NOTA DE PRENSA

Nota: La dolorosa tensión entre la convicción y la razón de Estado
Autor de la nota: María Seoane
Medio: Clarín
Fecha: 08/08/2004
Libro: MEMORIA POLÍTICA
Autor del libro: Raúl Alfonsín
Extracto:

En este testimonio Alfonsín aborda los núcleos de su gobierno y avanza al presente. Va desde los juicios a militares y la híper al Pacto de OIivos, Menem y Kirchner.

¿Es el libro de un demócrata convencido o el de un político que, siguiendo la tradición nacional, ejerce la defensa propia ante la interpelación de la Historia? Tal vez es ambas cosas. La pregunta puede ser formulada por cualquier argentino que se asome a estas páginas no desprovistas de pasión y de razón. Alfonsín sabe -y lo dice en este libro 'Memoria política: transición a la democracia y derechos humanos'- que tiene derecho a una palabra que no está bajo sospecha de corrupciones o violencias contra la sociedad. Es el libro de un abogado defensor de los derechos humanos y fundador de la APDH, del ex jefe político de la Nación, del centenario radicalismo, de la oposición y el acuerdo con el menemismo, del acuerdo de gobernabilidad con Duhalde en los fuegos críticos del default de 2002, del dirigente de la Internacional Socialista, y ahora del político que señala su preocupación frente a un Kirchner que supone "hegemonista" y por la tentación fascista de querer combatir la inseguridad con mano dura.
El prólogo del intelectual Juan Carlos Portantiero y el epílogo de la dirigente radical Elva Roulet presentan a Alfonsín como un hombre de coraje en la defensa de la democracia. Pero a lo largo de este libro de 340 páginas, Alfonsín vuelve a mostrar una singular tensión entre sus convicciones más profundas y muchas de las medidas que tomó en función de la coyuntura política nacional e internacional. Esa tensión habla del carácter moral de un dirigente. De su formación liberal-romántica como se señalaba de los padres del socialismo moderno. Pero, también, revela una concepción unívoca de cómo el poder debe ser ejercido en función de una ética de la responsabilidad más que de la convicción. Este dilema aparece en el racconto que Alfonsín realiza a lo largo del libro.
¿Hay revelaciones? Deliberadamente Alfonsín se detiene en escasas anécdotas sobre los protagonistas. Pero hay una secuencia política en la que explica hechos clave. Por ejemplo: qué cosas fueron definitivas en la elección de juzgar sólo a las cúpulas militares. Respecto de los levantamientos carapintada -de Rico, en Semana Santa, y de Seineldín en Villa Martelli- Alfonsín abunda en detalles. Algunos desconocidos, como la explicación de por qué el general Alais no avanzaba en la represión al movimiento de Rico. De cómo fue en verdad su charla con Rico en Campo de Mayo, horas antes que saliera al balcón de la Casa Rosada a decir "la casa está en orden. Felices Pascuas", y detalles de las reuniones entre Seineldín y Menem que lo convencieron de que allí había una "connivencia" política que desestabilizaba su gobierno. En esa línea, lo más interesante sobre el asalto del Movimiento Todos por la Patria (MTP) al cuartel de La Tablada en enero de 1989 es la secuencia de cómo fue planeada esa operación de inteligencia. Y, luego, una carta inédita del jefe de ese trágico asalto, Gorriarán Merlo.
Alfonsín no se detiene mucho en los grandes temas económicos como la hiperinflación, los "golpes de mercado" y los saqueos que precipitaron su renuncia, o en las presiones norteamericanas sobre la deuda externa. Hace, sí, un balance de lo logrado en su gobierno en las cuestiones políticas. Sobre todo revela, a la luz de la historia, cómo -a pesar de saber que la pulsión más importante de Menem para la reforma constitucional era la posibilidad de su reelección- Alfonsín accedió al Pacto de Olivos. "La Argentina estaba sumergida en una marejada conservadora", dice del '92.
Y, en este último punto, con cierta delicadeza de caballeros, Alfonsín es intransigente cuando critica la manera de "privatizar el poder y de sumergir en la pobreza a la sociedad" de la era Menem. Compara los datos económico sociales del fin de su gobierno: "Nosotros terminamos con un 9% de desocupación", dice. Y se siente, al fin, vencedor.