NOTA DE PRENSA

Nota: Isol: "Pensar una historia como una estrategia según el público es algo más de marketing que yo no hago, ni valoro"
Autor de la nota: Juan Batalla
Medio: Infobae
Fecha: 19/11/2018
Libro: IMPOSIBLE
Autor del libro: Isol
Extracto:

Desde su primer libro, Vida de perros, en 1997, la ilustradora argentina Isol se convirtió en una referente de su arte no solo a nivel nacional, sino también en el mundo.
Sin embargo, siempre multifacética, llevó adelante distintos proyectos. Fue la voz de los grupos musicales Entre Ríos y Sima, y ahora regresa con un trabajo cooperativo basado en su libro Petit, del que se acaba de presentar la segunda temporada para el canal de televisión Pakapaka, que también puede verse por la plataforma cont.ar.
Sus trabajos la llevaron a ganar el Astrid Lindgren Memorial Award (ALMA), en 2013, uno de los galardones más importante de la literatura infanto-juvenil, como también obtuvo dos menciones especiales como finalista en el Premio Hans Christian Andersen en 2006 y 2007, conocido como el "Nobel de la literatura infantil", que selecciona a los cinco mejores ilustradores de libros para niños del mundo.
En diálogo con Infobae Cultura recorre los pormenores de lo que significa trabajar en Petit, su relación con los cómics, su estilo creativo y adelanta los detalles de su próximo libro, Imposible, entre otros temas.

-¿Cuál fue la primera diferencia que encontraste en armar una serie de televisión con respecto a la producción de un libro?

-Que se necesita mucha plata para hacer dibujos animados, mucho más que para un libro. Tenés que convencer a mucha más gente, hay cuestiones de target que tienen que estar más definidas y, por otro lado, hay muchos más saberes involucrados (animadores, guionistas, editores, música, doblaje…), que es algo que hace que el proyecto sea algo más grande y complejo.


–Cuando comenzaste a publicar, por tu estilo, por tus temáticas, encontraste cierta resistencia en el mundo editorial, hasta que desde El Fondo de la Cultura, vieron que había algo diferente a lo conocido. En ese sentido, imagino que en el mundo de la televisión, que es mucho más abierto, llega a más chicos, habrán existido limitaciones.

-Los canales más culturales, los del Estado, e incluso el Fondo, en general se arriesgan un poco más. Por ejemplo, tuvimos tratativas con Disney y otras productoras y nos dimos cuenta de que lo que más nos gustaba de la serie no se podía hacer. Ellos no podían tener ambigüedad, más para el target de preescolar.

–Por cómo es Petit.

-Claro. Es un nene común, que a veces hace cosas que no están bien y eso era el problema. Y nos preguntábamos para qué hacer una serie que va a ser igual a otras miles que ya hay.

–Es más un chico común, que uno ideal.

-Sí. Lo que me gusta del personaje y de la serie es que ayuda a pensar de nuevo las cosas cotidianas, las convenciones en las que vivimos. Y también me parece que está bien que él tenga sus miserias, como cualquier persona, sus dudas, sus miedos, no es modélico ni tampoco Bart Simpson. Es un nene normal, que quiere hacer las cosas bien, pero también compite. Lo que tiene de especial es esa mirada del mundo un poco extrañada y que trata de resolverlo desde una lógica propia.

–¿Cómo fue el trabajo en equipo, ya sin que todo dependa de vos?

-Los animadores se basaron en mi estilo y trabajábamos en lo que ellos me mostraban. Es diferente a mis libros porque hay que darle una secuencia animable a las cosas, entonces hay que llenarlo de más imágenes, no tiene las elipsis que tiene un libro y también necesita más personajes.

–Por eso la estética no es la misma, justamente.

-Me di cuenta cuál era la estética a partir de las correcciones. Hay maneras que me gustan y otras que siento extrañas o duras, pero hay intermedios en los que hay que transar porque la animación tiene sus leyes. Uno puede hacer un dibujito que después cuesta mucho animar, pero también hay algo que está muy bueno, que es que la directora de animación es ilustradora, entonces se permitió cosas que son como licencias en lo que es la animación. Tuvo que explicarles a algunos animadores que había que romper con algunas leyes de lo de que "está bien hecho", que también tiene que ver con lo que yo hago. A mí me gusta eso de no pintar todo y para entender eso fue un trabajo, no tiene que ser perfecto.

