se desempeña, ¿cuál o cuáles de estas propuestas le resultan viables, posibles de realizar? ¿Qué adaptaciones o modificaciones haría de acuerdo a esas condiciones?

 

 

Capítulo 2: La lectura en el nivel superior

 

La autora nos habla de la lectura como fundante del conocimiento, del aprendizaje de cualquier materia y de la posibilidad de tomar contacto con la producción académica de una disciplina. De la misma manera que con la escritura, esta idea colabora con la función epistémica de la lectura.

 

·       En relación al vínculo entre lectura y conocimiento, invitamos a discutir acerca de una idea muy polémica que la autora postula: “La lectura que realizan los estudiantes nace huérfana” (pág. 68).

·       ¿Qué piensa usted acerca de esta idea? ¿La comparte, en qué medida? ¿En qué consiste esa orfandad? ¿Cómo puede repararse? ¿Quién puede repararla? ¿En qué momento de la trayectoria formativa de un estudiante? ¿Qué valor se le asigna al capital cultural y simbólico de un sujeto en su posibilidad de interpretación, de comprensión lectora?

 

 

Como en todo proceso de aprendizaje, en la lectura también se reconocen momentos diversos. Proponemos leer los apartados incluidos en las páginas 68 a 76, con el propósito de vincular la idea de “lectura por encargo” y la posibilidad de convertirse en “un lector independiente”.

 

A continuación, la autora analiza dos actividades cuyo objetivo es acompañar a los alumnos en la jerarquización de los textos y asegurar su lectura. Para ello propone la elaboración de guías de estudio y la confección de resúmenes.

 

·       ¿Cuáles son las particularidades y potencialidades de cada una de estas actividades? En una secuencia progresiva desde la dependencia hasta la autonomía lectora, ¿en qué lugar ubicaría a estas dos actividades? Según el campo en que usted enseña o el momento de dictado del tema en que se encuentra, ¿cuál de las dos le resulta más pertinente? ¿Por qué? ¿Qué habilidades intelectuales considera que permite desarrollar mejor cada una?

 

 

Una de las tesis centrales, en este capítulo, es que “no se trata solamente que los alumnos llegan mal formados de sus estudios previos; se trata de que al ingresar a la formación superior se les exige leer de una forma bien diferente a la que estaban habituados, y con bibliografía también muy distinta” (pág. 85).

 

·       Les proponemos que rescaten de su propia práctica docente aquellas situaciones, experiencias, explicaciones que dan cuenta de las dificultades que se les presentan a los estudiantes frente a un texto complejo.

 

 

En la página 89 Paula Carlino elabora un listado de los supuestos que tienen los profesores de ciencias sociales y humanidades respecto de los saberes de los alumnos para analizar lo leído. Los invitamos a completar y enriquecer ese listado teniendo en cuenta la asignatura que dictan, el perfil de sus alumnos, sus trayectorias escolares, el contexto.

 

“Bienvenida a las culturas académicas” es el título de un apartado de este capítulo. ¿Que resonancias le sugiere la palabra “bienvenida” en este contexto? ¿La encuentra apropiada, oportuna, justa?

 

La autora propone un conjunto de actividades para articular la cultura de los alumnos y las distintas culturas académicas (págs. 92-93). Seguramente ustedes realizan muchas de estas actividades. ¿Recuerdan alguna situación en la que sus alumnos reconocieron o valoraron las posibilidades brindadas por ustedes para introducirlos en la tarea de aprender? ¿Pueden rescatar alguna conversación en la que sus alumnos les hayan manifestado explícitamente “algún descubrimiento” o alguna escena en la que les hayan relatado cuándo se apropiaron o “supieron por primera vez” algún conocimiento? ¿Tienen registro de alguna intervención por parte de ustedes que haya sido especialmente significativa en el sentido que venimos desarrollando, que haya marcado una apertura o descubrimiento en alguno de sus grupos o alguno de sus alumnos?

