Nota: Cuando el periodismo se pone a investigar
Autor de la nota: Alvaro Aurane
Medio: La Gaceta - Tucumán
Fecha: 15/05/2005
Autor del libro: Daniel Santoro
Extracto:

El manual sobre periodismo de investigación de Daniel Santoro entra en esa categoría tan acientífica como comprobada de libros que hacían falta. Porque ya era hora de que hubiera una publicación seria referida a una de las técnicas informativas más sanas para los medios (en particular) y para las instituciones (en general). Y que, a la vez, resulte tan urticante para los grupos de poder. Es que, aunque el periodismo de investigación no debe ser tomado como un sinónimo del periodismo de denuncia, en los hechos sí se equipara uno con otro. Y esta obra, publicada por el Fondo de Cultura Económica, dará numerosos ejemplos de por qué es natural que así ocurra.
'Técnicas de Investigación' forma parte de la colección que dirige el tucumano Tomás Eloy Martínez para la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que preside Gabriel García Márquez. Y configura una tarea sin mezquindades. Santoro, editor de la sección Política del diario Clarín e investigador del tráfico de armas de la Argentina a Ecuador, no se guarda nada. Como tampoco lo hace en las disertaciones que brinda, que fueron la masa crítica de la que germinaron estas 300 páginas.
Se trata de un libro valiente, en el que hay una descripción detallada sobre las presiones que el investigador puede recibir, tanto internas como externas al ámbito de trabajo. La obra no se cierra en sí misma. Precisamente, el apéndice contiene un artículo de Horacio Verbitsky, quien relata su investigación sobre el caso "Swift-gate" -le costaría a Carlos Menem casi medio gabinete-, y aporta el "método de la pesca". Es, también, un manual honesto, que describe las una y mil limitaciones de la tarea.
Claro que buena parte del trabajo está dirigido a estudiantes (Santoro es docente universitario), pero nunca cae en perogrulladas, del estilo de llevar pilas de repuesto o más de una lapicera encima. Los iniciados en el periodismo encontrarán útiles distinciones entre lo que es una investigación (con todos sus atributos) y una primicia; así como clasificaciones de las fuentes de información que resultan sobradamente interesantes. Hallarán, además, lúcidos y abiertos abordajes acerca de las eternas discusiones de la profesión, que van desde acceder a entrevistar a una fuente por fuera del registro -'off the record'-, hasta trabajar con una cámara oculta, pasando por si se debe pagar, o no, por una información. Y no faltan las advertencias referidas a evitar las filtraciones dirigidas a confundir, y a la preservación de la documentación para conjurar demandas por calumnias e injurias.
El libro tampoco ahorra páginas en instrucciones para la recolección de datos. Y en ilustrar acerca de cómo escribir un informe propio de este género periodístico, incluyendo desde las preposiciones hasta las técnicas del periodismo narrativo. Luego, todo el recetario pasa al plano de la aplicación práctica, cuando Santoro ilustra cómo hizo la investigación que derivó en la detención del ex presidente justicialista.
Para quienes son periodistas en actividad, el trabajo hace también un aporte inestimable desde varios lugares. Uno de ellos es la sistematización de la tarea investigativa, que no se reduce a las pautas que deben seguirse durante un trabajo de esta clase. Comprende, por ejemplo, un listado de los organismos públicos que pueden brindar información clave. Y, además, el hecho de que toda la tarea debe salir semanalmente de las libretas de apuntes para convertirse en memorándumes internos, informativos o interpretativos. Así, se preservan hasta los detalles ínfimos, sobre todo en los casos de largo aliento.
Para el cierre, hay un apartado doctrinario sobre lo que esta práctica informativa representa, en el que escriben varios periodistas latinoamericanos. Y, como final, el epílogo ("El periodismo de investigación vale la pena") es más bien una carta de Santoro dirigida a periodistas y a editores de medios. Además de lo que el título sintetiza, la idea que subyace entre líneas puede resumirse, apretadamente, en una advertencia que hacía Julia Preston, durante 2000, en un seminario sobre periodismo de investigación que dictó, precisamente, en la sede de la FNPI (Cartagena de Indias, Colombia). La ganadora del premio Pulitzer de 1999, y periodista del New York Times, advertía que, por sus resonantes implicancias, hacer periodismo de investigación es, a la vez que una determinación editorial, también una decisión política. Que, para el poder, siempre será políticamente incorrecta.