búsqueda avanzada
De los trece cursos (volúmenes) que están previstos publicarse de Michel Foucault en el Collége de France ya han visto la luz seis tomos -El poder psiquiátrico; Los anormales; Defender la sociedad, Seguridad, territorio, población; Nacimiento de la biopolítica; La hermenéutica del sujeto-. Recientemente, se ha publicado el curso que Foucault dictó en el ciclo lectivo 1982-1983, un año antes de la muerte del filósofo (junio de 1984): Le gouvernement de soi et des autres (traducido por Fondo de Cultura Económica como El gobierno de sí y de los otros). En consonancia con sus investigaciones finales –de la Historia de la sexualidad-, Foucault plantea la cuestión del concepto de parrhesía -hablar con franqueza-, que será, en este sentido, central. Focalizando en tres textos -Ion de Eurípides, los discursos de Pericles en Historia de la guerra del Peloponeso, de Tucídides, y la Carta VII de Platón-, la reflexión foucaultiana se deslizará hacia repensar un estilo de la existencia que tiene en la parrhesía al fundamento ético de la democracia ateniense. En la clase del 26 de enero de 1983 Foucault dice lo siguiente: "El discurso mediante el cual el débil, a despecho de su debilidad, asume el riesgo de reprochar al fuerte la injusticia que éste ha cometido se denomina precisamente parrhesía (...) La parrhesía, en consecuencia, consiste en lo siguiente: hay un poderoso que ha cometido una falta; esa falta constituye una injusticia para alguien que es débil, no tiene ningún poder, ningún medio de represalia, que no puede realmente combatir, no puede vengarse, está en una situación profunda de desigualdad. Entonces, ¿qué [le] queda por hacer? Una [sola] cosa: tomar la palabra y, a su propio riesgo, levantarse frente a quien ha cometido la injusticia y hablar. Y al hacerlo, su palabra es lo que se llama parrhesía". El parrhesiasta es, entonces, aquel que pone en riesgo su propia vida a riesgo de decir la verdad al que detenta mayor poder (un tirano, por lo general). Esta figura o institución que obsesiona al último Foucault parte de una idea aún mayor: la vida filosófica. No hay discursos verdaderos sin democracia: la parrhesía sólo puede darse en la medida que haya democracia, justicia. En ello, Pericles se constituye en un modelo al ejercer mediante la parrhesía un poder no tiránico, sino todo lo contrario. Esa convergencia entre politeia y parrhesía será la clave de oro de esa relación. En este sentido, tal como señala Frédéric Gros en el estudio sobre la "Situación del curso", la figura del maestro de existencia de la antigüedad helénica –en contraposición al director de conciencia cristiano- será un modelo que el pensamiento de Foucault tendrá como eje. Sin embargo, en la clase del 5 de enero de 1983 –la primera del ciclo- Foucault marca la intencionalidad de su investigación a partir de un texto extemporáneo al mundo griego –en una estrategia típica de su forma de erudición-, pero fundante en su programa intelectual: ¿Qué es la ilustración?, de Kant. La lectura foucaultiana dará cuenta de la problematización del presente como cuestión filosófica de la actualidad y del "nosotros" como interrogación del sentido, en las palabras del propio Foucault: "Me parece que en el texto de Kant vemos surgir la cuestión del presente como acontecimiento filosófico al que pertenece el filósofo del que habla de él. (...) La filosofía como superficie de aparición de una actualidad a la cual pertenece el filósofo, la filosofía como interrogación, por parte de éste, de ese 'nosotros' del que forma parte y con respecto al cual tiene que situarse". En ese marco de adscripción kantiano al cual Foucault no deja de remitir, es que tanto la noción de parrhesía como la de gobierno de sí –gubernamentalidad- se tornan centrales. Para Foucault la resistencia era simultánea a la normalización, ambas imbuidas en la misma lógica de un poder multipolar, "producían" subjetividad. El desafío, o, mejor, la solución residirá en desactivar, o, mejor, pensar un poder no normalizador, un gobierno que no interfiera (ergo, un autogobierno). Como dijo Gilles Deluze: lo que asombra de Foucault es que en un marco de "guerra" perpetua, de fuerzas en pugna, existan resquicios para una resistencia, para una curiosa forma de libertad que se da a través de las formas inéditas de subjetivación. Quizá una de las claves que nos lega Foucault repose en ese hablar con coraje –aun a riesgo de la propia vida- como testamento filosofal: el escándalo de la verdad. Como los cínicos en el ágora: nada brilla más que la insurrección del filósofo, su vida como testimonio.
• El compromiso con la verdad
• La filosofía como ascesis