NOTA DE PRENSA

Nota: El espectáculo de la intimidad
Autor de la nota: Cecilia Escudero
Medio: Revista Debate
Fecha: 12/09/2008
Libro: LA INTIMIDAD COMO ESPECTÁCULO
Autor del libro: Paula Sibilia
Extracto:

En la web abundan cada vez más espacios que reproducen imágenes vinculadas con la vida privada de los usuarios, un exhibicionista "show del yo" que crece a partir de un nuevo uso de las tecnologías de la comunicación. En esta entrevista, la autora de La intimidad como espectáculo considera que estas conductas pueden ser interpretadas como el síntoma de un cambio profundo en la subjetividad contemporánea.

Blogs, fotologs, YouTube, MySpace o Facebook son algunos de los integrantes más destacados de la denominada Web 2.0. El término fue acuñado, en 2004, para presentar una nueva concepción de Internet que alentaba a los usuarios a crear sus propios contenidos en la web. Así, la red mundial de computadoras, a poco andar el siglo XXI, se destacó por la propagación de nuevos modos de comunicación, con un éxito inusitado que involucró a millones de personas en el mundo. Los ampulosos anuncios no tardaron en aparecer, ya que los otrora meros espectadores habían comenzado "a apropiarse de las redes de los medios globales" y a forjar "una nueva democracia digital", según proclamó, por entonces, la revista Time. Al poco tiempo, y salvo excepciones de contenidos especializados, la parafernalia que pobló el ciberespacio abundó en videos caseros y fotos de los diversos eventos de la vida privada, así como anhelos y experiencias personales, entre otras intimidades. Un escenario donde, actualmente, predomina el enaltecimiento de lo común y lo cotidiano, el culto a la personalidad o simplemente "el show del yo", tal como se titula el primer capítulo del libro La intimidad como espectáculo, de la antropóloga argentina, radicada en Brasil, Paula Sibilia. Según la autora, las nuevas formas de "autoexposición" vía Internet pueden ser vistas como "síntomas" de una verdadera mutación en la subjetividad contemporánea, aquella que indica cómo "somos todos nosotros". Asimismo, Sibilia advierte acerca de la relación inseparable de estos fenómenos creativos con los intereses del "capitalismo en auge, que propicia el desarrollo de habilidades de autopromoción y autoventa en los individuos". En este sentido, el éxito de Web 2.0 conlleva, según la investigadora, "el deseo de mostrarse" porque lo que se exhibe, generalmente, son "las trivialidades de la vida de cualquiera en su banalidad radical". Ante este panorama, Sibilia, se pregunta qué sucedió con la idea de intimidad, "¿cómo es posible que sucesos íntimos de la vida privada se exhiban en la web?".

- ¿Qué respuestas encontró?

- La respuesta que consideré pertinente es que, efectivamente, algo cambió junto con las transformaciones económicas, políticas y sociales ocurridas en el mundo, desde mitad del siglo pasado hasta hoy. Algo cambió, entonces, en la forma en la que nos configuramos como sujetos, en la que construimos nuestro yo, es decir, hubo un cambio en la subjetividad occidental.

- ¿Por qué se produce el cambio? ¿En qué consiste?

- Es la consecuencia de un desplazamiento del eje alrededor del cual se construye lo que cada individuo es, su subjetividad. En el apogeo de la era moderna -siglo XIX y XX- ese eje estaba situado dentro de cada uno, en la vida psicológica, en el inconsciente, la conciencia, el alma, o la interioridad. Ese eje se fue desplazando hacia la superficie visible, en la que el hombre es definido por su imagen corporal, su piel, lo que puede mostrar, gestos, actitudes, en fin, lo visible. Se define lo que es, su yo, por esos signos, y menos por lo que cada uno tiene oculto.

- En este proceso, ¿cuál es la importancia de la web?

- Es especialmente adecuada para desarrollar este tipo de subjetividad donde el yo debe exponerse. Los nuevos modos de expresión que brinda Internet permiten esa espectacularización del yo, es decir, montar un espectáculo de la propia personalidad. Por supuesto, no es casual la aparición de la Web 2.0, responde a una demanda. Hoy, también tenemos el diario íntimo tradicional que creó la modernidad, sin embargo, no se usa tanto porque ya no es compatible con la subjetividad actual como sí lo fue con aquel burgués del siglo XIX, que escribía y leía solo y ensimismado en su cuarto, construyendo de ese modo su yo, su acervo interior, que era lo que lo definía como persona.

