NOTA DE PRENSA

Nota: "Los miedos en las villas y en los barrios cerrados se parecen bastante"
Autor de la nota: Fabián Bosoer
Medio: Clarín
Fecha: 03/04/2011
Libro: LAS TRAMPAS DE LA NATURALEZA
Autor del libro: María Carman
Extracto:

La degradación y desprotección de los espacios públicos llevan a respuestas defensivas de los distintos grupos y sectores sociales. El denominador común es la sensación de constante amenaza.

¿Qué relación hay entre la celebración de la belleza del paisaje y la pureza de la naturaleza en la promoción de nuevos proyectos urbanísticos, tanto oficiales como privados, y el deterioro, descuido o abandono de los espacios públicos urbanos? ¿Cómo se expresa en una ciudad que se proclama progresista la paradoja entre una inclusión declamada y una exclusión acallada? A partir de estas preguntas, María Carman -antropóloga social de la UBA e investigadora del CONICET- se internó durante los últimos años en villas, countries y barrios de Buenos Aires para reconstruir sus transformaciones desde las propias historias de vida de sus habitantes. Es autora de Las trampas de la cultura. Los ‘intrusos’ y los nuevos usos del barrio de Gardel, un estudio sobre los cambios en el barrio del Abasto, y acaba de publicar Las trampas de la naturaleza. Medio ambiente y segregación en Buenos Aires (FCE, CLACSO), en el que se relata, entre otras, la experiencia de la villa Rodrigo Bueno, en la Costanera Sur, hoy en el centro de la controversia sobre la problemática habitacional.

- El malestar con la inseguridad, la basura, los colapsos de tránsito, el déficit habitacional, la ocupación de predios, las migraciones y la exclusión social ¿encuentran un hilo conductor?

- Algo que está detrás de todas estas problemáticas es la concepción que tenemos sobre la naturaleza y el ambiente en la ciudad donde vivimos. Hoy resulta políticamente correcto exaltar la multiculturalidad y al mismo tiempo adherir a un enfático ideario ambientalista. Aunque ninguna de esas dos posturas implica per se la solución de los conflictos sociales y políticos involucrados o el abordaje de la desigualdad estructural. Tanto la defensa de la biodiversidad como la de la diversidad cultural coexisten con el riesgo de pérdida de esos bienes y valores, a los que se considera amenazados.

- En los últimos años, en la ciudad de Buenos Aires, fue creciendo el interés por los problemas ambientales. ¿Cómo se fue manifestando la presencia de la cuestión ambiental en la agenda urbana?

- Hubo una progresiva conformación de una lógica de equivalencias entre las demandas de distintos grupos sociales. Por ejemplo, la asociación Basta de demoler, que tradicionalmente se ocupó de los problemas del patrimonio arquitectónico, fue incorporando las banderas ambientales y el cuidado de los parques y las plazas. Asociaciones conservacionistas como Aves argentinas, que tradicionalmente trabajaban con cuestiones de conservación o defensa ambiental, incorporaron problemas vinculados a la realidad de la vida urbana o del crecimiento no planificado de la ciudad. En este contexto interesa analizar los usos y apelaciones de la naturaleza y cómo éstos funcionan también como una suerte de máscara de la segregación sociourbana en Buenos Aires. Los argumentos ambientales, según el grupo social que los esté esgrimiendo, pueden colaborar en la construcción de distintas cartas de ciudadanía de los habitantes, y fundamentalmente de los habitantes populares de la ciudad, es decir, la inclusión o la exclusión de esos sectores.

- ¿Habría una contradicción entre un imaginario social integrado, el de una ciudad multicultural abierta, y la creciente fragmentación, segregación o autosegregación urbana?

- Sí, hay una ciudad visible que se superpone con otra más invisible, y eso se ve claramente con la diferencia entre los barrios privados y las villas, en el sentido de que los barrios privados tienen una sobremarca visual, no sólo a partir de esa actualización permanente de los mapas que muestran los countries, sino también con toda la homogeneidad estructural de sus fachadas. Y en el sentido inverso, las villas, que ni siquiera figuran en un mapa, porque son terrenos ganados al río u ocupados y quedan con una ausencia de marca visual mientras su existencia se vuelve cada vez menos ocultable.

- ¿Son la cara y contracara del mismo proceso?

