NOTA DE PRENSA

Nota: La vuelta al mundo fantástico y real de Tomás Eloy Martínez
Autor de la nota: Julián Guarino
Medio: Clarín
Fecha: 22/12/2006
Libro: LA OTRA REALIDAD
Autor del libro: Tomás Eloy Martínez
Extracto:

Cuenta el tucumano Tomás Eloy Martínez (1934) que, allá por 1976, en su exilio venezolano, le tocó entrevistar a Guillermo Meneses, escritor destacado que moriría dos años después. "Él estaba decrépito, vencido, era una sombra del que había sido, y tuve una conversación muy larga durante todo un día, sin embargo sentí que habían quedado cosas sin decir, y decidí ir a buscarlo al día siguiente, y no sólo ya no estaba él, sino tampoco su casa..." Más adelante cerrará la anécdota pero siempre hablará de lo mismo: el delgado hilo que separa la ficción de lo real, hilo sobre el cual él ha sabido construir un exquisito corpus literario.
Pero todos tienen una excusa para estar ahí, en el Malba, una tarde de diciembre. La del periodista y escritor Tomás Eloy Martínez, presentar su libro 'La otra realidad', una antología de textos suyos editados por el Fondo de Cultura Económica bajo el cuidado de la crítica brasileña Cristine Mattos que reúne fragmentos de sus novelas, notas periodísticas, relatos, textos inéditos y críticas literarias desde 1960 hasta la actualidad.
Pero hay más excusas: la del escritor Martín Caparrós (1957), hacer las veces de frontón del inagotable caudal de anécdotas que traen ficciones del propio Martínez que fueron tomadas como verdades y que él desgrana en forma literalmente encantadora e incluso la del centenar de espectadores que colma la sala del Malba, que quieren ver y escuchar al hombre que escribió 'Santa Evita' (1995), la novela argentina más traducida de todos los tiempos.
La presentación del libro servirá paradójicamente para hablar de los relatos que no están incluidos en él, entre ellos, el de Meneses, y que -se queja el escritor tucumano- representan la simiente de su literatura, concebida como una franja difusa entre la realidad y la ficción, tema que él supo hacer suyo. Pero toda antología es arbitraria -coinciden finalmente- y el escritor decide entonces bucear en sus primeros textos que él trae a cuestas. Ahí, se muestra sorprendido de que en la antología no esté incluído "Bazán", "un relato que escribí cuando tenía 22 años sobre una especie de Robin Hood provinciano al que se le aparece la Virgen, prácticamente canonizado por los tucumanos y que consideraba mi mejor texto inédito".
Después, cierra los ojos en un gesto de concentración y recita: "No encenderá el pastor como la oveja, el viento en su tesón el fugitivo..." y reconoce que éste sí, quizás, sea su primer texto, escrito a los 12 años y titulado "Lamentaciones por Ana Beira" e incluido por el escritor santiagueño Jorge Abalos en "Shunko", un clásico de la literatura infantil.
Más tarde hablará de las crónicas escritas a lo largo de su vasta vida periodística. De la famosa crónica "Encuentros en una casa equivocada" (1976), publicada en El Nacional, de Caracas, que él considera fundacional de su literatura y que habla de su visita al escritor Guillermo Meneses: "Es cierto, la casa de Guillermo Meneses no estaba y hasta recuerdo que vi, al pie del cerro venezolano, unas topadoras", comenta el escritor, y con una sonrisa añade: "La verdad, tardé un poco en darme cuenta que me había equivocado de casa... tuve la osadía de contarlo como si la casa no hubiera estado de verdad, porque fue vivido como si fuera verdad". Toda una definición.
La respuesta sirve para encadenar su primera experiencia en la escritura. "Había muerto alguien de la familia. Como en Tucumán se guarda una semana de luto, tenía prohibido ir al cine o leer. Entonces no tuve más remedio que imaginar aquello que no podía ver ni leer. El desafío de imaginar me pareció rendidor y maravilloso. Entonces escribí un cuento y se lo mostré a mi madre, quien me miró y me dijo que mejor me levantaba la prohibición". Claro, confiesa con una vergüenza casi teatral: "El cuento se trataba de una rebelión contra los padres".
"Escribir ese cuento me salvó, porque me levantaron la penitencia. Y por otra parte me salvó porque descubrí que la imaginación tiene un poder infinito. La literatura puede cambiarnos la vida, hace de nosotros otros seres, nos convierte en otras personas. Escribimos para reconocernos en ese que querríamos haber sido".