NOTA DE PRENSA

Nota: Una marca con historia
Autor de la nota: Rogelio Demarchi
Medio: La voz del interior
Fecha: 03/11/2014
Libro: TIERRA DEL FUEGO: LA CREACIÓN DEL FIN DEL MUNDO
Autor del libro: Guillermo Giucci
Extracto:

El adelantado Hernando de Magallanes se convirtió, el 1° de noviembre de 1520, en el primer europeo que unió el océano Atlántico con el Pacífico, a través del canal de Todos los Santos, hoy estrecho de Magallanes. Era una expedición centrada en el descubrimiento de tierras y de un paso interoceánico que le permitiera a España participar del negocio de las especias. Fue así –según el legendario relato que nos ha llegado– que, como sus marineros habrían avistado inmensos fuegos en la tierra que dejaban a babor, decidieron bautizarla Tierra del Fuego.
Hace casi 500 años, comenzó la increíble historia de una isla que todavía lleva ese nombre. Para recordar esa historia, Guillermo Giucci ha escrito un excelente libro, Tierra del Fuego: la creación del fin del mundo (Fondo de Cultura Económica, 2014).
El prólogo incluye una fuerte advertencia: "La vinculación de Tierra del Fuego con el fin del mundo es moderna y se consolida a inicios del siglo 20. Desde Europa se instaura una conformación geopolítica del espacio donde el extremo austral del continente americano surge, en contraposición con el norte europeo, como un lugar-límite, región del primitivismo y de la incomunicación".
En 1520, Magallanes no podía asegurar hasta dónde llegaba el mundo; si esa "tierra del fuego" era firme o un islote; y si era pequeña o grande; y si tenía, en sus confines, otro canal navegable o no. De hecho, el pobre Magallanes y sus marineros no sabían tampoco "que el mal llamado océano Pacífico cubre una tercera parte del globo, y que las naves se arrastrarían miserablemente por aguas ignoradas durante varios meses hasta alcanzar las islas Marianas". Por eso, Antonio Pigafetta, uno de los pocos sobrevivientes que tuvo aquella expedición, “relata que por tres meses no probaron ninguna vianda fresca; que comían el polvo de galletas podridas y con gusanos; que bebían agua amarillenta y putrefacta”.
Las exploraciones del territorio fueguino recién comenzaron hacia 1555, a través de los gobernadores de Chile; y en 1578, llegó a la zona el famoso Francis Drake. Pero el primer y fallido asentamiento en plan de conquista es de 1584.
A comienzos de 1616, una expedición holandesa descubrió el estrecho de Le Maire y dobló el cabo de Hornos. Un par de años más tarde, en 1618, una expedición española circunnavegó la isla grande de Tierra del Fuego por primera vez. Recién un siglo y medio más tarde, le correspondió a Antonio de Córdoba informarle al rey de España "cuál era la ruta más conveniente del 
Atlántico al Pacífico, si el estrecho de Magallanes o el cabo de Hornos". Ahora, dos personajes claves en la construcción de la idea del fin del mundo llegaron de Inglaterra y en pleno 1800: primero, un joven científico, Charles Darwin; después, un evangelizador y colonizador, Thomas Bridges.
Para cuando Bridges construyó la primera estancia fueguina, en 1887, la Tierra del Fuego, con sus aguas heladas, sus fuertes vientos y sus extraños habitantes naturales, acusados de canibalismo, ya protagonizaba curiosos relatos científicos y exquisitas páginas literarias firmadas por Samuel Coleridge, Herman Melville o Charles Baudelaire. Cómo negarle entonces a Ushuaia que utilice como "marca turística" la noción de "fin del mundo" en su isologotipo.