- Podemos verlos como espejos invertidos, los dos extremos de la distribución de la riqueza en la Argentina, que coexisten en la misma área metropolitana. Las diferencias son muy ostensibles, pero lo que sorprende es encontrar las similitudes. En muchas cuestiones de lo que llamamos "la presentación de uno mismo", las fantasías y los miedos de los habitantes de villas y de los barrios cerrados se parecen bastante. Por ejemplo, me ha pasado entrevistando personas de barrios privados, que presuponen que uno tiene sobre ellos un concepto negativo y por eso muchas veces aclaran: "Si vos querés entrevistar a una mujer de country, conmigo te equivocás" o "yo no tengo nada que ver con la gente que vive acá". Tienen la intención de desmarcarse del estereotipo, porque además saben que hay cierta apatía social atribuida a su forma de vida y esa cuestión de que supuestamente viven en una burbuja. La gente de las villas dice cosas parecidas: "Yo no soy el habitante clásico de aquí".

- ¿Se tiende a soslayar u ocultar la pertenencia a una u otra clase social: pobres, ricos…?

- Sí, sobre todo cuando esa adscripción social es lo que puede organizar la acusación ajena. La cuestión de clase es desplazada cuando no resulta un elemento reivindicativo en sí mismo. Pero al mismo tiempo, si hace falta, ellos sí se definen como pobres cuando objetan la incomprensión por parte del resto de la sociedad, o la discriminación que sufren, o haber rescatado chicos de la calle o haber sido excluidos de ciertas políticas sociales. Es una restauración semántica ajustada a las coyunturas. Se pasa de "ser villeros" a "ser guardianes de la naturaleza". En los barrios privados pasa exactamente lo mismo: hacen hincapié en sus actividades benéficas, en el altruismo, para distanciarse de esas miradas que les atribuyen un aislamiento social. En ambos casos se ve una similitud en cómo se intentan transformar las percepciones propias a partir de las miradas de los otros.

- ¿También hay una suerte de utopía ecológica, de que los chicos crecen más libres dentro de un barrio cerrado?

- Sí, una idea de que la naturaleza por sí misma va a apaciguar los conflictos sociales, como si fuera a resolver mágicamente los problemas de la desigualdad. Además la naturaleza es como una antítesis del miedo y también de ese espacio público considerado como negativo, como un lugar peligroso, inseguro y amenazante.

- ¿Qué contradicciones se generan en esta dualidad entre la vida dentro del country y el "afuera"?

- Los adolescentes se sienten encerrados y dependientes de sus padres para movilizarse. Ahí encontramos otra similitud: adolescentes que dicen "vivo en una cárcel" y habitan en un hermoso barrio privado, pero muy lejano y sin medios de transporte. Muchas veces la gente de las villas también se siente atada a un lugar, inmovilizada. Ellos también tienen miedo, se sienten amenazados por los vecinos violentos de la villa o porque hay un tiroteo en la puerta de la escuela, pero quizás no tienen la posibilidad de trasladarse a otro sitio. La paradoja de los barrios privados es que el miedo nunca se extingue, a lo sumo se traslada a otro espacio. Por ejemplo, el miedo no es en la puerta de mi casa sino en la salida de la autopista, en esos metros que hay que recorrer hasta la entrada del barrio. No hay cómo exorcizarlo completamente.

- ¿Una fantasía de seguridad que retroalimenta la inseguridad?

- Podemos encontrar una analogía con aquello que pregonó Epicuro en la antigua Grecia. Epicuro retoma una cuestión clave en la ética griega que es cuál es la mejor manera de vivir para un ser humano, y la solución que dio Aristóteles es que la felicidad se logra conforme a la virtud, con un gran sentido de la justicia, de lo colectivo. En cambio Epicuro ofrece una solución muy alejada de estos postulados: para él la felicidad no está unida a la virtud sino al placer que se experimenta a través de los sentidos. Tiene esta concepción de que el placer constituye el principio y el fin de la felicidad, y por eso los epicúreos se juntaban en jardines con la leyenda "Forastero, aquí estarás bien, aquí el placer es el bien primero". Es la idea de que hay que huir del temor y de que la felicidad se basa en la eliminación de ese temor. Sin embargo, aislarse de los peligros de lo público no hace sino reforzar ese miedo inicial, que es lo mismo que se le objetaba a Epicuro.

- Esta búsqueda de huir del temor, ¿no hace sino otorgarle un papel preponderante a ese temor?

- Multiplicar los barrios privados es en el fondo una ética de la limitación, porque no hay una búsqueda de solucionar el caos urbano o dejar una ciudad mejor para los futuros habitantes, sino que es más bien una solución individual o familiar que rubrica el abandono de la ciudad como espacio habitable por todos.