NOTA DE PRENSA

Nota: El Vaticano busca su sentido en la Modernidad
Autor de la nota: Ana Prieto
Medio: Clarín
Fecha: 26/12/2016
Libro: FRANCISCO Y BENEDICTO
Autor del libro: José Fernández Vega
Extracto:

El doctor en Filosofía e investigador del CONICET José Fernández Vega, autor de libros como Las guerras de la política y Formas dominantes, donde reúne entrevistas a Thierry de Duve y Gianni Vattimo, entre otros, comenzó a interesarse por el rol de la máxima autoridad de la Iglesia católica desde el pontificado de Benedicto XVI, a quien considera un intelectual sobresaliente. “Escribió encíclicas impactantes por su vuelo teórico, que vale la pena leer. Produjo una obra impresionante, mantuvo debates de altísimo nivel con grandes figuras, como el filósofo Jürgen Habermas”, señala. “Sin embargo, su gestión parecía una seguidilla de traspiés. Me atrajo ese contraste. ¿Cómo era posible? ¿Qué se propuso realmente? Esas son las cuestiones que trato de responder en el primer capítulo de mi libro”.
Ese libro se llama Francisco y Benedicto y acaba de ser publicado por FCE. Allí explora los desafíos políticos que hoy atraviesa el Vaticano, su relación con la comunidad universal de fe y los poderes de turno, las razones de la dimisión de Benedicto XVI y del ascenso de alguien como Jorge Bergoglio, y los desafíos de una institución que intenta campear una crisis indisimulable en tiempos en los que, por lo demás, innumerables instituciones occidentales, incluyendo la democracia, atraviesan serios problemas. Y para el autor —ateo confeso—, las vicisitudes del papado pueden brindarnos claves para comprender la crisis de legitimidad global que hoy afecta a las democracias del mundo entero.
–Usted dice que un cambio de Francisco respecto de sus predecesores ha sido tomar asuntos críticos de la agenda contemporánea y hacerlos parte central de su mensaje: calentamiento global, refugiados, pobreza. ¿Su visión se dirige no tanto a renovar la institución como a renovar la fe?
–Para ser justos, los papas anteriores también se refirieron a esos temas. Pero con Francisco adquirieron una nueva dimensión. El hizo un énfasis que corrió parejo con la proyección mediática de su figura, al punto de que se convirtió en una especie de rockstar, al menos en el primer año de su pontificado. Fuera de la patética peregrinación de la farándula argentina al Vaticano, el papa logró convocar a figuras inusuales, como el alcalde de Nueva York o la ensayista canadiense Naomi Klein. En cuanto a la institución, no sé hasta dónde Francisco se plantea una renovación. Posiblemente persigue un cambio de actitud y de imagen antes que una transformación de mayor calado. Pero en un ambiente tan esclerosado, eso mismo ya constituye una alteración considerable que suscita, como sabemos, variadas resistencias. El proyecto de renovar la fe, si existe, se ubica dentro de estos limitados parámetros. Otra cosa es que con todas estas modificaciones se consiga acercar a la gente a los templos, tanto a quienes se alejaron de ellos como a aquellos que no concurrían. Eso aún está por verse.
–La agenda internacional de Francisco, ¿lo vuelve un “papa incómodo”, o su influencia está totalmente alejada del poder real?
–Su poder “real” es casi nulo en términos materiales. Pero a la tradicional influencia de la Iglesia y de su diplomacia, Francisco sumó un poder carismático que sin duda lo vuelve un personaje de gran influencia. Es un caso asombroso. Un gris cardenal de Buenos Aires de pronto se convierte en un líder mundial aclamado por los poderes establecidos, la prensa mundial, los creyentes y muchos no creyentes. Es evidente que sus mensajes no están a tono con el sentido común de la globalización neoliberal, aunque tampoco representan una amenaza seria. Por retóricas que sean sus críticas, ante el desierto discursivo en el que estamos sumidos sus opiniones se hacen sentir y acaso configuren un punto de rearticulación, incluso independientemente de la voluntad de Fancisco. En esto consiste la “incomodidad” que podría producir. El resto es pensamiento único, porque, sorprendentemente, no existe otra voz comparable en radicalidad y alcance.
–Desavenencias del pasado (apoyo al matrimonio igualitario, por ejemplo), ¿son suficientes para explicar la relación tensa entre Francisco y Mauricio Macri?
–En sus conversaciones con el rabino Abraham Skorda, Bergoglio declaró que la única vez que reconvino abiertamente a un político fue a Macri, justamente por no impedir un matrimonio igualitario en la ciudad una vez que la ley ya estaba vigente. Es posible que tuviera una visión distorsionada del tipo de conservadurismo que representa Macri. La anécdota tiene una significación mucho más amplia. Un conservador económico como Macri admite el matrimonio igualitario mientras Bergoglio se muestra como un peronista de la vieja escuela: sensibilidad social y tradicionalismo. Los problemas con Macri no terminan en sus diferencias sobre temas económicos y familiares. Para el papa, Macri representa la subjetividad neoliberal y la espiritualidad new age. Consumismo y fe prêt-à-porter. En otras palabras, un modelo de superficialidad. Es curioso que un derechista posmoderno como Macri sea un rival para la “religión verdadera” y alguien como Fidel Castro haya estado más próximo a la Iglesia, y no solo por las enormes concesiones que le facilitó en la isla, donde es la única institución internacional con libertad de movimiento. Castro, más allá de su educación jesuita, al menos creía en algo superior (la historia, o lo que sea). Este tipo de paradojas fueron las que me impulsaron a escribir el libro desde un ángulo político, porque no soy creyente. Y me parece que la filosofía y la teoría política le dedicaron muy poca atención al papado. Creo que su evolución reciente contribuye a entender los problemas de legitimidad que afectan a las democracias. La monarquía vaticana nos aclara algo sobre la deriva oligárquica de los sistemas representativos y sobre la condición posmoderna. ¿No es sorprendente?