 

A partir de la caracterización presentada respecto de “instituciones excluyentes o inclusivas” (pág. 94), les proponemos pensar qué condiciones institucionales favorecen el despliegue de una propuesta pedagógica que albergue diversidad de intereses, puntos de vista, herencias, experiencias de los jóvenes. ¿Qué responsabilidades les caben a los distintos actores del sistema educativo al respecto? ¿Cómo se distribuyen esas responsabilidades en las instituciones en las que ustedes enseñan? Finalmente, les proponemos reflexionar acerca de qué acciones y políticas pueden llevarse a cabo para mejorar el nivel de inclusión en las respectivas instituciones. ¿Qué relaciones puede establecer entre las políticas de inclusión y las políticas de bienvenida? 

 

 

Capítulo 3: Evaluar con la lectura y la escritura

 

Este capítulo concibe la evaluación como una verdadera situación de aprendizaje, ubicada en el centro de la enseñanza con el propósito de ayudar a aprender. Sin duda, es un tema espinoso. Por ello, consideramos que este tramo del libro puede resultar de mucha utilidad para repensar las propias prácticas evaluativas.

 

“El examen como medio para volver a pensar” resulta una buena síntesis de la postura pedagógica de la autora, en tanto integra un conjunto de aprendizajes y promueve nuevas escrituras y lecturas.

 

·       Entre las páginas 105 y 113 la autora analiza las prácticas habituales de evaluación y las contrasta con opciones más formativas de evaluar “con la lectura y la escritura”. ¿Qué diferencias encuentra entre la expresión “evaluar a través de la lectura y escritura y “evaluar con la lectura y la escritura”?

 

 

A continuación les proponemos analizar los instrumentos de evaluación que administran habitualmente a sus alumnos teniendo en cuenta los siguientes interrogantes:

 

·     son la fase final o están en el centro del proceso de enseñanza.

·     se realizan para obtener información para la acreditación.

·     se realizan para obtener información que sirva para devolver al estudiante.

·     orienta a los alumnos acerca de qué es importante en una materia.

 

 

Ahora nos detendremos en analizar sus propias intervenciones en situaciones de evaluación:

 

·     explicita los criterios de evaluación a los alumnos.

·     elabora criterios de evaluación junto con los alumnos.

·     comparte con los alumnos algún fragmento de la evaluación una vez realizada.

·     enseña cómo revisar un examen.

·     ofrece una valoración global del examen y luego los aspectos más puntuales.

·     implementa la participación de los alumnos en los comentarios de las producciones de los compañeros.

·     suscita un trabajo posterior de reescritura orientado por usted.

 

 

En el apartado “Las buenas prácticas evaluativas” (págs. 113 y 114) se caracteriza una buena evaluación con tres adjetivos: válida, explícita y educativa. ¿Podría ampliar y justificar para la disciplina que usted enseña y para su grupo de alumnos en qué consisten dichas características?

 

Entre las páginas 119 a 132 se analiza en profundidad una propuesta de evaluación. De las páginas 133 a 141 encontrarán las consignas, la escala de evaluación, la primera versión manuscrita del examen, los comentarios del docente y la reformulación domiciliaria.

 

·       Les recomendamos detenerse en estas páginas y a partir de su lectura, elaborar un instrumento de evaluación similar para un tema específico de la materia que usted dicta, teniendo en cuenta a los alumnos y al contexto institucional en que se desarrollan las clases. ¿Qué comentarios pueden hacerse acerca de las potencialidades posibles de desplegar y qué condicionamientos pueden encontrarse en dicho proceso?

 

Entre las páginas 142 y 149 se desarrolla un modelo de organización de jornadas abiertas a la comunidad universitaria, donde los estudiantes en grupo deben exponer sobre un tema, a partir de elegir la bibliografía que les interesa leer.