–¿Cómo es tu método para crear?

-Mi única idea es que no tiene que ser algo que sea igual a lo que ya está, pero es una regla de bellas artes, de cualquier artista. Lo otro, pensar una historia como una estrategia de acuerdo al público, es algo más de marketing que yo no hago, ni valoro. Creo que tiene que ver con los valores personales de lo que a mí misma me entusiasma ver. El arte siempre tiene que romper con lo que ya está dado, ir por algún margen.

–En algunas oportunidades comentaste que no pensás trabajando en un público, ni en los niños al momento de crear, ¿en quién pensás?

-Pienso que al que le escribo o dibujo se parece a mí. Siempre que hubo algo original es porque hay una pasión personal, que la lográs armar para mostrar y hay muchos otros, por suerte, que quizá tienen algo en común con esa pasión. Uno no está por suerte tan alienado, tan solo.

–Son una apasionada también de los cómics e introducís elementos en tus libros, ¿qué tienen en común?

-Tienen cosas muy parecidas. Es una historia secuenciada, donde texto e imagen se leen juntos, como un story board antes de una filmación. El ritmo que vas a mostrar, dónde vas a hacer foco. Hay miles de opciones para mostrar una imagen. Breccia hacía unas cosas alucinantes, cuadritos tras cuadritos, a veces una repetición o encuadres que parece que estás viendo una película. Los ilustradores del cómic juegan un montón con eso. Elementos bien potentes y bien diferenciados. Creo que lo que en mi queda de lo narrativo del cómic es la línea, que para mí es muy importante. Me gusta que en la línea se transmita todo, no hago sombreaditos o coloreados. Otra gente crea el clima con eso, para mí todo es la mano y cómo está puesto. No tengo muchos más elementos para que los personajes tengan su alma y por eso mis colores en general no son muy fuertes, para que la línea está adelante. Y a veces le pongo una doble línea.

–Claro, además en tu estilo los colores muchas veces parecen fuera de registro, movidos, por lo que la línea tiene que ser potente, ¿cómo llegaste a ese estilo?

-Sí. Todo eso tiene que ver con el grabado, los libros viejos que a veces venían fuera de registro. Eso me encanta, cuando hacía serigrafía descubrí que el error puede hacer que las cosas salgan aún mejor, porque te puede sorprender y entonces lo empiezo a elegir a propósito. Entre paréntesis, también hay artistas que trabajaron con esto de la línea descentrada y siempre me gustaron, como también colecciones de libros de los 70, que trabajaban mucho con dos colores planos. Uno va a aprendiendo de mirar, incluso de la Pantera Rosa, si mirás los fondos son un delirio, fondos de ciudades y árboles que están coloreados con bloques de color descentrados, era muy pop. Ahora ya no hay tantos así y creo que el tema que yo dibuje fuera de línea es algo que le llega mucho a los nenes, para ellos es un flash. Les impacta mucho, porque para entrenar la motricidad fina les piden llegar hasta el borde de la línea y no pasarse y después eso termina siendo la manera correcta de pintar, como si eso fuera "lo real", cuando tampoco tenemos una línea negra en el borde, es una convención y si sacás una foto movida los colores se mueven y lo mismo lo que vemos está dado por el sol y la sombra, tampoco los colores son totalmente uniformes según cómo te de la luz.

–Desde aquella época hasta la actual, donde el libro álbum ya no es una rareza, sino casi una obligación de toda buena biblioteca y más cuando hay chicos en la casa, ¿qué cambió para los ilustradores?

