NOTA DE PRENSA

Nota: La cultura de lo falso
Autor de la nota: Rogelio Demarchi
Medio: La Voz del Interior - Córdoba
Fecha: 27/11/2009
Libro: ARTE Y FALSIFICACIÓN EN AMÉRICA LATINA
Autor del libro: Daniel Schávelzon
Extracto:

En Arte y falsificación en América latina, Daniel Schávelzon demuestra que al menos la mitad del arte mundial en exhibición es falso o está mal datado.

Cuando hablamos de billetes o documentos falsos, hablamos de un delito de cierta gravedad que requiere de una batería de medidas de seguridad y de una fuerza policial con capacidad para detectar a los falsificadores antes de que estos hagan pingües negocios. Esta forma de entender la diferencia entre lo falso y lo verdadero se trasladó tal cual al campo del arte, y de esa manera se perdió de vista que las falsificaciones son un problema inherente al modelo cultural establecido. Al menos esa es la convincente teoría que expone Daniel Schávelzon en Arte y falsificación en América latina (Fondo de Cultura Económica), un libro que no sólo se destaca por la calidad de su argumentación y la abundancia de ejemplos sino también por la claridad de la exposición.

Verdadero-falso

Si lo falso se define por oposición a lo auténtico, ¿qué es lo auténtico?, se pregunta Schávelzon. Y responde: "Sabemos por muchas versiones que hasta el Medievo inclusive era una cuestión de fe: se creía o no; el poder o la jerarquía eclesiástica determinaba que algo era milagroso, verdadero, histórico o auténtico, y no había otra alternativa que aceptarlo. Era un tema de poder que, hasta la fecha y de otra manera, sigue vigente, pasando de la teología a la ciencia".
Ahora bien, hay un segundo momento en que las cosas se complican aún más porque se postula que lo falso no es algo original, lo que ocurre entre los siglos XVII y XVIII, gracias a la colaboración (por decirlo de alguna manera) del racionalismo burgués y la Ilustración, que establecen la diferencia, por ejemplo, entre la verdad y la ciencia, por un lado, y la literatura y la religión, por otro lado, como ficciones no compatibles con las pruebas de la razón: historias falsas, entonces, que se presentan como si fueran verdad sabiendo que no lo son ni lo pueden ser.
Por esa vía, razona Schávelzon, "un objeto falso o alterado deja de tener de valor porque no es lo que debería ser o lo que uno esperaría que fuera, lo que implica una interpretación legal y no estética o cultural". En conclusión, "los conceptos de auténtico y falso son absolutamente culturales, están asociados a hechos históricos que han variado con el tiempo, por lo tanto carecen de un sentido intrínseco".

De Buonarotti a Picasso

Algunos ejemplos bastan para mostrar la complejidad de la cuestión. El Laocoonte es, para muchos, la mayor escultura de la antigüedad grecolatina, atribuida a tres escultores griegos que quisieron representar a quien sospechó del famoso caballo de Troya y propuso quemarlo. En realidad, fue elaborada por el genial Miguel Ángel Buonarotti en pleno Renacimiento. ¿Cómo la hizo? Según Schávelzon, basándose en una breve descripción de Plinio. ¿Por qué? Porque así creaba un sustituto de algo que había existido pero que ya no existía, de modo que al ser "casualmente" encontrada la suplantaría sin ningún problema. Si la obra está en el Museo del Vaticano es porque Miguel Ángel logró vendérsela a un papa, de la misma manera que hizo un Cupido que terminó siendo adquirido por un cardenal de la época.
Algo diferente es el problema que plantea Pablo Picasso. Hacia 1980, un crítico de arte español descubrió que el famoso Guernica no sería otra cosa que la versión cubista del barroquísimo Los horrores de la guerra, firmado por Peter Rubens. Así se actualizó una vieja discusión sobre la relación entre Picasso y los clásicos, que arrojó un nuevo inventario: por lo menos 40 grandes obras del catalán se inspiran en cuadros de otros autores. Para Schávelzon, no cabe duda de que se trata de algo absolutamente lícito. Pero, comenta, "el problema se plantea cuando nadie lo dice, cuando el museo que lo exhibe lo oculta, cuando el mismo pintor calla, cuando los críticos de arte que ya lo saben siguen prefiriendo decirlo en artículos eruditos pero jamás al público. Creo que es un buen ejemplo de cuándo se llega, por uno u otro motivo, al límite de lo válido, por más prestigiosos que sean los actores".

Choques culturales

Hay otra faceta bastante conflictiva: la intromisión del etnocentrismo en la determinación de ciertas falsificaciones. Hace unos años, un artista indígena australiano alcanzó sus 15 minutos de fama con una serie de cuadros vendidos por encima de los 50 mil dólares cada uno. Luego, se descubrió que las obras no eran suyas y cayó en el descrédito. ¿Qué había pasado? En su comunidad, la tradición pautaba que a los cuadros debían hacerlos las mujeres. Por su condición de jefe, podía firmarlos y venderlos. Eso hizo; y el dinero que recibía, lo entregaba a la comunidad. Según Schávelzon, es un claro caso de los problemas que se generan cuando una cultura se apropia de lo que produce otra cultura con otros patrones y tiene lugar una resignificación tal que una artesanía pasa a ser una obra de arte.
Incluso hacia el interior de ciertas culturas, habría notorias falsificaciones, más o menos negadas por influencia del nacionalismo. Un ejemplo español sería la Dama de Elche, una escultura supuestamente de la antigüedad hallada por "casualidad" a fines del siglo XIX, que es tomada como la reinterpretación de los modelos griegos a la luz del arte ibérico, lo que sería la marca de una nueva identidad. En clave nacionalista, explica Schávelzon, el busto "mostraba a la vez la influencia externa y la creación propia, saber tomar lo bueno de afuera y rehacerlo mejor". Es lógico que cuanta más edad se le asignara, más se hundía en el tiempo la constitución de lo ibérico.
Un ejemplo americano que tiene sus buenos embrollos: el cronista mestizo Guamán Poma, uno de los máximos cronistas del período de la conquista, autor de la Nueva Corónica y Buen Gobierno, texto fundamental para la historia del Perú antiguo y considerado por la Unesco "Memoria de la Humanidad", no existió. Investigadoras italianas han sostenido que tras esa identidad se esconde un jesuita al que la Orden le prohibió dar a conocer su versión sobre la victoria de Francisco Pizarro. Con la asistencia de otros dos jesuitas, inventaron a Guamán Poma y redactaron, además de la Nueva Corónica..., otro texto en el que confiesan el ardid.
Por la sumatoria de todas estas variantes, entiende Schávelzon que de un tiempo a esta parte se está gestando otra manera de ver el problema. Por eso ahora se habla de la cultura de lo falso, y se admite que "al menos el 50% del total del arte mundial en exhibición es falso o mal atribuido de una u otra forma".
Claro que, como ahora todo es considerado falso hasta que pruebe ser auténtico, y nada debe perderse sino transformarse, existe un mercado para lo "falso auténtico" que incluye casas de arte y revistas especializadas en falsificaciones que valen muchos miles de dólares.