- Las dos subjetividades mencionadas, ¿remiten, en definitiva, a las denominadas cultura letrada -sostenida por la palabra- y la cultura audiovisual -sostenida por la imagen?

- Guy Debord describió, hace ya 40 años, la continua imposición de un régimen audiovisual obligatorio, que si bien brinda muchas posibilidades creativas y de cognición, también suprime otras. Hoy, la expansión de ese régimen continúa. Estaríamos en la cresta de la ola de la "sociedad del espectáculo", en la que el sujeto es lo que se ve. Entonces, ser visible se transforma en una especie de confirmación de que uno es alguien. En este contexto, no es la palabra lo que importa ya que hay un tipo de sociabilidad basada sobre las tecnologías audiovisuales y multimedia e interactivas. Por supuesto, todavía tenemos mucho de la subjetividad interiorizada. No es que haya desaparecido, de hecho, el psicoanálisis sigue siendo una tecnología del alma fundamental, pero estamos cambiando, estamos transitando hacia otra forma de ser.

- ¿Qué otras características definen a "la nueva forma de ser y estar en el mundo"?

- Una ruptura fundamental con el pasado, es el valor por lo trivial, todo es digno de ser exhibido. Además, actualmente, existe la posibilidad de ser famoso o conocido sin haber hecho, aparentemente, nada; sin ser el autor de una obra artística o destacarse en alguna actividad pública. En esta nueva sociedad, que está configurándose, la celebridad es un valor en sí mismo, no se cuestiona. Y debe ser buscada por todos, porque legitima la propia existencia. Por eso se busca desesperadamente la mirada de los otros. Asimismo, Debord decía que el espectáculo es mucho más de lo que sucede en las pantallas de cine o televisión, es una forma de vida, es decir, una relación entre sujetos mediada por imágenes. En este sentido, los fotologs son un ejemplo perfecto de espectáculo.

- Ante este triunfo de las apariencias, se destaca un insistente discurso del estilo "me muestro tal cual soy", a favor de la autenticidad, por ejemplo, en los blogs o los reality shows ¿Es contradictorio?

- No, porque desde el momento en el que se desinfla aquello que llamamos la interioridad, que históricamente era el lugar de lo verdadero, se genera una inmensa sed de autenticidad. Al estar todo tan ficcionalizado y espectacularizado, se busca lo realmente auténtico. Pero se trata de una autenticidad de las apariencias. Así, el ser y el parecer se funden.

- En su análisis, señala la funcionalidad de estas subjetividades con respecto al contexto histórico actual, ¿cómo describiría esta relación?

- Este proceso es inseparable de la economía, la política, la moral y los deseos del capitalismo contemporáneo, posindustrial. Entonces, este tipo de subjetividades, que no se apoyan más en una esencia invisible pero sólida, sino que se apoyan en lo visible, en lo que se pueda vender de sí mismo, es funcional a la sociedad contemporánea que no requiere más sujetos "disciplinados", como Michel Foucault los llamó, para trabajar en las fábricas de una sociedad industrial, sino que estamos ante otro proceso histórico que requiere otro tipo de cuerpos, más flexibles, capaces de cambiar.

- ¿Inclinados más a la reinvención de sí mismos?

- Sí. El problema es cuando esa posibilidad de reinvención se transforma en una obligación. Cada vez hay más estimulación a reinventarse, mediante el cuerpo, el look, etcétera. Uno de los beneficiados evidentes de esta manía es el mercado, que ofrece cada vez más opciones, estilos de vida, personalidades, y cuerpos a la venta.

- Asimismo en sus conclusiones, usted vislumbra posibilidades de superación para el hombre.

- El sujeto está liberándose de la condena de tener que ser siempre igual y fiel a así mismo.
Si estamos infelices con nuestro aspecto, podemos cambiar, por ejemplo. No estamos atados a una esencia. Pero, la posibilidad de reinventarse existe en todos los sentidos, no solamente comprando el cuerpo de la Barbie o la personalidad de Paris Hilton, que son las que impone el mercado. Al estar libre de los viejos anclajes delimitados por la moral burguesa, se abren posibilidades de creación de nuevas formas de ser y estar en el mundo, que no consistan en obedecer ciegamente lo que se vende.