NOTA DE PRENSA

Nota: "La falsificación es anterior a la existencia del mercado del arte"
Autor de la nota: Juan Manuel Bordón
Medio: Clarín
Fecha: 20/12/2009
Libro: ARTE Y FALSIFICACIÓN EN AMÉRICA LATINA
Autor del libro: Daniel Schávelzon
Extracto:

Para Schávelzon, al menos la mitad de las obras del pasado que se exhiben, son falsas.

Planeta Tierra, albores del siglo XXI: el ser humano multiplica, clona, copia, altera y falsifica a un ritmo colosal. En una ciudad de Latinoamérica, un vendedor me ofrece (a precio vil) un frondoso collar de coral rojo. Asegura que la pieza es auténtica y, como prueba, la expone a la candela de un encendedor minúsculo "porque, mira argentino, el coral no arde". Y el coral no arde. La transacción se hace y unos días más tarde repito la prueba en casa, a miles de kilómetros de ahí. Esta vez, el collar sí se quema.
"Pero es que todo es así", señala el arquitecto y arquéologo Daniel Schávelzon, autor de Arte y falsificación en América Latina, un libro en el que recorre la historia y los trucos de la falsificación en Latinoamérica y Europa. "Hasta los símbolos de la Independencia son copias: el Cabildo es trucho, la Casa de Tucumán se hizo nueva en 1940. Yo siento que que el tema del libro me superaba a veces, porque ¿qué es lo real hoy? Es casi una pregunta filosófica".
En su libro, que acaba de publicar Fondo de Cultura Económica, asegura que la mitad de los productos culturales del pasado que se exhiben son falsos, están alterados o mal atribuidos. Los casos insólitos sobran: copistas que superan la calidad del original, artesanos prehispánicos trabajando en pleno siglo XIX, manipulaciones como las que hicieron los conservadores del Louvre hasta obtener la actual Venus de Milo. Schávelzon plantea que la falsificación es incluso anterior a la existencia de un mercado de arte. "En un mundo en el que no había reproducción gráfica, cosa que no sucede hasta el siglo XIX con la litografía, si a un rey le gustaba un cuadro que tenía un marqués, encargaba una copia. Y no había reparo en que te copiaran tu cuadro, era un honor. De hecho, a veces la copia era de un artista más importante que el autor del original. Pensá que el 90 por ciento del arte griego lo conocemos a través de copias romanas. Es un tema que no podemos verlo sólo desde la percepción actual".
Además, usted plantea que la falsificación no siempre es copia...
Sí, mirá un ejemplo: un ceramista indígena mexicano cuyo padre, abuelo y antepasados fueron ceramistas, puede hacer sencillamente una pieza difícil de separar, al ojo, de una obra precolombina: usa la misma pintura, saca la tierra del mismo lugar... esto llegó al extremo que hoy la arqueología ni siquiera sabe si ciertas piezas existieron o no: hay cinco máscaras aztecas, de piedra, en el mundo. Son extraordinarias, mercerían ser auténticas, pero no se sabe si son falsas o no.
En un sentido, quizá tiene más valor el artista que hace la obra precolombina hoy que el autor original.
Claro, fue capaz de recrear algo. Yo pido, en el libro, que esas obras, aunque sean falsificaciones, se conserven. Enseñan a identificar falsificaciones y además ayudan a entender los mecanismos de la creación.
El problema es que a nadie le gusta mostrar que lo engañaron.
Bueno, pero esto no es una cuestión individual. El problema es que las colecciones de los grandes museos se armaron hace más de un siglo. Antes creíamos que la gran época de la falsificación fue por 1950, con las primeras cifras millonarias del mercado del arte. Pero no, el auge fue a mitad del siglo XIX, cuando no había tecnología, la copia era a mano, no se usaban tornos y tenían que pulir las piedras igual que los tipos hace 50 mil años. Justamente, esa gran época de la falsificación coincide con el armado de las grandes colecciones de los museos.
¿Existe la falsificación perfecta?
He visto cosas que habría que someter a un análisis muy, muy profundo para saber de cuándo son. Los peritos que creen en la tecnología infalible se equivocan. Se avanza, pero es como con los virus en computación. La misma inteligencia que desarrolla tecnología para estudiar la capa pictórica de un cuadro se puede aplicar para engañar a las máquinas.
Además, los museos o coleccionistas pueden preferir la duda.
Pasa con los Van Gogh, no termina de haber un catálogo razonado porque no se ponen de acuerdo. Pongamos que se radiografían sus cuadros y unos tienen ciertas características y, otros, unas diferentes. ¿Cómo sabes cuáles son los auténticos?
Hipotéticamente, los mejores cuadros podrían ser copias.
Bueno, por eso es tan caro Van Gogh. Cuando un cuadro llega a 50 millones de dólares, a veces el precio no lo pone su valor estético, tiene que ver con que son muy pocos los cuadros donde se puede garantizar la autenticidad...
¿Entonces las copias suben el valor del original?
Claro, se desmorona la credibilidad. Si de quinientos Van Gogh hay solo diez que que son de él seguro, eso levanta muchísimo el precio. A mí ambién me interesa esto como fenómeno cultural. Vivimos en un mundo donde todo aparece y desaparece, como lo digital; donde todo se reproduce constantemente, en cualquier esquina te venden copias de algo.
¿Y en los museos argentinos se exhiben muchas falsificaciones?
Hay, y no tendría por qué no haberlas. Pasa que nuestros museos compran poco, en general son colecciones viejas y no se caracterizan por la incorporación masiva. Pero en los últimos años muchos cuadros pasaron a figurar como "atribuidos a...". Es una manera de decir que no hicimos gol pero le pegamos al poste.
¿Y hay obras emblemáticas de museos locales que sean falsas?
Prefiero no meterme porque no es mi tema, sé más de los de México, además. Lo que sí, en prácticamente todos los museos arqueológicos argentinos hay piezas auténticas, antiguas, con decoración falsa.
Se teme al falsificador, pero en su libro hay casos donde la amenaza era un perito que rompía las piezas para confirmar la autenticidad.
Claro, es terrible, ¿y si eran originales y las rompías? Es sublime, porque el tipo, que tiene un museo en Uruguay, encima publicaba artículos científicos sobre cómo descubrir así una falsificación. Y descubrí otro: decía que había que quemar las obras y según el color del humo se podía saber si la obra era, o había sido, original.