–El status del ilustrador cambió. Por ejemplo, nadie sabe dónde están los originales de Polidoro, los tenían las editoriales y no se los devolvían, y no cobraban derechos de autor. El ilustrador llevaba sus dibujos y se iba. Ahora, se cobra por el trabajo, los derechos. En un libro álbum el ilustrador cobra derechos, en un libro ilustrado a veces te pagan por las ilustraciones y otras, te dan derechos, pero siempre está el nombre del ilustrador en la tapa, mientras que en otras épocas no figuraba. Porque además está ese tema, que cuando se habla del autor se refieren al escritor y yo siempre digo "el escritor y el ilustrador". Hay otra lectura posible a través de lo plástico, nos está diciendo mil cosas. Cuando se habla de un libro sólo desde el texto, el ilustrador puede enojarse y tomarlo como una subvaloración, pero también es una cosa desde la ignorancia. En un libro o un texto ilustrado se toman diferentes opciones, te puede causar miedo o tomártelo en broma según como esté ilustrado. Ese es el gran poder del ilustrador, tu cabeza une una cosa con la otra y ya no se puede disociar. El poder que tiene el ilustrador es enorme. Dibujar cosas que no existen, poder mezclar, crear situaciones que las fotos no pueden hacer, en un sentido, es muy liberador.

–¿Esa liberación se termina convirtiendo en una especie de catarsis?

-A mi me hace vivir mejor, consumir lo que hacen otros y hacerlo yo. Para el ser humano tener un acto creativo, de concentrarse en algo más allá de uno, no viviéndolo con esta cosa de 'quiero hacer algo para que me aplaudan', sino el placer de estar creando algo que tiene un sentido no estrictamente direccionado hacia algo que tiene una utilidad determinada. Experimentar. Si a los nenes lo primero que les gusta hacer es dibujar, cantar, contar historias debe ser algo que el ser humano necesita porque cualquier animalito lo primero que aprende es porque después lo va a necesitar. También a veces hay esta cosa disfrazada de "que participen" que se convierte en algo medio flú, hacés un taller y el nene tiene que dibujar lo que quiera porque eso es la libertad, pero yo creo que cuando proponés un juego y proponés reglas eso te da la libertad de romperlas. A veces se toma la plástica como que es hacer un cualquiera porque eso es ser libre, pero eso también es aburrido porque no tenés un desafío real. Está buenísimo experimentar con los materiales, pero me parece que limitar y proponer te genera una contención. Para mí está bueno mostrar que el planear algo también es interesante, los nenes tienen una cosa de frustración muy rápido, si no lo sale algo lo tiran muy rápido y, a veces no te sale, es así. Además no hay una sola manera de hacer las cosas, es importante la contención en ese sentido. En mi caso, yo uso pocos colores y eso me calma el cerebro porque te abre a un montón de otras cosas. En La Bella Griselda lo hice con tintas plana y tiene cuatro colores nada más y a partir de eso experimenté la mezcla de todos los colores, pude jugar con eso y fue un placer porque descubrí todos los colores que podía crear a partir de la combinación solo de esos cuatro. Me gusta poner un límite, reglas, como un juego, me parece que también ayuda a los proyectos no divagar tanto.

La Bella Griselda instala dos temas "las cosas no tienen que ser como se dice", toma una cuestión metafórica y lo plantea de manera durísima, y al mismo tiempo es precursor en la cuestión del lugar que ocupa la mujer en la sociedad.

-Sí, y a la vez no se instala en ninguno, no es una no-princesa. Creo que en algún lugar tampoco está cerrado. Lo que me aparecía en ese momento este "deber de ser perfecta y que todas te quieran" y me preguntaba qué tipo de poder es ese, para qué sirve, qué se hace con eso. También está el tema de la maternidad, correrse del centro. Fue un proceso interno, después llegaron mis hijos. Me gusta usar esos lugares comunes del lenguaje que no pensamos, un poco como Petit que de pronto se extraña de algo y decís "ah, ¿cómo es esto?, ¿morirse de amor por alguien no es morirse de verdad?, ¿qué es lo bueno de eso?"

–Este año se produjeron avances con respecto a la cuestión de género, con el movimiento feminista, ¿cómo las vivís?

-Es una de las pocas cosas que me hacen tener esperanza de una evolución, después veo involuciones terribles. Lo que veo en los jóvenes es que están muy con el tema del género abierto. Lo veo en mi sobrina, cuando yo decía algo tonto como "que algo es de chicas", me reprende con un "¿qué decís?". Es un lugar muy natural, pero por otro lado tenemos gente haciendo marchas contra la ESI (NdR: Programa Nacional de Educación Sexual Integral), pero siempre pasó que ante un movimiento otros lo rechazan. Me acuerdo que en la segunda marcha del #NiUnaMenos yo ya tenía a mi hija y me pregunta "¿mirá si Frida puede salir a la calle sin que le hagan algo?" Nunca lo había pensando, que eso podía ser posible, que no sintiera ese miedo de ser mujer, otro mundo, algo que no te imaginás. Además, sentir todas esas mujeres juntas me hizo muy bien. Las marchas te ayudan a cargar, a salir, mover, accionar, ser un espectador de la vida en las redes o las noticias te deprime y si no tenés esperanza no hacés nada, si no tenés alegría no pensás que vas a ganar, que te podés juntar.

