NOTA DE PRENSA

Nota: Del juicio a Olivos
Autor de la nota: Luis Alberto Romero
Medio: La Nación
Fecha: 10/10/2004
Libro: MEMORIA POLÍTICA
Autor del libro: Raúl Alfonsín
Extracto:

Aunque contiene abundantes testimonios personales, este texto no puede ser descripto como memorias, en el sentido corriente del término, sino como una memoria: una exposición razonada acerca de un conjunto circunscripto de cuestiones, las más importantes de la vida política de su autor, aquellas que han suscitado mayor controversia. Son su defensa. Alfonsín cree que quienes lo atacan no han comprendido las circunstancias que rodearon algunas de sus decisiones, ni tampoco han evaluado correctamente sus consecuencias. Aquellas pueden ser explicadas; en cuanto a éstas, el tiempo pasado permite una legítima especulación.
Dos son las cuestiones centrales en 'Memoria política. Transición a la democracia y derechos humanos': por un lado, el juicio a los militares del Proceso y la larga secuela de conflictos en las fuerzas armadas; por otra, el "pacto de Olivos", por el cual Alfonsín acordó con el ex presidente Menem la reforma de la Constitución. Respecto de los militares, Alfonsín subraya la coherencia de toda su conducta con la propuesta explicitada en la campaña electoral: esclarecimiento de la verdad y juicio a los culpables, estableciendo grados de responsabilidad. Afirma que nunca se apartó de esa línea, que jamas se contempló la posibilidad de la amnistía y que la controvertida ley de Obediencia Debida -que se supuso resultado de una negociación con los "carapintadas"- fue redactada antes del alzamiento de Semana Santa. Señala también la importancia del resultado: un juicio a los principales responsables, prácticamente sin parangón en el mundo, y un dictamen sobre el terrible episodio que la sanción judicial hace inapelable constituyeron las sólidas bases del nuevo estado de derecho.
Este balance es subrayado, en un breve y admirable prólogo, por Juan Carlos Portantiero. Muchos han juzgado que la de Alfonsín fue una tarea incompleta y han minimizado aquel resultado. El ex presidente afirma que no hubo nada de natural en ese final de la cuestión militar y que, por el contrario, el balance de fuerzas inicial hacía dudoso el éxito final. Un 40% del electorado había votado en 1983 por el candidato peronista que apoyaba la autoamnistía militar; fuertes voces corporativas reclamaban el piadoso manto de olvido, y en el frente militar, aquellos oficiales que se decían respetuosos de la autoridad civil en poco se diferenciaban de sus colegas que habían decidido insubordinarse. La parte más impresionante del libro se refiere precisamente a esos tensos episodios en los que todo el orden civil parecía a punto de desmoronarse, en especial, el episodio de Semana Santa, que Alfonsín reconstruye con sobriedad pero poniendo de relieve todo el dramatismo de la situación. No fue el último, y de algún modo, Alfonsín convivió con el enemigo durante seis años, combinando, tal como surge de su relato, principios inflexibles, ejercicio de la autoridad, contemporización y diálogo.
El segundo gran tema es el "pacto de Olivos". Argumenta Alfonsín que durante su gobierno se trabajó intensamente en un proyecto de reforma de la Constitución, que la hiciera adecuada a su propuesta de modernización y equidad social. El proyecto fue abandonado cuando estalló la crisis final de su gobierno. En 1993, según su diagnóstico, existía la posibilidad de que Menem reformara la Constitución para autorizar su reelección, utilizando mecanismos que destruirían las bases del orden jurídico y provocarían lo que juzga un daño irreparable. En cambio, aceptar que el mandato presidencial durara cuatro años le pareció un precio adecuado para una reforma constitucional que no sólo modernizó la carta magna sino que resultó de un amplio acuerdo político, aquel que había faltado en los comienzos de la construcción democrática. Los presidentes pasan y las constituciones quedan y marcan el camino del desarrollo institucional, parece ser su balance.
Al analizar éstas y otras decisiones que tomó, como presidente y como político, Alfonsín aporta interesantes reflexiones sobre temas clásicos de la política. Limitar el juicio a los máximos responsables, o proponer el criterio de la obediencia debida -y quizá la negociación con Menem- fueron decisiones difíciles, que requirieron elegir entre lo deseable y lo posible, y sobre todo, reflexionar acerca de las consecuencias inmediatas y mediatas de cada acto. Un ajedrecista novato piensa en la jugada siguiente, mientras que uno experto puede adelantar varias jugadas o hasta imaginar todo el desarrollo de una partida. Se ha dicho que los hombres rara vez son conscientes de las consecuencias, usualmente no queridas, de sus actos. Pero algunos son capaces de una reflexión menos atada a la coyuntura, de una proyección que no sea sólo utopía. Eso es lo que caracteriza a los estadistas, y sin duda, Alfonsín lo es.