NOTA DE PRENSA

Nota: Los genocidios y la política de Pilatos
Autor de la nota: Claudio Aliscioni
Medio: Clarín - Revista Ñ
Fecha: 11/06/2005
Libro: PROBLEMA INFERNAL
Autor del libro: Samantha Power
Extracto:

Investigadora de Harvard, Samantha Power revela en su libro 'Problema infernal' cómo los gobiernos norteamericanos evitaron involucrarse en el combate a los genocidios ocurridos en Europa, Asia, África y Oriente Medio.

Desde Woodrow Wilson hasta George W. Bush, un mismo problema internacional ha merecido idéntica respuesta por parte de presidentes republicanos y demócratas. Todos, aun con sutiles diferencias entre sí, han evitado comprometerse en el combate a los genocidios a lo largo del último siglo. Los crímenes ocurrieron en Europa, Asia, África y Oriente Medio. "Pero ningún mandatario tuvo como prioridad el genocidio y ninguno ha pagado un costo político por desentenderse de él", afirma Samantha Power en su libro 'Problema infernal. Estados Unidos en la era del genocidio' (Fondo de Cultura Económica), que acaba de publicarse en Argentina.
La obra -por la cual esta profesora de Harvard ganó el Premio Pulitzer 2003- pasa revista a los principales episodios de exterminio masivo en el siglo XX (de armenios, de judíos, de camboyanos, de kurdos en el Irak de Sadam, de musulmanes en los Balcanes, de tutsis en Ruanda) y marca con precisión cuáles fueron los mecanismos que guiaron la reacción de Washington, siempre reticente -según sostiene- a invertir su poder en la atención del problema. Power conversó con Ñ en su reciente visita a Buenos Aires.

- ¿Cómo define el genocidio?

- En la ley internacional, es el intento sistemático de destruir en un todo o en parte sustancial un grupo étnico o religioso nacional como tal. En la práctica eso usualmente significa apuntar o tomar como blanco a gente diferente de uno, étnica o religiosamente, incurriendo en las llamadas "limpiezas étnicas", matándolos, sometiéndolos, degradándolos, en un modo y nivel que deben abandonar el territorio donde viven como grupo.

- Una de las tesis principales de su libro es que EE.UU. nunca ha intervenido para impedir un genocidio. ¿A qué se debe esa ausencia?

- Básicamente, a que Estados Unidos en tanto Estado, como cualquier otro Estado, persigue su propio interés económico y de seguridad. En la mayoría de los casos un genocidio ocurre en una zona que no interesa como tal o en un país que es un aliado, como fue en su momento el caso del ataque a los kurdos iraquíes por Saddam Hussein en los años 80. Esta es la razón estructural no sólo de Estados Unidos; es de cualquier democracia.

- ¿Pero eso explica todo?

- No. El otro asunto involucrado son las presiones políticas. En el caso estadounidense, nunca ha habido realmente presión suficiente como para movilizar al gobierno a un lugar determinado para prevenir un genocidio.

- ¿Alude a presiones internas o a presiones externas?

- Depende. En mi país, usted tiene las dos, pero hay una gran presión interna a través de la prensa, de grupos sociales o económicos, hay gente que presiona a los legisladores. Entonces, el gobierno se ve forzado a hacer algo cuando la gente protesta. La otra forma de presión, la externa, son los países aliados. Pero, en general, aun con presiones, cuando no hay un interés nacional involucrado, los gobiernos no hacen nada.

- Pero pareciera que la inacción no es privativa sólo de EE.UU. Tampoco Europa ha intervenido, pese a que tuvo un genocidio en los Balcanes, su propio corazón geográfico...

- Exacto. Pero Europa es un gran conglomerado de países. Aunque individualmente pueden hacer algo cuando les importa, tienen capacidad de actuar, son un bloque. Sin embargo, es cierto, las atrocidades por lo general no importan. Incluso en algunos países uno ve que ponen mucho dinero en ayuda humanitaria, pero no se aprecia que estén dispuestos a enviar tropas a una zona que lo necesita. Hay una gran conciencia en la sociedad por los derechos humanos, pero hay muchos límites sobre lo que la gente está dispuesta a sacrificar para defender esos principios.

- En ciertos sectores de EE.UU. parece haber una idea de "excepcionalidad" del Holocausto judío, según la cual los otros genocidios no se pueden comparar a él. ¿Cómo analiza ese dato?

- Sí, hay una idea de que sólo hubo uno. Pero esos sectores tienen un gran problema con el genocidio de Ruanda porque ocurrió de un modo mucho más rápido. El genocidio ruandés fue mucho más "eficiente" que cualquier otro: en 100 días hubo 800.000 asesinatos. Aunque, por otro lado, hubo grupos judíos sorprendidos por la matanza de musulmanes en Bosnia y que hicieron lobby para que se detuviera.

- Sin embargo, hay genocidios, como el de armenios a manos de los turcos, que siguen causando efectos políticos. Hace unos días fue su 60 aniversario, pero EE.UU. aún no lo reconoce como tal. ¿Tiene algo que ver con su alianza con Turquía e Israel?

- Sí, mucho. Pero lo interesante aquí es que hay una gran división aquí entre legisladores y el público, que quieren reconocerlo, y la Casa Blanca. Especialmente ahora, la Casa Blanca necesita un aliado secular entre los musulmanes, de modo que siente que los turcos son vitales. De allí que las perspectivas de reconocimiento futuro no son buenas...

- ¿Qué influencia puede tener el 11 de Septiembre en la política estadounidense sobre genocidios?

- De un lado puede influir sobre las políticas aislacionistas de mi país que vienen de la Primera Guerra Mundial. También ha cambiado la conciencia pública sobre nuestra posición en el mundo. La respuesta desde el 11-S ha sido de dos clases. Una es ocultarnos detrás de un muro protegiendo nuestra seguridad doméstica. La otra es comenzar a conversar sobre qué es lo que EE.UU. ha hecho en el mundo. Pero mientras tanto hay una sensación de miedo y de amenaza en EE.UU. que ha generado actos que provocan más odio hacia mi país en el exterior...

- Incluso entre sus aliados. Recuerdo la negativa de Bush a reconocer la Corte Penal Internacional...

- Sí, pero no creo que ése sea un gran tema ahora para los gobiernos de EE.UU.

- Pero hay diferencias en la posición de EE.UU. con Clinton y con Bush, ¿verdad?

- Eso es muy generoso para Clinton. Él firmó el Tratado que creó la Corte porque quería ser visto en el lado correcto. Pero no fue nada más que eso. Usted, sin embargo, tiene razón en un punto: lo de Bush fue "bueno, matemos la Corte. No quiero que exista". Era algo que nada tenía que ver con él ni con sus ideas.