–En diciembre sale tu próximo libro, Imposible (Fondo de la Cultura Económica), y por primera vez dejás de lado la perspectiva de los niños, ¿cómo fue ese cambio?

–El libro castiga un poco a los padres, pero ellos medio que no aprenden. Siempre estoy del lado del nene, pero acá casi no aparece por lo que fui muy difícil. El nene está omnipresente como "el problema". Y eso me parece interesante porque los hijos escuchan que una se queja y parece que ellos son un problema, entonces ¿cuál es su lugar? Una vez hablamos con una terapeuta por nuestro primer hijo. Nos dijo 'quizá el nene no sabe cuál es su lugar en la familia y quizá ustedes tampoco y eso lo tiene inquieto'. Fue interesante para mi pensar eso, porque si él siente que uno no sabe cómo acomodarse, con quién lo dejo, con los horarios, quizá siente que está de más o no sé, ¿para qué estoy acá? Ellos también están oyendo todo y uno a veces está diciendo bestialidades y tratando de resolver, pero no sé si se puede resolver comparando con otros. Después aparece uno que te dice mi hijo duerme ocho horas y el tuyo no, o no come. Con el tiempo entendí que mucho de eso no tiene que ver con lo que una hace.

–En Imposible la experiencia de tu maternidad se convierte en obra. ¿Cuán importante es tu vida privada para crear?

-Mis libros tienen que ver con mis experiencias, no sé si a un nene le va a gustar este libro, a los que se les mostré hasta ahora sí, en especial el final (no lo vamos a develar aquí). Pero es el libro que yo quería hacer. Dos editores me dijeron que lo veían más para que los padres pensaran, que no sabían si a los nenes les gustaría. Pero poder ver eso que no está en ningún libro, que los grandes te están diciendo cómo debe ser un niño y uno no es ese modelo, es algo que ya está en lo cotidiano, no es que yo estoy mostrando algo que un nene no vio. Antón se reía porque se identificaba, y ha oído las quejas. Es como una revancha un poco, es como un "ustedes no quiere que sea un nene, lo que quieren es imposible". Cuando hice el primer boceto me pareció un poco cruel para las padres, pero con el humor todo cambia. El tema de los deseos lo trabajo en un montón de libros.

–¿Qué deseo pedirías hoy?, ¿tenés un tema o un proyecto que te gustaría hacer?

-No creo en ese tipo de magia. Lo que me estoy dando cuenta es que me gusta mucho hacer cosas con otra gente, disfruté mucho trabajar en los guiones de Petit con otra gente, me encantó colaborar con El hombre que perdió su sombra en la parte de guión con las chicas. No empezar de cero, que otros te traigan algo y uno empezar a pensar que se puede hacer. Yo me conozco mucho, así que este tipo de proyectos es como no tener vestidura, hacer cosas que nunca hice. Poder concentrarme en trabajos grandes con otra gente me gusta. No pienso a largo plazo, me sorprendo más en lo que va a salir y me funciona. No ilusionarme con algo que puede llegar a salir me hace sentir que mi vida está más bajo mi control. Si quiero que algo pase voy a tener que hacerlo. Si deseo algo es yo tener la fuerza para poder hacerlo, sentirme contenida en mis relaciones con las personas que quiero, soy muy laburadora, el hacer es lo que produce que sucedan las cosas, aunque tal vez lo que aparece va por un lado distinto al previsto.

–La realidad supera la imaginación en este caso.

-Muchas veces sí, cuando me plantearon lo de Petit pensé que no daba para una serie, es un librito de 32 páginas con un tema filosófico de fondo. Y ellos creyeron que sí, hicieron un gran trailer, trabajaron en los guiones y después me di cuenta que me gustaba, que me sorprendía. No quiero taponar algo que no sé si puede suceder deseando algo muy específico, estoy abierta a todo.