NOTA DE PRENSA

Nota: Raúl Alfonsín narra el retorno a la institucionalidad
Autor de la nota: Ángel Anaya
Medio: La Gaceta - Tucumán
Fecha: 03/10/2004
Libro: MEMORIA POLÍTICA
Autor del libro: Raúl Alfonsín
Extracto:

Como bien señala en el prólogo Juan Carlos Pontantiero, la memoria política de Raúl Alfonsín es un aporte muy poco común a una historia como la nuestra, donde son notorias esas ausencias de presidentes señeros, civiles o militares. Por fortuna, en este caso no ha sido así, pues se trata de un momento tan liminar como el que puso fin a 53 años de incertidumbres institucionales que, salvo muy aislados períodos para la esperanza, fueron socavando la fortaleza de la República. El ex presidente, además de su contribución a la historia de esa instancia crítica, logra rescatar para el mejor juicio lo esencial de su protagonismo: la investigación de los crímenes de la dictadura y el enjuiciamiento de sus responsables, un hecho sin precedentes que sin duda contribuyó a desmilitarizar la política argentina reinstitucionalizando a las Fuerzas Armadas y alejando a la sociedad civil de las tentadoras alternativas inconstitucionales. Nada más ni nada menos, a pesar de lo cual -como observa Alfonsín con lógica pesadumbre- cierta historia comprometida prefiere recordarlo como impulsor de la Ley de Obediencia Debida y no como promotor de los inéditos juicios.
El temario de esta memoria no sólo es extenso, sino extraordinariamente diverso, y remite a dos aspectos fundamentales que el autor consigue ordenar, no sin dificultades por haber estado permanentemente entrecruzados en la gestión presidencial: la preservación del orden constitucional frente a las repetidas amenazas de sofocarlo una vez más, y aspectos de gobierno, donde los errores no se ocultan y que el tiempo inexorable habrá de sentenciar. En el primer caso, el aporte de testimonios y razones sobre el juicio a las juntas militares, los amotinamientos castrenses y los episodios de Villa Martelli y La Tablada, es múltiple e ilustrativo. Lo mismo la exposición de motivos que llevaron al ex presidente a recurrir a la Ley de Obediencia Debida, cuya valoración política no es posible sin la consideración de su contexto histórico; es decir, el precio político exigido por la preservación de la democracia. Esos episodios, sin embargo, contribuyeron a demostrar el cambio profundo operado en la ciudadanía que, tras décadas de tolerancias o indiferencias ante los golpes de Estado, secundó en la Plaza de Mayo al Presidente en la defensa del orden constitucional cuando fue necesario.
Seguramente que esa tarea defensiva de la integridad institucional, más la zigzagueante gestión económica de gobierno, hizo demasiado ambiciosos proyectos tan complejos como el cambio geográfico de la Capital Federal o la reforma constitucional, precedida por la convocatoria del Consejo para la Consolidación de la Democracia. La recuperación partidaria del peronismo, merced a la renovación encabezada por Antonio Cafiero, pareció abrir un cauce hacia el diálogo constructivo de las grandes expresiones políticas, mas no fue así con la irrupción de Carlos Menem en la escena; de manera tal que, al no poder acceder a la reforma constitucional durante su acortado gobierno, Raúl Alfonsín desemboca en el Pacto de Olivos con su rival en el poder y tras una severa derrota electoral radical que anticipaba un temerario proceso reformador. El ex presidente se muestra orgulloso en ese punto por haber contribuido a la reducción del presidencialismo que se observa en la Ley Suprema reformada hace una década. Infortunadamente se trata de una victoria más formal que realista, cuando se observa cómo los oficialismos sucesivos se han esforzado en frustrarla, eludiendo o impidiendo las reglamentaciones adecuadas, o invocando emergencias que parecieran prometer hoy inquietantes hegemonías presidenciales.