NOTA DE PRENSA

Nota: El triunfo de la estética
Autor de la nota: Raquel A. Loiza
Medio: La Nación
Fecha: 24/06/2007
Libro: EL ARTE EN ESTADO GASEOSO
Autor del libro: Yves Michaud
Extracto:

Una atmósfera estética invade el mundo. La obra de arte como objeto sólido se desvanece en el aire, en un fluido que va coloreando todas las vivencias visuales. La sociedad coloca hoy bajo el signo de la belleza el maquillaje, el gesto deportivo, el cuerpo, el diseño, la cocina: "Todo es arte. El arte se volatilizó en un éter estético. Está en todas partes y en ninguna", reflexiona Yves Michaud, filósofo y crítico de arte, ex director de la Escuela Superior de Bellas Artes de París y profesor en la Universidad de París I, en 'El arte en estado gaseoso', decidida incitación a reflexionar sobre el sentido de las artes visuales hoy. Consciente de las mutaciones que han tenido las vivencias estéticas en general, Michaud expone en este breve y conciso ensayo las características esenciales de la creación, el desarrollo, el concepto y el consumo del arte contemporáneo.
¿Qué significa el triunfo de la estética y la evaporación del arte? Para explicar su tesis, Michaud traza un diagnóstico de las principales transformaciones artísticas y sostiene que las experiencias, actitudes, intenciones, si bien van desplazando a la obra, no terminan con el arte, sino con la noción de la obra como objeto.
Como un etnólogo, comienza describiendo el estado de la situación contemporánea: la casi desaparición de la pintura, el auge de la fotografía, la proliferación de instalaciones; la atención concentrada que deviene fluctuante; la "popularización y la vulgarización" trivial de los procedimientos desarrollados por Duchamp en los 'ready-made'. Aunque sigan existiendo pintores y fotógrafos profesionales, los artistas se convierten en productores de experiencias visuales y utilizan soportes como el video, la publicidad, el sonido, la palabra, para volcar sus ideas.
Ubica el arte contemporáneo en la perspectiva histórica del arte moderno, "un fabuloso bazar de formas y propuestas", que se desarrolló entre 1905 y 1978. Con el cubismo y después de la invención de los 'papier collés' de Braque y Picasso, se abre el tiempo de las vanguardias que, "se multiplicaron de manera excepcional". Destaca el Dadá, inventor del collage, el montaje, la poesía fonética, las obras multimedia, la instalación, el 'performance' y el 'happening', cuya influencia es fundamental para comprender la multiplicidad de movimientos y actitudes que durante los años sesenta y la primera mitad de años setenta dieron nueva vitalidad al arte moderno y al mismo tiempo aceleraron su fin. Ahora, reflexiona el autor, entramos en una especie de pos-posmodernismo. "Ya no existe el gran arte y tampoco las grandes obras, hemos entrado en una nueva era, la del triunfo de la estética". El arte en todas sus formas está orientado por las modas y tendencias. Los únicos rituales de sacralización son el tiempo libre y el turismo, advierte Michaud, quien expone las diferentes formulaciones teóricas de aquellos que han indagado los nuevos procesos, especialmente en el campo de la filosofía analítica del arte, y destaca el pensamiento visionario de Benjamin.
El nuevo régimen del arte, potenciado por la gran avidez del actual hedonismo por captar experiencias placenteras fáciles, ha despojado a la obra de su aura. Los museos se han transformado en centros de distracción y turismo para que los visitantes circulen mejor y compren en sus tiendas "productos derivados". El arte ya no es la manifestación del espíritu, sino un ornamento específico de la época. "Un paso más y sólo queda un perfume -concluye Michaud-, una atmósfera, un gas: aire de París, como diría Duchamp".