NOTA DE PRENSA

Nota: Las lecciones de Venus. Entrevista con Rafael Argullol
Autor de la nota: Flavia Costa
Medio: Clarín
Fecha: 02/11/2002
Libro: UNA EDUCACIÓN SENSORIAL
Autor del libro: Rafael Argullol
Extracto:

La historia del desnudo femenino en Occidente -toda la intensidad en apenas cinco siglos- nos entrena en una sutil erótica festiva, mientras el cuerpo de cristo magnetiza a la mujer con su sensualidad sombría.

En la puritana España franquista de los 60, un chico de trece años, medio pupilo en un colegio religioso, sin hermanas ni padres libertinos, con películas veladas y guiones reescritos, encuentra en casa de sus abuelos un tesoro, una señal: los tres tomos de la 'Historia del Arte' de Josep Pijoan, publicada por Salvat en 1923. Lo que originalmente debía ser material de consulta para el colegio se convirtió, para ese adolescente que luego sería el ensayista y narrador Rafael Argullol, en una escuela de erótica. Como en los tiempos de Felipe II, fueron las venus de Tiziano y Giorgione -más que las divas de Hollywood o las publicidades de moda- las primeras imágenes de lo deseado y desconocido. Lámina a lámina desfilaba para él, a veces en reproducciones minúsculas, un harén de anatomías prohibidas: la Ariadna en 'La Bacanal' de Tiziano, la 'Odalisca y la esclava' de Ingres; la 'Io' de Correggio, las célebres majas de Goya.
Cuarenta años más tarde, el observador -hoy un prestigioso profesor de estética en la universidad de Barcelona, autor de libros como 'El Héroe y el Unico', 'La atracción del abismo', 'La razón del mal'- recorre esa pinacoteca y descubre cómo esas primeras visiones modelaron su gusto de adulto. A mitad de camino entre la autobiografía y una amena introducción al desnudo en occidente, 'Una educación sensorial' obtuvo el premio de ensayo Casa de América-Fondo de Cultura Económica. En esta entrevista telefónica, Argullol analiza con ojos de crítico los juicios e intuiciones de aquel adolescente ávido, y sostiene que "vivimos en una época volcada a la pornografía, no sólo en lo sexual, sino fundamentalmente en los aspectos socio-político y mediático".

- Hay en su obra una insistencia en algunos artistas del desnudo femenino, preferidos tanto por el joven como por el adulto Argullol: Tiziano, Giorgione, Velázquez. ¿Qué es lo que más le atrae de ellos?

- Mi insistencia tiene dos razones. Primero, que eran los autores que más aparecían en la enciclopedia, y a los que el muchacho volvía una y otra vez. Pero es cierto también que el adulto mantiene muchas de aquellas preferencias. Por ejemplo, si bien me deslumbra la Afrodita renacentista de Botticelli, esa belleza angélica matizada de una leve perversión, sigo encontrándola demasiado áurea comparada con la 'Venus dormida' del Giorgione, mucho más carnal y accesible. Los ojos masculinos quedan domesticados frente a una muchacha demasiado divina, mientras que en Giorgione el rostro inocente se acompaña de un cuerpo demoledor, que además se combina con el juego malicioso de la durmiente -mujer de una carnalidad intensa, blanquísima, que no pone obstáculos a la mirada- cuya mano cubre estratégicamente el pubis. Ese juego de pudor e impudicia sólo es superado por la 'Venus de Urbino', de Tiziano, mucho más audaz porque mira fijo al obsevador.

-Tiziano era sin dudas su preferido...

- Entre los venecianos sí, en la medida en que es el más estrictamente erótico, por su capacidad de individualizar las figuras: aún en grandes escenas corales como 'La Bacanal', concentra la intensidad de la mirada. Es el maestro del eros singular, el más potente, caracterizado por la fijación, la intimidad, la limitación del escenario. Lo erótico es lo contrario de la dispersión.

-¿Cuál es la segunda razón que mencionó al principio?

- Al indagar en el desnudo, me sorprendió que su historia es más bien corta. En la antigüedad no tenemos casi pintura, por lo cual el primer desnudo auténtico es 'La expulsión de Adán y Eva del paraíso', de Masaccio, a principios del siglo XV. Entonces el arco va desde Masaccio hasta la invención de la fotografía, en el XIX, que termina usurpando el papel de la pintura. Son cinco siglos, y dos o tres pintores marcan la pauta del período: básicamente son Tiziano y Giorgione. 'La Venus del espejo' de Velázquez y la más canalla y burdelesca 'Olimpia' de Manet, son variaciones de las de esos dos maestros.

- Recién mencionó la escuela veneciana, de Giorgione, Tiziano y Veronés: ¿en qué se diferencia su erotismo del de los florentinos, de Botticelli a Leonardo?

- La escuela florentina atiende al ritmo y el dinamismo de las formas: ejemplo supremo de ello es la danza en las figuras de Botticelli. Sus obras se destacan por la conquista de una expresión individual que, si bien privilegia el rostro, se extiende a toda la anatomía. Por el contrario, en los venecianos hay una búsqueda de la carnalidad y el erotismo a través de un tratamiento poderoso del color. De Bellini a Tiziano la escenografía queda ocupada por el cromatismo caliente de los azules marino y los rojos sangre, que contrastan con la blancura de los cuerpos. Por otra parte, tanto los florentinos como los venecianos se diferencian de la sensualidad nórdica, más estática, con cierta rigidez. Esto es así aun en autores excepcionales en el tratamiento del cuerpo, como Durero. Rubens es otra excepción, aunque tal vez así como las figuras de Holbein y Durero parecen cuerpos sin carne, las de Rubens son carnes sin cuerpos: carecen del sutil equilibrio italiano. En el Mediterráneo hay más familiaridad con la desnudez, debido quizá a la presencia del mundo clásico.