 

·       Aquí también sugerimos “pensar a medida” de su cátedra o de su materia, es decir, diseñar una actividad similar que recupere los contenidos y las estrategias presentadas, realizando las adaptaciones y modificaciones que considere pertinentes.

 

Finalmente, proponemos compartir con colegas los lineamientos de esta propuesta, ponderando su grado de aplicabilidad o generalización de forma exclusiva en una materia, su pertinencia para qué tipos de contenidos y con qué frecuencia llevarla a cabo.

 

 

Capítulo 4: Enseñar, evaluar, aprender e investigar en el aula universitaria… de la mano de la lectura y la escritura

 

En este capítulo se detallan diez nociones generales que enlazan el conjunto de las actividades didácticas presentadas en los capítulos anteriores. Los conceptos básicos que ofician de hilos conductores son: aprendizaje, prácticas de lectura y escritura disciplinares, enseñanza reflexiva, enseñanza investigativa, investigación-acción.

 

Este libro está dedicado a profesores y alumnos de materias diversas. La autora formula una pregunta muy atinada, teniendo en cuenta las tradiciones y los perfiles docentes disciplinares: “¿Quién soy yo para enseñar a leer y escribir, si no soy profesor de lengua?”

 

·       ¿Se reconocen en dicha pregunta? ¿Se la plantearon alguna vez? ¿Les parece legítima? Si no, ¿cómo la reformularían?

 

Les proponemos la lectura de los diez principios que fundamentan las actividades de lectura y escritura realizadas anteriormente. Les sugerimos tomar notas de las ideas centrales desarrolladas en cada uno de los enunciados del decálogo y luego traducir a una situación concreta, basada en su propia experiencia, dichas nociones generales y abstractas. Luego, analizar en cada una de esas situaciones:

 

·     la posición docente.

·     cuáles son las expectativas que se depositan en los alumnos.

·     las intervenciones posibles y las deseables.

·     las situaciones limitantes y las propiciadoras.

·     los intereses de los alumnos, su propia confianza en aprender.

·     los intereses y gustos del propio profesor al enseñar.

·     la necesidad de compartir e interactuar con otros profesores para sostener integralmente la tarea.

 

 

En las páginas 157 y 158 se alude especialmente al proceso colectivo de aprender y enseñar. ¿Cómo podrían enriquecerse y complejizarse los diálogos entre los alumnos y los representantes de las comunidades de práctica a las que aspiran ingresar los estudiantes? ¿Qué lugar ocupan los medios de información y comunicación en este proceso y cómo optimizar su uso cotidiano? ¿Cómo fomentar el encuentro presencial o mediado con científicos, especialistas, investigadores, profesionales, divulgadores, periodistas, entre otros?

 

Recomendamos la lectura de la cita de Curry y Lillis (2003) de la página 163 y proponemos referenciarla al texto presentado en el principio 6. Nos parece interesante reparar en que aprender los géneros discursivos empleados en cada uno de los ámbitos académicos, no es sólo adquirir una técnica ni incorporarse a una práctica social, sino que también concierne a la construcción de la identidad personal y social. Es oportuno regresar al inicio de esta guía donde planteamos tres funciones básicas de la lectura y la escritura, para encontrar vinculaciones entre el fragmento seleccionado y dichas funciones.

 

Volviendo a la noción de autonomía que trabajamos anteriormente, sugerimos detenerse en la página 167 para profundizar las reflexiones sobre el proceso de la propia gestión de las normas para leer y escribir. Luego vincular los resultados de estas reflexiones con la pregunta que da inicio a este capítulo final.

 

Por último, una invitación para articular los resultados del ejercicio que propusimos respecto de las “políticas de inclusión” y las “políticas de bienvenida”, con las que ahora podríamos denominar políticas de “responsabilidad compartida”. En definitiva, se trata de poner en juego de manera sinérgica estas tres políticas a fin de contribuir con la alfabetización académica de los estudiantes.

 

 

 

Esta guía ha sido elaborada por Raquel Gurevich y Silvia Gojman.