NOTA DE PRENSA

Nota: Investigación sencilla y aleccionadora sobre un tema nada menor
Autor de la nota: Cristina Bulacio
Medio: La Gaceta - Tucumán
Fecha: 18/08/2002
Libro: UNA INTRODUCCIÓN A LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA
Autor del libro: Guillermo Obiols
Extracto:

Desde hace siglos, se mantiene problemática la relación entre estudiar filosofía, filosofar y enseñar filosofía.

Esta investigación, sencilla y aleccionadora, aborda un tema del que poco se habla, por considerarlo menor, y que, sin embargo, mantiene su problematicidad a lo largo de siglos. Se trata de la relación entre estudiar filosofía, filosofar y enseñar filosofía. ¿Se puede enseñar filosofía? ¿Es pérdida de tiempo para un filósofo estar delante de alumnos? ¿La docencia lo distrae de sus elevados pensamientos? Se puede distinguir entre aprender filosofía -con enfoque histórico- y filosofar, como un ejercicio del propio pensamiento. En apariencia no se aprende filosofía, sólo a filosofar. Sin embargo, las respuestas son variadas.
El autor trae a colación a filósofos paradigmáticos -Descartes, Kant, Hegel y Nietzsche-, quienes distinguen entre aprender filosofía (de otros) y aprender a filosofar. Kant decía que "aprender a filosofar es ejercitar el talento de la razón en la observancia de sus principios universales [...] pero reservándose siempre el derecho de la razón a investigar esos principios en sus propias fuentes y confirmarlos o rechazarlos" ('Crítica de la Razón Pura').
Luego de una breve historia de la enseñanza de esta disciplina en Europa, particularmente en Francia, que fue modelo de los programas educativos argentinos, se aboca a estudiar la inclusión de la filosofía en los curricula secundarios, terciarios y universitarios argentinos. El autor, más que ofrecer un método concreto, se dirige a profesores de filosofía que deseen revisar sus prácticas pedagógicas a fin de orientarlos sobre el sentido de tal enseñanza.
Es interesante observar el criterio que se aplicó para la enseñanza de la filosofía en nuestro país; tras él se adivina una concepción del mundo que prioriza cierta estructura social y política influida por la cultura europea. Hubo una época en que el "núcleo duro" -como le llama el autor- de la enseñanza filosófica se centraba en cuatro pilares: lógica, gnoseología, metafísica y ética. Pilares que representaban al iluminismo europeo y que se manifestaron en un cierto prestigio de la filosofía como saber elitista.
Como el propósito del libro es la enseñanza de la filosofía, Obiols avanza en el tema incorporando a la dupla aprender filosofía-filosofar, el enseñar filosofía. A lo largo de la historia del pensamiento, la filosofía ha mantenido una tensión irresuelta entre filosofía como saber de otros y filosofar como actividad propia. Filósofo no es el sabio sino el amante de la sabiduría; filosofar es preguntar, buscar y, por tanto, también aprender lo que otros pensaron, a fin de repensarlos, cuestionarlos y avanzar en la aventura siempre renovada del pensamiento.
Sostiene Obiols que así como para Sócrates la enseñanza era una parte de la filosofía misma, enseñar filosofía permite filosofar. Profesor de filosofía es aquel que dialoga con los filósofos y con los alumnos al mismo tiempo, haciendo del aula un lugar de producción de pensamiento. El autor propone las bases de un modelo formal para la enseñanza de la filosofía en el cual no se descuida el carácter interdisciplinario de la filosofía como saber de segundo orden, saber de saberes que debe actualizarse. Docencia e investigación son una tarea imprescindible para vitalizar el proceso enseñanza-aprendizaje de la filosofía.
Así, la enseñanza de la filosofía -quizás más que la de otras disciplinas- requiere libertad de espíritu y alcanza su cometido en tanto haya libertad de cátedra y autonomía del profesor del poder de las instituciones.
En el momento de concluir esta nota recibo noticias de la muerte de Guillermo Obiols, ocurrida a los 52 años. No lo conocí en persona, pero lo imagino como un hombre de bien que entendió verdaderamente que el ejercicio de la filosofía, esto es, la profundidad del pensar y el despliegue de la racionalidad, sólo tiene sentido si va unido a la generosidad de la enseñanza. Creo un deber, desde mi experiencia docente, ofrecer este sencillo homenaje a otro docente que dedicó gran parte de su tiempo a investigar cómo transmitir con amor y eficiencia un antiguo saber sapiencial a jóvenes alumnos.