- Es curioso también que en 500 años de desnudo se repitan unos pocos temas: Venus, dioses paganos, la crucificción...

- Sí, esa fue otra sorpresa. En última instancia, el desnudo masculino es una serie de variaciones sobre el cuerpo de Cristo -o, por ejemplo, de San Sebastián-, que se asimila a un eros sacrificial, más doloroso y sombrío, mientras el desnudo femenino son variaciones sobre el cuerpo de Venus-Afrodita: el eros de la ofrenda y la entrega. Uno podría pensar también que en la pintura europea hay un hombre y dos mujeres: es un triángulo amoroso. Por un lado la Madonna, por otro lado Venus y en medio, Cristo, como sacrificio permanente y también como negación del sacrificio pagano en la cultura cristiana. Y en esa duplicidad Madonna-Venus se incorporan los antagonismos de la mentalidad europea: la puta y la madre, cristianismo y paganismo, moral y transgresión.

- Las condiciones durante el franquismo eran singulares: junto a la enorme censura, el adolescente tenía cerca la mejor colección de pintura erótica de Europa, la colección real del Museo del Prado.

- Es verdad. La España católica, de Felipe II en adelante, es la que reúne la mayor colección de desnudos de Europa. Algunas de estas obras, incluidos varios Tizianos y Rubens, jugaban un papel parecido al de la fotografía erótica en nuestra época, y los reyes los encargaban para sus gabinetes secretos. No es casual que la monarquía española haya sido a la vez la más puritana y la principal coleccionista de pintura erótica. Vicios privados y virtudes públicas... Ahora, más allá de eso, hay algo muy hondo en la relación que el cristianismo desarrolló con el cuerpo de Cristo. Hay un magnetismo en la representación de ese cuerpo, que es el aglutinante estético mayor de todo el cristianismo. En la evolución del cuerpo de Cristo se observa que a fines de la Edad Media, desde el Gótico, se pasa de un hieratismo duro a un desnudo cada vez más explícito, tanto en su aspecto sacrificial como en su sensualidad, hasta llegar a los excesos del Barroco.

- Me llamó la atención que, para ese adolescente que fue usted, Miguel Angel era"eróticamente nulo": tal vez como rechazo de una sensualidad más ambigua.

- Desde la mirada adolescente, ese desinterés tenía dos razones, que todavía sostengo: los cuadros de Miguel Angel no son cuadros, son esculturas. Y sus mujeres no son mujeres, son hombres aunque tengan pechos. Luego uno hila más fino y ve toda la maravillosa sensualidad, por ejemplo, de 'La piedad'. Pero hay una violencia corporal en Miguel Angel que se acerca a una estética homosexual; no afeminada sino homosexual en plan duro.

- En esta pinacoteca la mujer es siempre objeto de deseo, pero no sujeto del placer.

- Sin embargo, cuando hablábamos del cuerpo de Cristo como el gran totem estético y erótico del cristianismo, esto sí va dirigido a las mujeres. Probablemente la cadena de transmisión popular del cristianismo haya sido la mujer, y entonces la iconogafía del sacrificio de Cristo intenta aglutinar la mirada femenina.

- En el siglo XX, decía recién, el desnudo erótico quedó en manos de la fotografía y el cine. ¿Guarda aún hoy la pintura algún potencial erótico?

- Sí, claro. La pintura reaccionó respecto de la fotografía de dos maneras: posicionándose en la abstracción y adoptando un ángulo hiperreal. Vemos por ejemplo a Francis Bacon, o Balthus, o Lucien Freud: un gran pintor de desnudos que adopta un ángulo que la fotografía nunca podría conseguir. Por otro lado, el erotismo de las grandes pinturas de desnudo tiene una evidente ventaja sobre la fotografía, demasiado utilitaria desde el punto de vista erótico: al ser una especie de aventura alrededor del deseo, representa la posibilidad de recuperar el placer y el goce sensorial en una cultura cada vez más pornográfica. Vivimos en una época muy vertida hacia la pornografía. Y no sólo sexual.

- ¿Qué quiere decir ?

- Bueno, para mí la diferencia entre erotismo y pornografía no radica en el tipo de experiencia, sino en unas ciertas coordenadas de espacio y tiempo, y una actitud. En lo que se refiere al espacio, el espacio de la pornografía es el fragmento y el del erotismo es la totalidad del cuerpo. El tiempo de la pornografía es rapidísimo, fulminante, y el del erotismo es lento, detenido. La actitud del erotismo es la de la búsqueda, mientras que el de la pornografía es el consumo. Hoy el ciudadano está cada vez más dominado por el fragmento, por la instantaneidad y el consumo. De ahí que el retorno a la gran tradición erótica de la pintura occidental es la posibilidad de unas variaciones en torno al erotismo en un sentido auténtico.