NOTA DE PRENSA

Nota: La frontera indómita
Autor de la nota: Evarsto Cultural
Medio: Evaristo Cultural
Fecha: 12/12/2018
Libro: LA FRONTERA INDÓMITA
Autor del libro: Graciela Montes
Extracto:

La construcción y resguardo de un espacio poético propicio para experimentar aquello que eleva al ser humano, en virtud de un estímulo orientado a contactar con la creatividad artística.

Graciela Montes, en La frontera indómita, nos invita a reflexionar acerca de la infancia en relación con la cultura, ubicándonos, para ello, en ese preciso estadio preconcebido "culturalmente".

En estos términos, reconocemos el papel fundamental de la educación. Y advertimos el puente imaginario que se extiende entre el mundo real y el ficcional.

Un territorio de comunión y equilibrio que los reúne en la articulación de ese espacio fértil.

Así, la literatura representa un aporte esencial al funcionar, según lo pienso, como una topadora empujando aquellos límites culturales que, en la práctica, operan como trincheras en favor de la censura, entorpeciendo el despliegue de un ejercicio vital.

Montes abre esta propuesta con Scherezada. Y, en ese punto de partida, ya intuimos que debemos hacernos cargo de la cuota parte que nos toca en la "construcción de la libertad", no obstante la complejidad de todo aquello que nos rodea. Todo lo ya construido en capas, sobre capas.

"… Scherezada logró, a fuerza de cuentos, demorar su muerte durante mil y una noches y luego, como consecuencia de esa demora, demoraba aún más, sine die, es decir, sin día de plazo fijo, con plazo azaroso, que es la mejor moratoria que, hasta ahora, hemos conseguido los humanos en el banco del destino. El personaje de Scherezada, la contadora, la que fabrica, con sabiduría y paciencia, una red de resistencia contra la ferocidad -y la tremenda falta de humor, además- del rey Schariar, la que, a pura palabra, impide que el alfanje caiga en su nuca y la degüelle, como antes a cada una de las pobres esposas por un día de ese revanchista implacable, me agrada mucho. Y creo también que me ilumina".

Graciela Montes, habiendo iniciado sus reflexiones bajo la protección de Scherezada, enfrenta luego un dilema; duda si apelar a la figura de Aristóteles, para seguir reflexionando, o hacerlo a la luz del recuerdo de su abuela contándole su cuento favorito, el del burro milagroso y justiciero que sabe fabricar oro en respuesta a las palabras mágicas: "asnín, caga azuquín".

La abuela narradora, en ese tiempo dedicado al cuento, asumía otro perfil; se mostraba más libre al encarar la conquista de ese otro espacio, en el que compulsa la imaginación con lo real. Un espacio de convergencia. Una dimensión en la que, la atención y la emoción de los niños hace posible que, toda aventura prospere en búsqueda de satisfacciones.

Un territorio de puertas abiertas que la abuela inauguraba, habilitando el goce de un tiempo compartido, diferente, en el que la diferencia también podía encontrarse en el comportamiento de ciertos elementos, naturales, puestos al servicio de un plan poético.

Aquí la niña (Graciela Montes), en empatía con su abuela, se entrega a un pacto tácito, queda dentro de los cuentos, los experimenta de un modo sensorial y, al salir de ahí, algo ganó, se siente un poco más sabia. Igual que Scherezada en la biblioteca de su padre.

"La pregunta era: ¿cómo se empezó a construir ese territorio donde están, se mezclan, se aparean, se prestan jugos, las historias que me contaron, las que yo, a mi vez, cuento, las que he leído, y hasta las que me tengo prometido leer cuanto antes; construcciones todas levantadas en el vació, puras y perfectas ilusiones? ¿De qué está hecho ese país en el que tengo mis amigos, mis aliados, mis enamorados, muchos de ellos muertos hace siglos o nacidos y criados en geografías remotas, y al que busco ingresar cuando, a mi vez, escribo mis ficciones? ¿Cómo empezó todo este asunto?"

Rodrigo Fresán acostumbra a dar el siguiente ejemplo: "…tengo tal edad y difícilmente ya, aunque todo es posible, me vaya a enrolar en un buque ballenero con un capitán loco, al que le falta una pierna, saliendo a buscar una ballena blanca, pero al mismo tiempo puedo hacerlo. Entonces por qué privarse de eso. Hay mucha gente que está renegando de la lectura y hay otra gente, -es un fenómeno más reciente- que pone un énfasis muy especial en afirmar que, el ‘gran género’ ahora es la no ficción y que hay que leer cosas verdaderas, cosas que suceden. Como si hubiera una mayor autenticidad en narrar la realidad. La misma literatura argentina que siempre fue muy suelta, muy fantástica y muy ‘sin límites’ ,como decía Borges…"

La realidad está sobrevalorada. El tema sería ver cómo la pensamos y la contemplamos.

Lo cierto es que coexisten múltiples universos que, por desapercibidos, sus significados serían inasibles. Y aquí entra a jugar lo que se revela al lector en la frontera de una ficción que es artificio y verdad al mismo tiempo.

La autora aclara que, "… ese no animarse a entrar en el juego de la ficción fue lo que burló Cervantes cuando construyó la patraña del manuscrito de Cide Amete Berengueli, lo que Borges y Bioy Casares hicieron cuando inventaron al doctor Bustos Domecq y lo que hizo Borges toda la vida, jugando en los bordes, quitándole la red de protección al lector y obligándolo, una y otra vez, a aceptar los mundos conjeturales, a habitar en el vacío".

"A veces los cuentos son invisibles, pensará la niña de la nuez. Salen de la boca de las personas y, agarrados del hilo de la voz, se le van metiendo dentro a uno por el oído. Y, poco a poco, van construyendo algo. Después se apaga la voz y se termina el cuento. Quedan algunas cosas: a veces imágenes fuertes, otras veces apenas hebras, o el sonido de alguna palabra que vuelve una y otra vez, que se mezcla con otras, que arde. Como, por ejemplo, 'nuez' ¿nuez?, no es.
Otras veces es evidente que están guardados adentro de un libro, seguirá pensando. Se puede ver que el cuento está porque hay señales: las letras. Y dibujos. También en los dibujos está el cuento. Se apaga la voz, se cierra el libro. Quedan las ganas de volver a abrirlo, de tocarlo, de mirar los dibujos y quedarse detenido, en suspenso, sobre el misterio de las letras".