NOTA DE PRENSA

Nota: Con toda la palidez de octubre
Autor de la nota: Sylvia Saítta
Medio: Reseñas/CeLeHis
Fecha: 01/12/2018
Libro: INTELECTUALES Y CULTURA COMUNISTA
Autor del libro: Adriana Petra
Extracto:

El objetivo de Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra es, como señala Adriana Petra en la introducción, estudiar las relaciones entre el Partido Comunista Argentino y los intelectuales, escritores y artistas, en un período clave de la cultura comunista como es el que se abre a finales de la Segunda Guerra Mundial, con la Guerra Fría, y termina a comienzos de los años sesenta, después del impacto de la Revolución Cubana de enero de 1959, que modifica los vínculos entre los intelectuales y la izquierda latinoamericana, y la expulsión, en 1963, de intelectuales disidentes, como José Aricó y Juan Carlos Portantiero, del Partido y de Pasado y Presente, una de las principales revistas del comunismo argentino.
Mientras que el comienzo del período de análisis está atravesado por el tsunami que implicó la irrupción del peronismo en el escenario político nacional —y particularmente en su rivegauche—, su cierre está pautado por un proceso que empieza durante el proceso de des-estalinización del Partido Comunista después de la muerte de Stalin en 1953, y continúa con la nueva interpretación de lo nacional que surge a partir de la lectura de Antonio Gramsci en Argentina, el golpe de Estado de septiembre de 1955 y la Revolución Cubana.
Petra elige, de modo inteligente, centrar sus preguntas en el punto de encuentro, y confrontación, de dos lógicas: la que proviene del campo intelectual y la que responde a la dinámica del mundo político-partidario, para estudiar así las paradojas, las tensiones, las rupturas y los acomodamientos que signaron a intelectuales y escritores comunistas durante más de una década. A su vez, la cuidadosa reconstrucción de las trayectorias intelectuales de los militantes orgánicos, los compañeros de ruta, los escritores, poetas y ensayistas del período, pertenecientes o vinculados a las actividades del Partido Comunista Argentino, ofrece hipótesis de lectura para abordar, con una nueva perspectiva, las tensiones, paradojas y rupturas que atravesaron también a quienes escribieron, pensaron y dudaron durante los años treinta, como Aníbal Ponce, Elías Castelnuovo, Roberto Arlt o la red de intelectuales antifascistas de la AIAPE (Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores).
Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra es, sin dudas, un aporte fundamental para la historia de las izquierdas y de los intelectuales argentinos. Después de revisitar la historia del Partido Comunista Argentino desde su fundación en 1918 y el creciente predominio de Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, sus dos dirigentes más influyentes, Petra se centra en el estudio del aparato cultural del Partido: sus editoriales (Cartago, Lautaro, Platina, Futuro, Quetzal, Anteo, Ediciones Cultura, Procyón), sus publicaciones (Gaceta Literaria, Nueva Expresión, Por, Hoy en la Cultura, Pasado y Presente, La Rosa Blindada) y sus instituciones (la Casa de la Cultura Argentina o el Instituto de Relaciones Culturales ArgentinaURSS); y se detiene en las trayectorias de sus principales intelectuales —Héctor P. Agosti, Ernesto Giudici, Amaro Villanueva, José Aricó, Juan Carlos Portantiero—, siempre en diálogo con los virajes políticos provenientes de Moscú y la situación internacional y nacional. En este sentido, es bien interesante el minucioso seguimiento que Petra realiza de los entendidos y malentendidos entre el comunismo y el peronismo en términos políticos pero también en cuestiones culturales. El caso más significativo es, quizá, el del escritor comunista Alfredo Varela, autor de la novela El río oscuro (1943) sobre la que se basó el guion de la película Las aguas bajan turbias (1952) dirigida por el director peronista Hugo del Carril: mientras que el libro —una denuncia de la explotación laboral de los mensúes en los yerbatales de Corrientes y Misiones—, era leído como un exponente del realismo socialista, la película —en cuyo guion colabora un Varela ya encarcelado por el gobierno de Juan Domingo Perón— fue considerada uno de los mejores modelos del cine peronista.
Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra es, también, un libro imprescindible para quienes leen el libro desde otros campos disciplinarios, como la literatura y el arte. Petra reconstruye los controvertidos debates entre el realismo socialista, en su versión zhdanovista, y el nacionalismo cultural del peronismo; entre el arte social y la vanguardia estética; entre la función del arte revolucionario y las normativas partidarias. A su vez, reflexiona sobre los significados y las implicancias de ser un escritor comunista; sobre los vínculos entre el antiimperialismo comunista y las tradiciones culturales argentinas, como el criollismo, el mito gaucho y el ruralismo; sobre los alcances del término “literatura comunista” a partir de la instauración del realismo socialista como estética de la revolución. En la tradición comunista, dice Petra, la literatura “fue objeto de una particular atención por parte de las autoridades políticas, y los escritores disfrutaron de un reconocimiento tan inusitado como el rigor con el que se controlaba su producción artística y su función en la construcción de una imagen prestigiosa de la cultura soviética y el mundo socialista” (2017: 18); en el espacio del comunismo intelectual argentino, los escritores “fueron la categoría dominante, aunque no exclusiva, a lo largo del período estudiado en este libro” (2017: 19).
A la luz del libro de Petra, por ejemplo, la relectura de Roberto Arlt que la crítica literaria siempre atribuyó a Contorno, adquiere otra dimensión en el marco de las discusiones internas de los intelectuales y los escritores comunistas. Se sabe que Raúl Larra escribió la primera biografía de Arlt, Roberto Arlt el torturado, en 1950, y que reeditó toda su obra en Futuro, la editorial que había fundado en 1944. Esta operación, leída en el marco de la “purga antivanguardista” de 1948, cuando “la dirigencia comunista argentina se propuso ordenar los asuntos culturales que cada vez más parecían alejarse de las necesidades de ‘unidad ideológica que imponía la hora” (2017: 122), demuestra que Larra ya sabía lo que la misma Adriana Petra afirma en más de un momento de su libro: que en el caso argentino hubo muchos escritores ligados al Partido Comunista pero que ninguno alcanzó ni un renombre internacional, como Pablo Neruda o Jorge Amado, ni ocupó algún tipo de centralidad en el marco de la literatura nacional. En este sentido, el libro demuestra que Larra realizó un gran movimiento crítico —leer a Arlt como escritor comunista— que la ortodoxia del Partido Comunista no pudo ni supo ver.
Con un preciso manejo de fuentes diversas y un acertado equilibrio entre la reconstrucción documental y la impronta interpretativa, Adriana Petra cumple, con gran solvencia, el objetivo de cuestionar la versión monolítica y sin contradicciones de los intelectuales, escritores y artistas comunistas, y proponer, a su vez, a la disidencia —tanto interna como en relación la Internacional Comunista y las estrategias soviéticas— como una de las grandes instancias de cambio, renovación y heterodoxia de la historia del Partido Comunista Argentino.